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El “hombre viejo” de San Pablo y el “hombre nuevo” de Ernesto Guevara (I)

Enviado por en diciembre 10, 2012 – 17:35 pm

Emilio Ichikawa

Las epístolas paulinas son consideradas exhortaciones a gente que ya ha hecho su “conversión”. Buscan entusiasmar a quien ha intentado o realizado el cambio, no tanto provocarlo. Pablo no era un proselitista sino un motivador. De ahí que le sea tan necesaria la idea y más aun la imagen de “hombre viejo”; Pablo reafirma actualizando el pasado. La descripción paulina del “hombre viejo”, el recuerdo al nuevo cristiano de lo feo que había sido “fuera” de Jesús, le anima a seguir adelante rechazando y si es posible anulando la historia “antes de”. Que ya no es propiamente una historia sino un pretexto.

A diferencia de Pablo en su epístola a Efesios, Ernesto Guevara en esa suerte de “epístola a Motevideanos” conocida como El Socialismo y el Hombre en Cuba, apunta a las características del renacido; que para él es el “revolucionario”, el “hombre nuevo”, pero valiéndose más de la probable dimensión de futuro. Guevara quiere justificar al converso ante el alienado y el fariseo.  

En estos apuntes lo que intento hacer es una superposición de ambos documentos: las palabras de San Pablo a los Efesios en los inicios del Cristianismo y la carta de Ernesto Guevara a Carlos Quijano, editor del semanario uruguayo Marcha, en 1965, en los inicios del socialismo cubano. Pero antes unas digresiones a propósito del ejercicio.

Un amigo me contó (me lo ha contado varias veces, muestra de que ha sido algo muy importante para él) que su suegro, quien pertenecía a ese sector que identificamos como “exilio histórico cubano”, le había dicho que a pesar de las extrañezas que conlleva el alejamiento de la patria, a él le había sido relativamente fácil adaptarse a la vida en EEUU porque solo tuvo que hacer aquí lo mismo que hacía en Cuba. Refería un desplazamiento de capitalismo a capitalismo: uno caribeño y el otro más norteño, pero ambos capitalismos al fin. Mi amigo es un graduado de la Escuela Nacional de Arte (ENA) de La Habana, que hoy además de continuar con su arte dirige una empresa; así que a diferencia de la de su suegro la suya fue como una mudanza de la Edad Media a la Modernidad. Y esta terminología la uso sin intenciones peyorativas (En lo personal, yo prefiero la Edad Media; particularmente el Siglo XIII).

En artículos y luego en conversaciones con paisanos con tiempo fuera de Cuba, había constatado la confianza de ellos en que los cubanos educados en las escuelas del socialismo, y que no tenían experiencia en una sociedad de mercado, poseían sin embargo cierto instinto, listura o viveza natural que les permitía abandonar los viejos hábitos y adquirir los nuevos códigos de la sociedad abierta y democrática.

Aquí estaríamos hablando de una metamorfosis antropológica, del cambio de un tipo de ser humano por otro, de una permutación de “reinos” como aquella que decía Pablo. Pero se hace difícil apelar a la terminología paulina de “hombre viejo” por “hombre nuevo” al menos por dos razones:

1-Porque esa transformación (cubano en socialismo o cubano viejo-cubano en capitalismo o cubano nuevo) no se corresponde ni en contenido ni en nivel con la que trata Pablo en Efesios.

2-Porque las terminologías se trastocan. El Che Guevara llamaría “nuevo” a lo que en el exilio se consideraría “viejo”. Y viceversa. Para Guevara el emigro-exiliado que se inserta en un capitalismo alternativo al que ha tratado de eliminar la propia revolución sería un “hombre re-avejentado”; que involuciona.

Ahora bien, la propia evolución global en las últimas fechas, y un grupo de experiencias y prácticas económicas que han podido notificarse recientemente en la dinámica de la comunidad cubana de Miami, dejan evidencias complementarias:

a-Finalmente el capitalismo y el socialismo en su versión extrema de totalitarismo comparten tipos de prácticas económicas.

b-En determinados contextos de las sociedades abiertas no es necesario desprenderse de las rémoras o “malos hábitos” de la sociedad totalitaria, sino que se puede sobrevivir, incluso “triunfar” apelando a ellos.

De ahí que no sea tan raro que al desarchivar recientemente su experiencia bajo el totalitarismo búlgaro, Tzvetan Todorov expresara que jamás pudo imaginar que el pensamiento elaborado para pensar aquel mundo podía servirle para hacer legibles algunos temas de las democracias globales contemporáneas.

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