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Dos transiciones y un milagro

Enviado por en diciembre 23, 2012 – 12:57 pm

Emilio Ichikawa

La analogía entre castrismo y nacionalsocialismo (nazismo) no es exclusiva de los reflejos intelectuales de una generación de exiliados cubanos de postguerra educados en la identificación del fascismo con el mal. Puede encontrarse también en personas educadas en las escuelas de la revolución de 1959 y hasta en cuadros de alto nivel, como es el caso del Mayor Florentino Aspillaga. En una entrevista concedida por el Mayor Aspillaga al periodista Tomás Regalado (hoy Alcalde de City of Miami) en junio de 1988, resulta insistente el abandono del paralelo y el paso a la identificación personal de Fidel Castro con Adolfo Hitler.

Esta pieza del rompecabezas de la ideología de la emigración-exilio cubano encaja perfectamente con otra referida a la identificación con la diáspora judía; de la cual se mimetiza el sufrimiento (holocausto), la pericia para el éxito económico y la promesa del regreso a una tierra prometida. Esta afinidad retórica se ve concretada en política por el tradicional apoyo que los políticos cubanoamericanos han prestado a “la causa israelí”, si se quiere recompensada con el voto mancomunado de Israel junto a EEUU contra la resolución sobre el bloqueo-embargo que desde hace años presenta Cuba ante Naciones Unidas. En Miami funcionó perfectamente el código empleado por Yoani Sánchez en aquel post titulado “La corta noche de los cuchillos largos”.

A pesar de ser un exilio que se cerciora como anticastrista, el final más deseado para el castrismo se parece mucho al cambio radical que encabezó Fidel Castro contra el gobierno de Batista y bajo ese nombre contra el modelo republicano cubano. Por supuesto que hay un tabú para aceptarse como “revolucionarios anticastristas”, pero es de eso de lo que se trata cuando se quiere desmovilizar las FAR y el MININT, desideologizar o “re ideologizar” la enseñanza, privatizar las finanzas, derogar las leyes y la Constitución, renombrar calles, reedificar monumentos, etc. Para seguir con aquella analogía: en lo que suele pensar el exilio-emigración es en una “descastrificación” de la sociedad cubana. Un proceso de conversión social de magnitud y meticulosidad similar al que se llamó “desnazificación” de Alemania.

La “desnazificación” fue un proceso complejo. Particularmente en el periodo que va desde la capitulación (mayo 8 de 1945) a la fundación de la República Federal Alemana (mayo de 1949) y la República Democrática Alemana (octubre de 1949). Tenemos aquí un periodo de aproximadamente 4 años y medio donde van a despegar dos “transiciones” y “desnazificaciones” diferentes: una que va del nacionalsocialismo al capitalismo y otra que lleva del nacionalsocialismo al estalinismo. Cualquiera pensaría que en el primer caso la “desnazificación” entrañaría una conversión más radical, pues debe haber menos continuidades entre el nazismo hitleriano y una democracia de libre mercado, que entre el nacionalsocialismo y el estalinismo, sendos estatismos autoritarios. Este segundo movimiento sería una suerte de imposible consecuentemente evaluado desde la ideología de la emigración-exilio cubano, donde el castrismo es visto como una variante de nacionalsocialismo a la vez que como una versión del estalinismo.

Cuenta Hans-Georg Gadamer que cuando fue nombrado Rector de la Universidad de Leipzig conoció bajo la ocupación soviética obstáculos parecidos a los de la etapa nacionalsocialista para avanzar un modelo de universidad libre. Demasiada politización y celo por la “función social” de la Universidad, como si la docencia y la investigación no fueran por sí mismas un gran compromiso. Gadamer se atreve incluso a dar un detalle a favor de los viejos tiempos. En la Alemania de los años ’30 un cirujano al frente de un hospital docente podía decidirse a entrar al Partido por pragmatismo, por oportunismo; sencillamente porque no podía permitir que un portero o un alumno con el carnet de militancia nazi tuviera más autoridad que él en su propia institución. Recuerda Gadamer que aquello funcionaba como un trámite, porque el nacionalsocialismo acabó siendo más bien una propaganda y una práctica indiferente al estatuto intelectual; pero que en los funcionarios soviéticos de la ocupación existía una aspiración a que los profesores se creyeran realmente el marxismo-leninismo. Después de veinte años la caída del muro de Berlín parece un acontecimiento obvio; lo que sigue ameritando explicación es cómo se llegó a construir. Por qué hubo una frontera para cuatro Alemanias y dos “desnazificaciones” en una misma ciudad.

-IMAGEN: “Happy Chauffeurs”: johndclare.net

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