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Revoluciones anti-republicanas y transiciones continuistas (Por Cuba & España)

Enviado por en diciembre 14, 2012 – 7:02 am

Emilio Ichikawa

En unas de las sesiones de la abarcadora entrevista que realizara el periodista Ignacio Ramonet a Fidel Castro, justo tras el momento en que este precisa (modera) la influencia que los Jesuitas pudieron tener en su concepción del mundo, Castro afirma que aún cuando a su arribo a la Universidad de La Habana fuera todavía un “analfabeto político” sí tenía una pretensión muy clara (“clarísima”): la conquista revolucionaria del poder.

Desde el comienzo Ramonet ha estado muy bien posicionado en la charla, porque lo que trata de precisar es si en Birán, La Salle, Dolores o Belén puede localizar un indicio, una frase, un ademán con el cual marcar el origen de una manifestación de la “voluntad de poder” en Fidel Castro. Porque esa “ambición” es indispensable para entender procesos históricos como la revolución cubana; y de paso algunos fracasos o vacíos políticos posteriores, como es la ausencia de una contrafigura a Castro que haya sentido, o sienta, su misma “vocación” por cosechar éxitos en los “límites” de la profesión política.

Fidel Castro le dice a Ignacio Ramonet en el pasaje referido (VIDEO en YouTube: 10:10):

“Cuando yo llego allí, llego analfabeto político a la Universidad; a la Universidad donde empiezo mi aprendizaje político. Pero que me conducía, a partir de mis concepciones, a la toma revolucionaria del poder. Clarísimas las ideas.”… “Porque había mucha gente que estaba contra el robo, la malversación, el desempleo, la explotación, pero creían que eso se debía a los malos políticos. No podían identificar el sistema que ocasionaba todo eso. Yo tenía la convicción de que si traían del cielo un arcángel, el más experto, y lo ponían a gobernar la Republica de Cuba, y traía la honradez administrativa, entonces se podían (construir) un poco más de escuelas, no se robaban el dinero de la salud pública, pero el desempleo, la pobreza, la falta de tierra, todas las calamidades aquellas el arcángel no podía resolverlas… todo lo más es que hubiera honradez, pero la honradez no servía (…), el sistema había que cambiarlo”.

Se trata de una etapa en la biografía de Castro que puede situarse en 1945-1947. Según su propio relato, hasta aquí queda despejado que es un revolucionario con clara vocación y “convicción” de poder; poder no solo para “gobernar”, sino para “fundar”. Ya “siente” que el problema rebasa al “gobierno”: se trata del “sistema”. No hay aún una filosofía o doctrina (aunque él habla a Ramonet de “concepciones”) que sustenten sus “intuiciones” y “cálculos”. Tampoco se le ve interesado en establecer amistades intelectuales que le sirvan, ya cocinada, la banda teórico-ideológica de su ambición revolucionaria. No le impresionan pensadores, escritores y profesores del entorno; incluso los anticastristas más inflexibles aseguran que desde entonces le bastaba con José Martí y su propia intuición. 

Pero tampoco puede perderse de vista, a nivel abstracto, que la revolución, la idea del cambio radical, acopla con filosofías, religiones o simplemente doctrinas “apocalípticas” y mesiánicas, elogiosas de la transformación radical; como es el caso del marxismo. Los puentes comunicantes de la revolución al marxismo estaban tendidos antes de que Castro los transitara. Y cuando en Cuba se dice “revolución”, se invoca otro ingrediente esencial: la “lucha” o “guerras” por la independencia nacional (el “separatismo”).  

Puestos en dudas o descartados algunos posicionamientos más gradualistas como las elecciones, los pronunciamientos militares (además de las discrepancias tácticas, post-festum puede considerarse que entre Castro y Rafael García Bárcena había una diferencia de concepto: este no era un “revolucionario” ) o los pactos hacia el poder, desde el ideario de Castro se abre paso la idea de que una revolución en Cuba podía ser pospuesta, demorada, pero era inevitable. Las revoluciones atemperadas o frustradas por acuerdos políticos, así como las transiciones pacíficas desde las dictaduras a las “democracias”, acaban a mediano o largo plazo atrapadas en los nudos que ciertamente aflojaron, pero no zafaron, desataron o cortaron.

Pero este pre-juicio no habita solo en el pensamiento del joven Fidel Castro de mediados de la década del ’40 del pasado Siglo XX; se puede rastrear también en las tesis del profesor Vicenç Navarro López, que enseña en la Universidad Pompeu Fabra y Johns Hopkins University. Para el Prof. Navarro López la actual situación española tiene sus raíces en el tipo de transición pactada que se realizó en la España (post) franquista. Un cambio social en cierto modo aparente ya que dejó en pie la estructura socio-clasista (el profesor hace una abierta apuesta por la vigencia del concepto de “clase”) e incluso los estamentos fundamentales del poder. El profesor Navarro López no es el único que defiende lo anterior, pero esta video-conferencia suya, concreta y documentada, es un buen material para explorar esa zona del espectro ideológico actual.

-FOTO: El Mundo

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