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Arquitectos

Enviado por en diciembre 12, 2012 – 14:53 pm

Los oficios marcan la forma en que se mira el mundo. Los periodistas, por ejemplo, creen sinceramente en eso de que lo que no se publica no existe. De aquí que, para ellos, no citar a alguien es como exterminarlo. Los oficiales de inteligencia son ontólogos naive, y creen que todo lo que sucede es un vestigio fenoménico del secreto submundo que ellos habitan y desde el cual vigilan y clasifican. De esto no se quedan fuera los arquitectos, quienes asumen que la ciudad es y será una realización de proyectos y planificaciones. El constructor considera esto una tontería. Y con razón, porque el negocio exige a veces un survey o un plano solo como pretexto burocrático y legal para un edificio que ya está hecho o para una tierra que ya está dividida, y vendida.

El arquitecto (planificador) Mario Coyula utopiza el mundo con consecuencia y se le ha visto varias veces regañando a La Habana por ser como es. Y molesto con los habaneros por vivir como viven. El arquitecto es normativista. Lo fue el profesor Quintana, quien soñaba con que la vida imitara a su maqueta y el Malecón estuviera a la altura de su bondad personal  y sus buenos modales.

Pero Coyula (como en un momento Segre) está aprovechando su merecida autoridad intelectual para también rediseñar y limpiar la historia. Como momento importante de esa limpieza está el desmarcaje de eventos grises y de las obras construidas en el “batistato” (1952-1959). Para la imagen intelectual de un arquitecto revolucionario una beca de/bajo Batista pesa tanto como la beca de Bachelet bajo/en el régimen de Pinochet. Pero todo eso puede limpiarse, como sabía el maestro Germán Arciniegas.

Hará como una semana, Coyula decía al periodista Randy Alonso que el arquitecto José Antonio Echeverría, en la lucha clandestina contra Batista, no dejó nunca de proyectar. Lo que demostraba –una vez más- la hipótesis de que a diferencia de la URSS en Cuba la vanguardia política y la vanguardia artística siempre habían coincidido. De ahí que una desapareciera y la otra siga en pie.

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