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Asamblea Nacional: continuidad y discontinuidad

Enviado por en diciembre 20, 2012 – 16:34 pm

Pedro Pablo Bilbao

Al fait accompli de que Ricardo Alarcón no presidirá la próxima legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) seguirán, como si fueran explicaciones, las habladurías y novelerías de heraldos y martianos, blogueros y tuiteros, analistas políticos y demás expertos en todo que no saben por qué Alarcón no aparece en la lista oficial de candidatos a diputado. Así y todo se atreverán a imaginarlo e incluso recurrirán a diversas fuentes —adonde jamás ha ido el cántaro— para esclarecer por qué tampoco están Hassan Pérez ni Randy Alonso. Nadie se llame a engaño. Nadie supo que Fidel Castro había entrado en el quirófano hasta que el propio Castro salió y largó el cuento; nadie sabía que Machadito era el [tercer] hombre hasta que su designación se consumó por elección. A fin de cuentas las elecciones mismas a la ANPP se despachan fácil como farsa electoral, como si hubiera otra forma racional de oponerse al castrismo que no fuera yendo a las urnas. Y así pasa inadvertido —o se deja pasar— que mientras disidentes y opositores abundan en videos y documentos, la bandería castrista prosigue como si nada su rutina institucional.

Hace rato que la crítica al castrismo está agotada —todo lo malo es sabido— y antes que pensar en cómo deshacerse del régimen, el bando presuntamente anticastrista llueve y vuelve a llover sobre mojado con críticas y más críticas que, paradójicamente, apuntan a racionalizar las políticas (migratoria, de cuadros, económica, cultural…) del castrismo. Parecería más sensato dar consejos engañosos o al menos guardar silencio, para ver si aquello acaba de venirse abajo por sí solo, pero no hay ni esperanza.
Así como muchos opositores —sin poder alguno— abogan por sentarse a la mesa nacional para discutir sobre el poder con quienes lo detentan, muchos cubanólogos ahondan en la gerontocracia castrista como signo de la decadencia, porque la gente más joven no acaba de tomar las riendas del poder. Se pierde de vista no sólo que lo irán haciendo a medida que mueran los actuales sobrevivientes del grupo político de Fidel Castro, sino también que los más jóvenes vienen entrenándose desde niños en el ejercicio del castrismo corriente.
Ahora mismo van al reenganche de la ANPP apenas unos 140 de los 600 y pico de diputados elegidos en 2008, es decir: otros 470 se inician como parlamentarios. Del grupo político de Fidel Castro quedan —tras la salida de Alarcón, da lo mismo que sea por truene con sordina o porque ascenderá a jefe de operaciones full time de la campaña para excarcelar a Los Cinco— el propio Castro y su hermano, Machadito y los comandantes Ramiro Valdés y Guillermo García, Armando Hart y Melba Hernández, más el alto generalato del MINFAR y el MININT, los jóvenes rebeldes Esteban Lazo y Salvador Valdés… Pero ya se estrenan como diputados el canciller Bruno Rodríguez y el ministro Rodrígo Malmierca, el tándem Marino Alberto Murillo-Adel Onofre Yzquierdo… Hay indicios racionales de sobra para conjeturar que, antes que un Adolfo Suárez, aflorará oportunamente un Carrero Blanco, a quien nadie podrá volar y así proseguirá el castrismo con todos y para el bien de ellos.

-Foto: Fidel Castro renuncia (julio 16, 1959) como jefe de gobierno y la gente no quiere (julio 17, 1959) © Corbis

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