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Escritores cubanos en Miami: Las guerras prestadas

Enviado por en diciembre 9, 2012 – 16:01 pm

Emilio Ichikawa

Hay una característica de las últimas generaciones de cubanos que hemos llegado a Miami que no se ha hecho notar suficientemente y que sin embargo influye más de lo que se cree en la dinámica de ciertos grupos sociales; especialmente entre artistas y escritores: la falta de experiencia bélica. A diferencia de poetas exiliados-emigrados croatas, colombianos, servios, mexicanos… un poeta cubano suele carecer de la memoria de un bombazo o un tiro al menos a un metro de distancia. Ni siquiera ha escuchado por el parlante de una biblioteca (como en la de UAM-Iztapalapa una tarde de ‘90) el pedido de desalojo por amenaza de explosivo.

No se trata, por supuesto, de no haber participado en las guerras por la independencia de Cuba; eso es cuestión de tiempo. Tampoco en una guerra civil, ni siquiera en el gansterismo universitario y la mafia hotelo-casinera, que son actividades violentas de algo riesgo físico que, por eso mismo, dejan por otra parte cierta prudencia, respeto y hasta un saludable temor al adversario. Para apelar a un caso manido: Rolando Masferrer, revolucionario y matón, renunció al alarde y negó explícitamente en una entrevista que hubiera tenido un altercado físico con Fidel Castro, y que solo se limitó a aclararle que había ciertos perímetros en la Colina Universitaria que él consideraba bajo su dominio. Hasta ahí.  

Ayer mismo una presentadora de la TV CUBANA, comentando unas escaramuzas verdeolivo en Mar Verde, dijo que era necesario destacar el heroísmo del año 1957. Una observación realmente muy sagaz por parte de quien se haya percatado (quizás el propio Fidel Castro); porque en la épica castrista 1953 tiene el Moncada, 1954 y 1955 la prisión y el exilio, 1956 el Granma y 1958 el camino a la victoria. En cambio 1957, que es el neto año de la guerra, prácticamente se identifica con nada. Señalo esto porque la “lucha” (no la “guerra”) en la Sierra Maestra es la máxima etapa bélica del siglo XX cubano; pero ella es también ajena como vivencia a la mayoría de los últimos exiliados y emigrados; como los sucesos de Girón-Bahía de Cochinos y los eventos del Escambray. Queda considerar las “acciones combativas” en Angola, Etiopía, Nicaragua y otros países; pero lo dejamos para otro momento. Como sea, específicamente los artistas e intelectuales llegados al exilio-emigración en las recientes oleadas tampoco sobresalieron en estas “misiones internacionalistas”; de modo que considero “factible” mantener que las últimas generaciones de cubanos carecen, en general, de experiencia bélica. Ese desconocimiento de la “guerra real” es posible que sea uno de los grandes responsables de la “guerra verbal” y “gestual” que anima a parte de los escritores y artistas.

Como he recordado otras veces, hay un carteo entre Marx y Engels en época de juventud en el que, cuando este le cuenta desde Inglaterra lo opresiva que es la existencia de la clase obrera, aquel le dice con agudeza revolucionaria pero con cierta insensibilidad: “Hay que agregar a esa opresión, la conciencia de la opresión”. Es decir: darles “cranque”, cohetearlos, mentalizarlos, “chacalearlos”.  Marx se entusiasmaba con las reyertas revolucionarias y hasta con la refriega entre revolucionarios. Aún en sus obras más “académicas” Marx no se guardó agresivas ofensas contra Bruno Bauer, David Strauss, Pierre J. Proudhon… Y aunque lo dijo con más elegancia, le pareció que los comuneros de París, los valientes rebeldes de aquella Francia, no habían tenido los “cojones” suficientes como para ir sobre el Banco y todo Versailles. Estos datos sobre la agresividad retórica del fundador del marxismo son importantes porque Marx tenía una afección cardiaca que le eximió del servicio militar; tampoco fue un revolucionario de barricada y se le documenta un solo duelo en la Universidad de Bonn, de modo que el eminente pensador no tenía una experiencia de la muerte, ni de la posibilidad de la muerte.

En analogía, no es difícil comprobar que los intelectuales cubanos exiliados-emigrados que en los últimos tiempos han insistido en Miami (y otras plazas) que se les quiere llevar a un “paredón moral” para que les sea “asesinado el carácter” cumplen el mismo patrón: Ellos no han tenido experiencia bélica y, en sentido estricto, sus vidas no han corrido ni corren ningún tipo de peligro. Sin embargo, cuando por otra parte usted conoce algún expreso político cubano en New Jersey o en el propio Miami, de esos que estuvieron “alzados”, lo que menos hace es hablar de lo que le llevó a las rejas o a metros del “paredón real”: junto a un trato cordial muestran un gran apego al disfrute de la vida.

Estos apuntes hoy domingo tienen una doble motivación: Anoche una amiga me contaba el despelote que dos poetas de Miami habían formado en una “descarguita” en casa de otro escritor villareño exiliado-emigrado en la Pequeña Habana. La razón: se reprochaban el escamoteo de unos libros y la no participación muy decidida a favor de alguna causa en un evento académico. Por otra parte, estaba leyendo que a pesar de todas las distancias que Gadamer guardó del entusiasmo nazi que conquistó a varios eminentes profesores en la Alemania de mediados los años ’30, no pudo sustraerse a la celebración de la creación de campamentos para la “educación solidaria”. El propio Gadamer los consideraba capaces de generar una disciplina cooperativa equiparable a la que se logra en la vida militar… en la que él no podía brillar entre otras cosas por haber quedado afectado por la poliomielitis.

-IMAGEN: freebloggersalliance.org

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