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Aire de familia: teocracia iraní (II)

Enviado por en diciembre 29, 2012 – 0:59 am

Gustavo Silva
Para diciembre de 1978, las demostraciones multitudinarias auguraban la caída del Shah, quien acabó por irse de Irán (enero 16, 1979). Jomeini no tardó en volar (febrero 1) de París a Teherán. En la escalerilla agradeció al pueblo francés por «haber seguido con interés la lucha por la libertad de conciencia y el camino de la democracia deseado por los iraníes» (“The Khomeini Era Begins”, Time, febrero 12, 1979). Aterrizó como líder indiscutible de la revolución y ni un solo clérigo apareció en el primer gobierno post-Shah, pero ya funcionaba en secreto el Consejo Revolucionario de Jomeini (Said Amir Arjomand, The Turban for the Crown, Oxford University Press, 1988, página 135). Al convocar el referendo (marzo 30-31, 1980) sobre el futuro de Irán, Jomeini no sólo redujo las opciones a una: remplazar la monarquía con la «república islámica», sino que cambió su discurso público: «No usen el término democrática. Eso es puro estilo occidental» (Shaul Bakhash, The Reign of the Ayatollah, Basic Books, 1984, página 72 s).
A resultas del referendo, Jomeini proclamó (abril 1, 1979) «el primer día del gobierno divino». Al mes siguiente creó las milicias de Guardias Revolucionarios Islámicos. Su partido se alzó con mayoría de 73 escaños en la asamblea constituyente y la constitución quedaría centrada en la doctrina que Jomeini había elaborado por reciclaje de las ideas del mullah decimonónico Ahmad Naraghi: la sharia debía ponerse en práctica sin cortapisas —desde cómo hacer las oraciones hasta cómo ejecutar a una mujer a pedradas— y los ayatolaes debían ejercer el poder por su capacidad única para entender, interpretar y aplicar la sharia. El absolutismo hacia dentro se trabó con el expansionismo hacia afuera: la revolución iraní tenía que exportarse, porque el Corán prescribía (21:92) la «comunidad islámica única» y el Islam político no reconocía fronteras nacionales.
Tal doctrina se considera fallida ab initio ya que forman parte de la sharia normas compiladas siglos después de la muerte de Mahoma, las cuales se alejan del islamismo original por entre las diversas interpretaciones de las escuelas de pensamiento jurídico. Jomeini mismo dio la clave doctrinal: el «deber de todo el pueblo de obedecer al líder supremo», quien posee «igual autoridad que el Más Noble Mensajero» (Hamid Algar [traductor], Writings and Declarations of Imam Khomeini, Mizan Press, 1981, página 62).
La constitución establece que el líder religioso es guardián de la nación y previne contra cualesquiera desviaciones de los deberes islámicos (Artículo 110). Ninguna organización ni grupo social puede ir contra las bases de la república islámica (Artículo 26) y la libertad de expresión se reconoce si su ejercicio no va en detrimento de los principios fundamentales del Islam o del bien público (Artículo 24), que en ambos casos se definen por el líder y sus guardianes ayudantes. No extraña que los críticos del régimen sean tachados de mohareh (enemigos de Dios) y que la represión incluya voluntarios (Bassij) movilizados en sinergia con guardias, tribunales y comités revolucionarios islámicos. Jomeini no vaciló en ordenar (junio 20, 1981) la masacre de manifestantes pacíficos congregados en Teherán por el grupo opositor Mujahedin-e Khalq.
Al morir Jomeini (junio 3, 1989), el sucesor Ali Khameini buscó compensar el déficit de carisma con poder legal y reformó (julio 28) la constitución para institucionalizar así el circuito vicioso del poder político en Irán:
El pueblo elige a la Asamblea de Expertos [86 miembros por 8 años], que a su vez elige al Líder Supremo, quien designa a la mitad de los 12 miembros del Consejo de Guardianes [los otros 6 son designados por el parlamento] y este consejo nomina a los candidatos tanto a la asamblea y al parlamento (Majlees) como a los consejos municipales, que son elegidos por el pueblo.

-Ilustración © Reza Khodadadi / Pictify

-Primera parte

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