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TESTIMONIO de Juan Alberto Castellanos Villamar, un sobreviviente de la guerrilla de Masseti

Enviado por en diciembre 16, 2012 – 0:02 am

Juan Alberto Castellanos Villamar (foto): “A mí me entrenó Ulises Estrada con la leyenda de que era un estudiante peruano. Mi nuevo nombre, Raúl Moisés Dávila. La noche antes de mi partida dormí en su casa, aquí en Nuevo Vedado, cerca de la mía. Por la madrugada me despedí de la familia. A mi mujer le dije que iba a estudiar en la URSS, un curso de armas secretas. Estuve una semana en Praga, otra en Roma y luego seguí el itinerario Lisboa-Dakar-Río de Janeiro-Sau Paulo. Más tarde continué rumbo a diferentes ciudades hasta que llegué a Cochabamba, en Bolivia. Allí recibí un contacto que me dio una dirección en La Paz, a donde debía dirigirme. El avión en que iba formó un traqueteo, había una neblina espantosa y tuvimos que regresar. Cuando volvimos a intentarlo solo se subió la mitad de los pasajeros, los demás se acobardaron.

En La Paz me encontré con Furry y Papi, fuimos los tres a Tarija, donde nos reunimos con Masetti, esto fue a fines de septiembre. Entré como aspirante a combatiente con un fusil M- 2, porque así me envió el Che. Tenía que ganarme otra vez los grados en el combate. Comenzamos una larga exploración. Caminé más que en la Sierra Maestra. Aquello era de anjá. Por el día un calor que te quemaba y por la noche un frío que te congelaba. En diciembre llegamos a la zona de San Ramón de la Nueva Orán, en la provincia de Salta.

Mi salud se fastidió. La garganta se me enfermó, y la fiebre era constante. Por eso decidieron enviarme a Córdoba. Allí me operó el doctor Chapira. Siempre he sido curioso, y esto me salvó la vida. Observaba todo a mí alrededor, grababa los nombres de las calles, los restaurantes. Con Papi regresé a la selva. Estaba gordo y pasé la de Caín para adaptarme. Dos veces me desmayé. Masetti, ante mi flojera me dejó haciendo cuevas para esconder los pertrechos, mientras los demás exploraban. Conmigo se hallaban Federico Frontini y Oscar del Hoyo, ambos muy enfermos.

Masetti me indicó que el 2 de marzo arribaría un grupo, que debía dividir en dos y enviarlos a su encuentro en los dos días siguientes. Hice lo que me ordenó, pero el 4, cuando en compañía de Henry Lerner iba hacia el sitio hasta donde llegaba la camioneta que empleábamos en diversas gestiones fuimos sorprendidos y detenidos por los gendarmes. Habíamos sido delatados por dos policías infiltrados en el grupo incorporado el día 2. (Por José Antonio Quintana para INVASOR, de Ciego de Avila)

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