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Fusilamiento

Enviado por en diciembre 23, 2012 – 18:59 pm

Armando de Armas

camina esposado entre dos guardias e intenta, mientras avanza, encontrar a toda costa una mácula en las paredes, la mancha de sangre de un mosquito aplastado de un manotazo certero y fulminante propinado por un exponente del pueblo uniformado, la cagada de una mosca o aunque sólo fuese un desnivel en el repello de la pared que proyectara una sombra, algo de qué agarrarse, qué llevarse en este su último viaje, que sabe terminará al final del pasillo, cierto que el pasillo era largo pues el final aun no se vislumbraba, y se dijo si la vida a fin de cuentas no sería más que un largo pasillo que sólo podías atrapar, es decir, ser consciente de su transcurrir, en las desgarraduras de la piel contra las protuberancias del concreto, en el debatirse entre las acechanzas de las telarañas, el salitre y la humedad que penetra y roe hasta los huesos, y entendió de golpe que este último pedazo de su tiempo no lo estaba viviendo, lo desperdiciaba como si tuviese la eternidad por delante, ¿eternidad?, nada es eterno, ¿no será al revés?, todo es eterno, sólo que se transforma, habita otras dimensiones, y vuelve, de lo contrario, por qué entonces esa terca tendencia del Hombre a desaprovechar el tiempo, ¿no hay en eso un convencimiento subconsciente de que se es eterno?, sintió irresistibles deseos, sin ser masoquista, de que los guardias, fornidos guardias, lo golpeasen ferozmente, que le dieran de cabezazos contra la pared, pero ellos, nada, tan corteses y tan marciales y tan hombres nuevos que le daba una rabia, quizás la rabia fuese un poco vivir, que tal vez lo matase antes de llegar frente al pelotón de fusilamiento, y a la rabia siguió la voz como venida de la supraconciencia; ¡Lázaro, levántate y anda!; por caminos de charcos y cagajones de caballo, preferible a la aséptica blancura de este pasillo y esa luz que se siente deslizar fría y pegajosa por la espalda, espalda terrosa, que será tierra, tierra o sangre, patria o muerte, socialismo o muerte, muerte o muerte de un tiempo que ya no es tuyo, que nunca fue tuyo, que te prestaron un día que no pediste en un país y bajo un sistema que tampoco pediste, y quisiste al país, no al sistema, porque fue el que te tocó en suerte, o mala suerte, y basta; hemos dicho basta y echado a andar; ¿hacia dónde?; ya los americanos no nos pueden parar; ¿parar qué?; y el problema no es saber que dejarás de existir, el problema es saber que nada existe, que sólo existen la falta de una grieta en la pared, esa insoportable luz, luz de tinieblas, hacia las tinieblas, la impolutez de hiriente blancura, la blancura la locura de los curas que te curan, y tus pisadas, y las pisadas de los guardias, retumbando, multiplicándose, huyendo hacia una zona Otra, temerosas de que un día regreses a ponértelas bajo los pies llagados, a domesticarlas nuevamente y a hacerlas testigos de tu próxima existencia, porque sencillamente no puede ser que no seamos eternos, sólo eso explica la facilidad con que nos despachan hacia la región Otra, ¡PUM!, ¡PUM!, ¡PUM!, y San-Se-Acabó, como en un juego, macabro juego en manos de niños, cómo entonces el poder de un hombre iba a bastar para si vida o si muerte; César en el Circo Romano, la cabeza del gladiador pendiente de que César ponga el pulgar hacia arriba o hacia abajo, pulgar de uña impecablemente arreglada y anillo de oro refulgente a la luz de las antorchas, además de una cicatriz recuerdo de viejas batallas con los bárbaros germanos; esos mismos bárbaros que después se creyeron, e hicieron creer, que todo el resto del mundo era precisamente bárbaro y que ellos eran los llamados por Dios a meterlo en cintura; cintura que el César adornaba ahora con un antiestético cinturón de grasa, ¡malditos años!, hoy en la mañana para lograr excitación con una de sus amantes tuvo que penetrarle su dedo pulgar en el complaciente culo, el mismo pulgar refulgente en oro que el gladiador mira con ojos implorantes y vacunos, sin sospechar siquiera que su vida o su muerte tienen un ligero, y excitante, tufillo a mierda; con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo serás tornado; en la boca un regusto a polvo mojado, regusto vaporoso como el que sale del suelo con las primeras gotas de lluvia después de larga sequía, estaba como en un desierto pero sin tormentas de arena para agarrarse, se deslizaba inexorablemente por una pendiente límpida e imperceptible, pasillo en los últimos tiempos recorrido por incontables sacrificados, ¿qué número haría él?, pasillo que debía tener sus señales del Horror, presagios de lo que ha estado esperando al final durante todos estos años, pero no, no te da siquiera ese gusto, esa complacencia en lo teatral, y ofrece sólo esa blanquedad, sepulcros blanqueados, de una pureza que hace temblar, ahora, que no tenía miedo, que no quería que los guardias creyeran que tenía miedo, y dejarse conducir cortésmente como una dama escoltada por aquellos jóvenes de mentes puras como las blancas paredes del pasillo, típicos exponentes de esta sociedad que él con su mente poblada de dobleces, con traiciones y retorcimientos había tratado de cambiar; bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; porque siempre es más fácil seguir el Camino, que el otro, el camino de senderos que se bifurcan es para los tarados, los defensores de un orden que no tiene que ver con nuestras realidades, y nuestras realidades son toda la lucha anterior, todo el pensamiento anterior, las inmolaciones, las muertes y las entregas, pero, sobre todo, un pensamiento precursor cuya consecuencia lógica, inevitable, era desembocar como infinidad de afluentes en el Cauce Mayor del Socialismo, lo otro, aberraciones, mentes soñadoras, o soñolientas; ¡reformas, ni soñarlo, reformas de qué!; automarginados de un mundo esplendoroso de sacrificios y proezas, escamoteadores de la verdad absoluta, traficantes de disturbios y malquerencias y emponzoñamientos y odios y mezquindades; ¡unidad!, nuestro Pacto de Varsovia y nuestra OTAN es la Unidad; monolítica, sin grietas, ni fallas, ni desniveles, ni matices, blanco blanco blanco, como el pasillo por donde lo conducen los guardias, que al final siempre es rojo rojo rojo, de un rojo negruzco-coaguloso y tú, ¿no te da pena?, tú, tan debilucho, tan poca cosa entre esas dos masas de músculos duros y frente erguida y sonrisa feliz, de una felicidad fisiológica que le ronca el merequetén, ¿no te da pena que muy bien pudieras ser uno de ellos en vez de ser lo que eres?, lagartija protestona y bravucona; y él, niño, cazando lagartijas con un lacito de hierbas, propio para presentar en un concurso de innovadores y racionalizadores como solución al problema de la importación de orcas del área de moneda libremente convertible en épocas de Período Especial en Tiempos de Paz; este tribunal en juicio sumarísimo la condena a muerte por ahorcamiento acusada del delito de ser y proclamarse lagartija, o más fácil, siempre teniendo en cuenta el ahorro, en este caso el ahorro de hierbas para las vacas dadoras de leche a nuestra feliz infancia, este tribunal la condena a morir en garrote vil, que puede ser una vara común y corriente abandonada en el camino; las vísceras del animalito regadas por la hierba y las salpicaduras de sangre en las manos y lávate las manos corriendo como Poncio Pilatos el quinto procurador de Judea que allí donde mancha la sangre de una lagartija te salen ojos de pescado; pecado mortal; ¡corre Anastasia, que llegó el pescado de la cuota a la casilla!; aunque con eso no lo resuelves todo porque lavándote las manos eliminas los posibles ojos de pescado, pero sucede que no podrás dormir porque en la noche te asediarán miles y miles de lagartijas despedazadas y mejor tirársela al gato descarado que no sale a cazar ratones por aquello del equilibrio ecológico y no sé qué cuento; el ratoncito Pérez se metió en la olla por la golosina de la cebolla; cuando en una olla hay un garbanzo podrido tenemos que eliminarlo pronto porque nos contamina la olla completa; y es mejor una olla sana que una remendada; tú eres un garbanzo podrido y estos otros garbanzos uniformados, los sanos, llenos de entereza y valentía y honradez, ajenos a la contaminación ambiental, te llevan a purificar; un gallo negro, cuatro pesos para hacerte una flecha, y tú verás que se te abren los caminos, sucede que es mucho el maleficio que te han tirado detrás, espíritus de chinos viejos, chinos descalzos, y entonces fue el aletear del gallo sobre su cabeza y la sangre amelcochándole el encrespado pelo y corriéndole sinuosa por el cuello y la espalda; dígame, usted, si al ratoncito Pérez que nada más hacía dormir y callar le pasó lo que ya sabemos, qué no le pasará a Amadís, subvertidor del orden, matador de la esperanza, influido, e influidor, de corrientes ideológicas extranjerizantes; GRAN PARADOJA; antes el comunismo era percibido como algo ajeno a nuestra idiosincrasia, algo propio de la Rusia, de la Europa del Este, de la China y demás extraños y remotos lugarejos, pero ahora resulta que es percibido o se hace percibir como el estado natural nuestro, el punto en que debía desembocar nuestra historia, la realización de los ideales de Céspedes, Agramonte, Martí, Gómez y Maceo, por lo tanto cualquier intento de oposición al comunismo es, precisamente, lo extranjerizante, lo importado, la antítesis de lo autóctono, un intento deliberado por desmembrar la nación; TE LO PROMETIÓ MARTÍ Y FIDEL TE LO CUMPLIÓ; salieron a un polvoriento patio y a la incandescente bola del sol que la tierra paría allá por el horizonte, quiso respirar aire puro de la mañana y sólo logró incorporar un grueso olor de orines cortados en polvo a las sombras del amanecer, y pensó en la posibilidad de morir siquiera bajo un aguacero, en el agradable contraste entre el plomo quemándole, horadándole las entrañas y el agua corriéndole serpentosa por el rostro, entrándole por la comisura de los labios resecos, ávidos del regalo celestial…

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