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Pawley: otra enigmática conexión cubana

Enviado por en diciembre 3, 2012 – 12:07 pm

Gustavo Silva

Luego de investigar por casi una década la «vida extraordinaria» del aventurero, empresario y diplomático americano William Douglas Pawley (1896–1977), Anthony Carroza, egresado en Matemáticas (1969) de la Universidad Atlántica de la Florida y residente en Elmira (Nueva York), sacó este año su estudio biográfico (Washington: Potomac Books, 2012, 432 páginas), cuya revelación acaso más significativa entre cubanos estriba en que Pawley tuvo conocimiento de un «joven anticastrista que grabó a Lee Harvey Oswald durante una entrevista en Nueva Orleáns para servir de hit man a un grupo anticomunista» (página 244). Esta grabación nunca llegó a la Comisión Warren, pero la mera referencia de Carroza reanima el problema planteado por Clare Boothe Luce (1903-87) ante el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos (HSCA, por sus siglas en inglés).

Según Luce, un tal Julio Fernández, joven patrón de una lancha para incursiones armadas contra Castro, patrocinadas por ella y Pawley, le confió la misma noche del asesinato de JFK que «tenía grabaciones de Oswald en Nueva Orleáns», las cuales acreditaban su disposición a balear a cualquiera, «incluso al Secretario de la Marina» (HSCA Hearings, Vol. 10, página 84). Luce alegó que Fernández había grabado a Oswald tras penetrar en su célula comunista, pero como ninguna investigación dio jamás con semejante célula, la referencia de Carroza se torna plausible al constar que, a principios de agosto de 1963, Oswald contactó en Nueva Orleans a Carlos Bringuier, líder del grupo anticomunista Directorio Revolucionario Estudiantil (DRE).

Los testigos de este contacto en la tienda de Bringuier (Casa Roca, 107 Decatur Street, Nueva Orleáns), Philip Geraci y Vance Blalock, dijeron a la Comisión Warren haber seguido después a Oswald (Warren Commission, Hearings, página 78). Luce puntualizaría a la periodista Betty Beale que a la postre se descubrió que Oswald militaba en la célula comunista Fair Play for Cuba Committee (“Clare Boothe Luce Weaves a Fascinating Tale,” Washington Star, 16 de noviembre de 1975, página 8), pero es sabido que Oswald era el único militante y para colmo uno de los volantes que repartía tenía —de su puño y letra— la dirección 544 Camp Street, donde radicaba la oficina del ex agente del FBI y de la Inteligencia Naval William Guy Banister (1901 – 64), vinculado al DRE y otros grupos anticastristas.

Fernández habría aseverado a Luce que Oswald fue contratado por a Cuban Communist assassination team working somewhere – in Dallas, New Orleans, or wherever. En su relato a la periodista Bale, Luce agregó la paradoja de que, antes de trabajar para Castro, Oswald tried to report the Communist plans to the FBI.

Para dar claridad a este cambio de casaca y otras muchas cosas, Pawley aparecía entre los primeros de la lista de testigos a entrevistar por el investigador del HSCA Gaeton Fonzi (The Last Investigation, Nueva York: Thunder’s Mouth Press, 1993, página 57), pero contrajo culebrilla (herpes zóster) y en su lecho de enfermo en su mansión de Miami Beach terminó por darse un tiro mortal en el pecho (enero 7, 1977).

Carroza aborda también la enigmática Operación Cruz Roja, pero sin revelar nada significativo más allá del planteo de John Roselli, repicado por el periodista Jack Anderson (San Francisco Chronicle, 3 de marzo de 1967, página 41s), de que exiliados cubanos infiltrados por Baracoa con intención de liquidar a Castro fueron exfiltrados para desplegarse en Dallas (Tejas), matar a JFK y embarcar a Oswald como chivo expiatorio.

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