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Enrique Oltuski y la “derecha revolucionaria”

Enviado por en diciembre 17, 2012 – 11:57 am

Dr. Sergio López Rivero

La vida de Enrique Oltuski Ozacki, es uno de esos casos incómodos de relatar en el mundo revolucionario cubano. De biografía incómoda, como he señalado en alguna ocasión acerca de esos personajes difíciles de enmarcar en la estrategia narrativa de ese fenómeno histórico conocido como Revolución cubana. Y no me refiero a su verde olivo tardío, sus estudios universitarios en los Estados Unidos o su trabajo como auxiliar de ingeniería en la compañía petrolera Shell, que también. Sino a que, probablemente fuera de la capital, Enrique Oltuski representara mejor que nadie a esa “derecha revolucionaria” que acostumbraba a criticar el comandante guerrillero de origen argentino Ernesto Guevara.

 “¿Qué les parecen las cosas que le hemos enviado?”- preguntó Oltuski a Guevara cuando se encontraron en septiembre de 1958. “¡Mierda el PSP! Ese cargamento lo enviamos nosotros”, le replicó cuando el jefe guerrillero de origen argentino le comentó que habían recibido ropas y zapatos enviados por el Partido Socialista Popular de los comunistas cubanos. “Eres igual que toda la demás gente del llano”, argumentó Ernesto Guevara cuando el coordinador del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en Las Villas, le expuso su versión moderada de la Reforma Agraria que debía desarrollarse en Cuba. “¡Qué comemierda eres!”, añadió más adelante, cuando escuchó de sus labios que la revolución cubana debía “disfrazarse” para no alarmar a los Estados Unidos.

 Hubo más. En Las Villas, Enrique Oltuski se negó a obedecer la orden de Ernesto Guevara, de asaltar el banco de Santi Spíritus. Y le solicitó un recibo con su firma, cuando recibiera el dinero que le sería enviado desde la guerrilla urbana del “26”. “Olía mal. Olía a sudor descompuesto. Era un olor penetrante y yo lo combatía con el humo del tabaco”, recordaba años después Enrique Oltuski sobre aquel encuentro desagradable. Y aún cuando advierte el linaje revolucionario del personaje histórico, recuerda la “desconfianza” que condujo a Ernesto Guevara a no reconocer su liderazgo y nombrar al expedicionario del Granma  Calixto Morales Gobernador de las Villas, en los días finales de la dictadura de Fulgencio Batista. Seguramente, la misma “desconfianza” que condujo luego a Osvaldo Dorticós a despedirlo como ministro de Comunicaciones, el 29 de junio de 1960.

 En estos términos, se hablaría entonces de Enrique Oltuski Ozacki en Cuba. Pero eso era antes. Ahora, a su muerte a los 82 años en La Habana, se insistirá en su probada fidelidad revolucionaria durante más de cincuenta años. A fin de cuentas, ese es el trato entre la historia y las ideologías nacionalistas. Del mismo modo que las adormideras constituyen el elemento que sirve de base a la adicción a la cocaína, en la conocida analogía de Eric Hobsbawm.

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