Cuba

Noticias, notas y artículos sobre Cuba

Colaboraciones

Artículos y ensayos de colaboradores

Correo

Opiniones y cartas del lector

US-Mundo

Noticias y notas sobre Miami, US y el mundo

ei

Artículos y ensayos de Emilio Ichikawa

Inicio » ei

Centro recogerá, quien siembre extremos (Y viceversa)

Enviado por en diciembre 25, 2012 – 10:54 am

Emilio Ichikawa

En los años ’90, un caudillo político de Liria que había vivido la transición española contaba que en las elecciones de 1977 muchas personas de izquierda y de derecha sospechaban tanto de un continuismo franquista y de un anti franquismo radical, con líderes “modernos” fermentados fuera de España, que más que elegir “huyeron” o se “refugiaron” en la alianza de centro democrático que proponía Adolfo Suárez. Sin embargo, a la primera oportunidad que volvieron a dar las urnas los electores salieron de él: le dieron las gracias por haber resuelto un rollo eventual y lo despacharon. Ingleses y polacos también expidieron esta suerte de certificados de “grandes políticos de coyuntura” a Churchill y Walesa.

Un viejo partidario de Suárez recordaba este hecho con sentido del humor y lógica: Cuando se afianzó la democracia en España, no más mostrarse que la voluntad democrática era general en la clase política, no había razón para estar agazapado en el centro; los que eran de izquierda se fueron a la izquierda, los que eran de derecha a la derecha y se inventaron ellos mismos sus dos grandes partidos. Suárez se quedó tan solo que le empezaron a notar “defectos” en su propio círculo; defectos que iban desde no saber suficientes idiomas, hasta no haber hecho unas buenas oposiciones. Se trata de un resultado a primera vista paradójico: el triunfo del centro propicia la consolidación de los extremos.

En el caso cubano se pudiera estar dando una dinámica contraria. El diagnóstico (creo que errado) de que la política cubana está dominada por dos extremos que habría que superar imponiendo un centro está fertilizando actitudes sectarias y nada “centristas”. En busca de ese centro la “política de la retórica” se disuelve en ejercicios de precisión territorial excluyentes. Es como si solo se buscara el beneficio de la etiqueta, de la marca: de izquierda eres tú y como tal te corresponde hablar en tal evento y aparecer en más cual antología. De derecha es aquel y le toca hablar en tal programa o preparar tal dossier. Lejos de buscar alianzas y compromisos la proto política cubana parece interesada en trazar una marca aséptica que deslinde al interior de los bandos. No es por tanto “real política”, porque le reporta más beneficio el aislamiento que el pacto; el integrismo doctrinal que la demagogia (falsa pero alentadora). En el caso cubano, esquematizando con una dicotomía castrismo/anticastrismo, los enemigos fundamentales de cada quien están en su mismo bando. La llamada “izquierda anticastrista”, lejos de sumar, no deja de extender certificados de “pureza ideológica” para desintoxicarse de quienes tienen ideas sospechosas; el “anticastrismo conservador” todos los días desenmascara un partidario de la economía estatal, un anti patriota o un pacifista. Este ambiente tiene necesariamente que generar reacciones de extremo. Gíña, “justo encono”.

Una mecánica. Aunque se dice que el gobierno de La Habana lanza “medidas activas” sobre las cuales luego cosecha un éxito seguro, lo que suele suceder realmente es que tiene la habilidad de reponerse sobre la marcha y sacar partido de eventos que no necesariamente suceden para beneficiarle. Dios no está con Castro. Ni en su contra. Por ejemplo: el embargo norteamericano no se promovió por partidarios de Castro para que luego este lo usara a su favor: se puso el embargo y luego Castro capitalizó la situación. Tampoco ordenó Castro tomar la Embajada del Perú en La Habana para que se desataran eventos que condujeran al éxodo del Mariel y sembrar entre quienes se iban algunos agentes y delincuentes: sencillamente sucedió y le sacó ventaja.

Fidel Castro no indujo la Ley de Ajuste Cubano ni la elección de Obama, que hoy funcionan como garantes de esa suerte de campaña de alfabetización cultural del sur de Florida. El propio Andrés Gómez (Director de la Revista Areito y Presidente de la Brigada Antonio Maceo) confirmó recientemente en La Habana que la idea del diálogo y los viajes a Cuba (primero como “brigadas de trabajo” y luego como turismo) se la propusieron “los 55 hermanos” al gobierno cubano; no al revés. ¿Qué puede hacer a esta altura contra esas tendencias el exilio-emigración y la política cubanoamericana anti castrista en los EEUU? Creo que nada. O algo peor que nada: tratar de molestar o incomodar la realidad repudiando artistas; alertar (¿delatar? ¿chivatear?) a las autoridades norteamericanas de acciones fuera de la ley por parte de los visitantes (como cobros indebidos o proselitismo antinorteamericano); pasar legislaciones condales y estatales que traben los viajes e intercambios, etc. Es decir, una táctica reactiva de bajo perfil que lo único que podrá conseguir es que a su regreso a Cuba estos visitantes (lejos de ser vectores de la democracia como piensa la Secretaria de Estado) actualicen sus cotizaciones en los CDR, abran blogs revolucionarios-oficialistas y sueñen con reincorporarse al Ejercicio Bastión 2013. Yendo así, peligrosamente, del centro a los extremos.

-IMAGEN: “The Moderate Center”: politicalhumor.about.com

Share