Cuba

Noticias, notas y artículos sobre Cuba

Colaboraciones

Artículos y ensayos de colaboradores

Correo

Opiniones y cartas del lector

US-Mundo

Noticias y notas sobre Miami, US y el mundo

ei

Artículos y ensayos de Emilio Ichikawa

Inicio » Colaboraciones

Aire de familia: teocracia iraní (I)

Enviado por en diciembre 28, 2012 – 0:53 am

Gustavo Silva

El ayatolá Jomeini (1902-89) ganó reputación en más de tres décadas de enseñanza religiosa en Qom y la publicación de textos como Kashf al Asrar [El secreto revelado] (1941), de tono antimonárquico, y Resaleh Towzih al-Masael [Aclaración de cuestiones] (1961), que interpretó la ley islámica (sharia) como rectora hasta de la vida cotidiana. Su ascenso como ayatolá y su liderazgo político entre los clérigos quedaron allanados por los decesos los ayatolás Boroujerdi (1961) y Kashani (1962).

Al emprender el Shah su «revolución blanca» (1963), que iba desde la reforma agraria hasta la concesión de derechos a mujeres y no musulmanes, Jomeini tómo tan resuelto partido en contra que terminó siendo arrestado (junio 5, 1963) y enviado al exilio en Turquía. Al año siguiente Jomeini consiguió permiso de residencia en la ciudad santa chiíta de Najaf (Iraq), donde pasaría más de una década en labores teológicas. Hacia 1969 su ideario se había radicalizado al punto de fundir el Derecho islámico con el Estado. Sus lecciones al respecto verían la luz en Velayat-e Faqih [El guardián islámico y el gobierno del jurista] (1970), que sienta la doctrina de la jurisprudencia religiosa como vinculante —en contra del núcleo duro del culto chiíta— y el papel del líder religioso como guardián del pueblo.

Hacia 1977 conmovió a la feligresía chiíta por referirse a sí mismo como «imán», título reservado al yerno y primo de Mahoma, Imam Ali (¿601?-61), y a sus 11 descendientes varones (Alizara Jafarzadeh, The Iran Threat, Palgrave, 2007, página 41). Para 1978 las revueltas antimonárquicas en Irán se agudizaron tanto que el Shah instó a Saddam Hussein a expulsar a Jomeini de Najaf, porque animaba a los revoltosos.

Jomeine consiguió visado de Francia, se avecindó en el suburbio parisino de Neauphle-le-Chateau. Aquí principió a dar entrevistas, largar discursos y publicar declaraciones, sin dejar de mantener contacto telefónico diario con su red dentro de Irán, encabezada por los ayatolas Morteza Motahari y Mohammad Hossein Beheshti. Jomeini aclaró que no tenía intención de gobernar el Irán post-Shah, sino de guiar al pueblo contra el Shah para que los iraníes escogieran por fin el gobierno que desearan mediante sufragio universal (“Holy Man Calls for Army to Oust Shah”, New York Times, noviembre 7 de 1978).

Jomeini había elaborado —sobre las bases constitucionales de Francia y Bélgica— hasta un anteproyecto de constitución para la «República de Irán», que giraba en torno a un parlamento nacional sin rastro de la doctrina Velayat-e Faqih ni de su encarnación institucional definitiva: el Consejo de Guardianes. Al reunirse con el líder antimonárquico del Frente Nacional de Irán, Karim Sanjabi, Jomeine declaró que el Irán post-Shah sería «democrático e islámico». Precisó a los reporteros que la renovación nacional sólo sería posible «con la participación de todos». Jomeini había ordenardo a las periodistas cubrirse por completo, salvo las manos y el rostro, antes de ver a Jomeini. (“Iranian Cites Consider Monarchy Offensive to Religión”, Washington Post, noviembre 12 de 1978), pero nadie prestó atención a este indicio de su noción de «todos».

-Ilustración © Reza Khodadadi / Pictify

Share