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Enviado por en diciembre 2, 2012 – 13:12 pm

Pese a todos los graves reproches que se le puedan hacer a Heidegger, más aún desde la perspectiva de la distancia histórica, se podrá conceder, en el sentido de una interpretación obviamente muy benévola, que era el más comprometido, el que estaba más inmediatamente captado por la hora decisiva que se estaba atravesando.

 Gadamer tenía más instinto político; Heidegger, en cambio, más coraje. Heidegger tomaba en serio a los nazis, Gadamer no. Para Heidegger la revolución nacionalsocialista traía consigo una completa “transformación de nuestra existencia”, era una respuesta posible al “olvido del ser”, mientras que Gadamer, como la mayoría de los liberales, contaba con que, en pocos meses, la revolución habría quedado atrás.

Heidegger, por tanto, valoraba más de lo debido a los nazis (y, según parámetros puramente “históricos”, no sin razón); Gadamer, en cambio, los subestimaba. Como es obvio, la posición académica de ambos no era comparable. Como estrella de la filosofía alemana, Heidegger se sentía, para decirlo con una frase muy citada de Jaspers, elegido para “conducir al Führer” (“den Führer zu führer”).

Por fortuna para su filosofía, el Führer le hizo el favor de no tomarlo el serio. Además, las humillaciones que le impusiera la meticulosa burocracia nazi constituyeron un motivo más para su renuncia al rectorado, presentada en razón de principios en abril de 1934, en un estadio todavía temprano, pues, del dominio nazi. En cambio, Gadamer no era más que un futuro docente privado, carente de independencia, que tenía que comportarse, todavía, de acuerdo a la “ley de conservación de sí mismo”. (H-GG, Grondin, p. 230)

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