No se puede vivir de ser polémico
En los últimos tiempos la revista Espacio Laical había abandonado un poco su originaria tarea fundadora y se había acomodado a llamar la atención siendo polémica y reactiva; es decir, dejando caer “declaraciones” y “editoriales” a medio terreno entre la posición del gobierno y la oposición; defendiendo a unos, ripostando a otros. Alternativamente.
Si a esto agregamos que más que un “espacio laical” era “percibida” como la voz del Cardenal Ortega a través de las talentosas firmas de su Consejo de Redacción, puede comprenderse el glamour que tuvo esa revista en el espectro de publicaciones sobre el tema cubano en los dos últimos años.
Pero no se puede vivir todo el tiempo de ser polémico. En primer lugar porque los poderes constituidos frente al que el pensamiento contestatario se erige no están ellos mismos en constante afirmación. Y resulta que el gobierno cubano se ha relajado y la oposición también. La propia revista Espacio Laical ya no está ligada directamente al Arzobispado de La Habana sino que tiene como mediador al Centro Cultural Félix Varela.
Pero hay publicaciones en peor estado que Espacio Laical: aquellas que se crearon con el fin de contestarle u otras que reorientaron su línea editorial para cuestionarle.

