Cuba

Noticias, notas y artículos sobre Cuba

Colaboraciones

Artículos y ensayos de colaboradores

Correo

Opiniones y cartas del lector

US-Mundo

Noticias y notas sobre Miami, US y el mundo

ei

Artículos y ensayos de Emilio Ichikawa

Inicio » ei

Plattero y yo

Enviado por en diciembre 28, 2012 – 6:29 am

Emilio Ichikawa

“Plattismo” y “plattista” son términos frecuentes en el estribillo moral de la política cubana. Se concentran con energía ofensiva en la reserva del nacionalismo; pero también habitan vergonzosamente, a la defensiva, en la retórica de los cubanos cosmopolitas.

El uso “plattista” degrada desde Orville H. Platt, Senador por Connecticut (Partido Republicano), quien le ensilló un grupo de condiciones al “U.S. Army appropriations bill of March 1901” para el desenvolvimiento y retirada de las tropas norteamericanas en Cuba. Lo que conocemos como (la) Enmienda (de) Platt es, además de un texto, un largo proceso donde se cruzan los intereses imperialistas representados en el gobierno norteamericano, el nacionalismo y el altruismo personal de Mr. Platt y el patriotismo de los políticos cubanos de la emergente República. Un patriotismo que se bifurca, pero que se mantiene como tal patriotismo en sus dos afluentes (16-11):

1-El patriotismo de los cubanos entusiastas o aquiescentes con la Enmienda de Platt.

2-El patriotismo de los cubanos objetores (en distintos grados) de la Enmienda de Patt.  

Confieso que estuve tentado a poner comillas al momento de adjudicar la condición de altruista a Mr. Platt y de patriotas a los cubanos que asintieron sobre la referida Enmienda, pero al final renuncié porque para entender lo que fue y es “el plattismo” es importante, y sobre todo útil, despejar cualquier duda acerca de que los “plattistas” pudieran ser enemigos de la nación cubana. Lo que separa a los “plattistas” de los nacionalistas duros (territorialistas y soberanistas) son otras cosas, no el amor por Cuba. A veces detalles; aunque detalles capaces de fundar una enemistad personal y luego, desde ahí, distancias mayores.

La Enmienda de Platt codificaba atribuciones injerencistas de EEUU sobre el territorio de Cuba, pero también contraía compromisos en el ámbito de lo político, lo militar, lo sanitario y el orden social en la isla. Claro que lo de dar estatus de Apéndice Constitucional a la Enmienda era un exceso; pero ello afectaba más al prestigio formal del legislativo cubano que a la pérdida de soberanía real, que podía amarrase por otros lados. Mucho menos implicó el rebajamiento documental del nacional cubano, que es muy bien considerado en la Constitución de 1901.

La Constitución de 1901 es bastante carera al momento de establecer los términos de lo que llama “condición de cubano”. Por ejemplo, dice en el Artículo 7 del Título II:

Artículo 7 La condición de cubano se pierde:

• Por adquirir ciudadanía extranjera.

• Por admitir empleo u honores de otro Gobierno sin licencia del Senado.

• Por entrar al servicio de las armas de una Nación extranjera sin la misma licencia (…)”

Mientras en las “Disposiciones transitorias” finales obliga:

Segunda. Los nacidos en Cuba o los hijos de naturales de Cuba que, al tiempo de promulgarse esta Constitución, fueren ciudadanos de algún Estado extranjero, no podrán gozar de la nacionalidad cubana sin renunciar, previa y expresamente, la que tuvieren.”

Para la Constitución de 1901 ser cubano era algo muy importante. Como un privilegio exclusivo y excluyente.

De cualquier modo, debe quedar claro que independientemente de las intenciones, e incluso más, presuponiendo que las intenciones son realmente buenas, lo que se llama “plattismo” es una práctica, un método o una técnica que, partiendo de la premisa de que la política de Cuba está conectada a la de los EEUU, considera que es posible conseguir ciertas ventajas cabildeando intereses con el poder legislativo e incluso con el poder ejecutivo norteamericano.

Antes de que alguien diga, con razón, que “entonces plattistas somos todos”, aclaro que el merecimiento o no del calificativo depende de cuestiones de grado. Es decir, el “plattista” cubano estructura su gesto político en el tráfico de influencias con los inquilinos de los “Palaces of the Power”, mientras que el nacionalista radical, soberanista, fundamenta su posición en la manifestación (y a veces alarde) de una sospecha e independencia respecto a esas mismas instancias que los primeros pretenden.

El más reciente ejemplo. Mientras el “plattista”, sabiente y sintiente de su amor por Cuba, muestra entusiasmo por la nominación del Senador John Kerry a la Secretaría de Estado y de la posible nominación del ex Senador Chuck Hagel a la Secretaría de Defensa, el nacionalista duro piensa que lo consecuentemente patriótico, independentista y obviamente “fidelista” es prohibirse la celebración aunque pueda ser cortés y ocasionalmente echarle un piropo a ambos. Como estrictamente ha hecho Fidel Castro con Barack Obama. Un nacionalista radical cubano tiene que considerar que el diferendo con EEUU es histórico (no depende de que suelten a los pescadores, devuelvan a Elián o regresen a Los 5) porque histórica es su pretensión de apoderarse de Cuba. Celebrar la nominación al frente del Pentágono o del Departamento de Estado a un político del stablishment que presuntamente será bueno con Cuba es de nacionalistas aficionados. De “plattistas”. La fórmula probada es no ceder; jugar al seguro con el axioma de que Kerry y Hagel serían, en lo esencial, continuadores de la política imperial. Como ha declarado el MINREX, el gobierno de Cuba tiene la certeza de que “… el actual Gobierno de los Estados Unidos no tiene la voluntad real de dejar atrás las peores políticas y prácticas de la Guerra Fría”. Así funciona.

-FOTO: Kerry (izq.) & Hagel (der.): liberaland, by Alan Colmes

Share