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UNIVERSIDAD y POLITICA: Palabras de Nelson Montiel Benítez en la Universidad Central de Las Villas (19 de octubre de 2012)

Enviado por en noviembre 28, 2012 – 20:31 pm

NOTA de Pedro Hernández Soto: Intervención-testimonio pronunciada en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas por Nelson Montiel Benítez, jefe desde su fundación en agosto de 1962, del Grupo Independiente de Morteros de 120 mms, creado por orden del Comandante Juan Almeida bosque, entonces Jefe del Ejército del Centro. Universidad Central de Las Villas, 19 de octubre de 2012.

Queridos compañeras y compañeros.

Muchas veces este histórico teatro universitario ha sido escenario de importantes reuniones, eventos, encuentros en los cuales se han analizado y decidido aspectos trascendentales que han pasado a ser parte de la rica historia que atesora nuestra querida Universidad Central, algunos de los cuales tendremos la obligación y el placer de recordar en este magnífico encuentro que celebramos hoy entre dos generaciones que distantes entre sí 50 años, en diferentes escenarios, siguen enfrentando los mismos retos y luchando por los mismos objetivos.

Y no queremos avanzar en nuestras palabras, sin antes agradecer, profundamente, a todos los compañeros que hicieron posible este emotivo encuentro que, dadas las condiciones objetivas de todo tipo, nos parecía un deseo difícil de realizar. Pero varios factores actuaron a favor y, felizmente aquí estamos. ¿Cuales factores? Las autoridades universitarias, el Rector al frente; la dirección política de la provincia, el Primer Secretario al frente; la Comisión de historia de la lucha revolucionaria en Santa Clara, el General Choy al frente; el trabajo de una comisión central que funcionó colaborando con las autoridades universitarias y que demandó dedicación, organización, esfuerzos especiales y donde todos y cada uno de los integrantes, Manolito Bravos, Santiago (Berto) Ortega, Pedro Hernández; todos cumplieron su parte y nada fue fácil.

Sin restar méritos a ninguno de los compañeros, todos coincidimos en que el trabajo más pesado se concentró en la localización de los compañeros, dispersos por todo el territorio nacional. Este trabajo, que dirigió Tony Vidal -requería hacer los listados primero y después localizar a los compañeros-, necesitó un notable esfuerzo para lo que contó además con la participación efectiva de un grupo de compañeros en los lugares de más concentración, lo que posibilitó convocar, explicar, motivar y aquí estamos.

Pero nuestro mayor reconocimiento, es, por supuesto, para nuestros queridos compañeros que, venciendo obstáculos de todo tipo, dejando a un lado tareas importantes, sobreponiéndose a los achaques, a los padecimientos, a todo lo que acarrea esta cantidad de años que ya cargamos, han sido capaces de llegar hasta aquí, muchos de ellos desde lugares distantes, para darnos esta inmensa alegría de encontrarnos, luego de muchos años, para recordar toda aquella época preñada de episodios de todo tipo, de alegrías y vicisitudes, que juntos compartimos en aquellos días, sin dudas, los mejores de nuestra juventud. Para darnos todos los besos y los abrazos que nos debíamos.

Hace poco más de 50 años, en agosto de 1962, entonces como Jefe del Batallón 316, visitamos al Comandante Juan Almeida Bosque, en esa época Jefe del Ejército del Centro, para manifestarle la disposición del estudiantado revolucionario de nuestra Universidad a poner los conocimientos adquiridos en función de apoyar a nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias en el dominio de los modernos medios y técnicas para el combate que se estaban recibiendo en esos momentos.

El Comandante Almeida recibió el gesto con sumo agrado y nos indicó esperar por la respuesta en breve tiempo. Y, efectivamente, la contestación demoró muy poco. La orden fue: Crear un Grupo de Artillería, de morteros de 120mms, como una unidad independiente, para tiempo de guerra, subordinada al Ejército del Centro.

De inmediato nos dispusimos a cumplir la orden del Comandante, con el apoyo incondicional de las autoridades universitarias y la Dirección Estudiantil actuante en esos momentos.

El jefe de artillería del Ejercito Central, en su propia oficina, nos entregó una plantilla vacía de lo que sería el Grupo de Artillería y un plazo de 48 horas para llenarla. Se imponía, por tanto, conocer de la disposición de los estudiantes a asumir tal responsabilidad. Y para ello convocamos a los estudiantes, en este mismo teatro, explicamos la idea y pedimos su disposición. Y la respuesta fue tal que se llenó la plantilla y tuvimos que crear una reserva para complacer voluntades. Fue algo realmente impresionante, histórico.

Muchos se preguntarán, y ¿Como se formó el Grupo de Artillería? ¿Qué hizo posible que se formara en menos de 48 horas? ¿Cómo fueron seleccionados sus cuadros de mando?

CONFORMACIÓN DE GRUPO DE ARTILLERÍA

La respuesta no es simple, es lógica. Porque el Grupo de Artillería surgió del Batallón 316, que tuvo su raíz en la creación de las Milicias “Ramón Pando Ferrer”, aprobada por el Comandante Camilo Cienfuegos en Octubre de 1959 y en el Batallón se habían dado pasos concretos en la formación de cuadros y el fortalecimiento de la disciplina. El Batallón ya había cumplido misiones importantes en las cuales muchos compañeros se habían destacado por sus cualidades sobresalientes.

Es de aquí, del protagonismo ya desarrollado por el Batallón; de la fuerza pujante del contingente de más de 500 becados, que había ingresado en la Universidad en mayo de 1961, a raíz de Playa Girón; de la confrontación política con la ya escasa y controlada minoría reaccionaria y del desarrollo creciente de las fuerzas políticas en aquel momento. Es de esa inagotable fuente que salen los miembros del Grupo de Artillería y sus cuadros de mando a los diferentes niveles.

Entregamos la plantilla, antes del plazo establecido, y a los pocos días comenzó la entrega de la logística. Primero el avituallamiento alimentario, luego el vestuario, los instrumentos ópticos, los medios técnicos de comunicaciones y para la conducción del tiro y, finalmente, los camiones, los fusiles, las granadas, los morteros.

Nos desgajamos del Batallón, nuestra unidad madre. Aquello fue, sin dudas, una herida, una grieta en su estructura pues salían así, de un golpe, un grupo grande de valiosos compañeros. Pero quedaban allí aquellos veteranos, mezcla de profesores, estudiantes y trabajadores por quienes sentíamos un profundo respeto y admiración.

Y así, aquella Universidad que por reclamo y condición expresada por el Comandante Ernesto Guevara se había pintado, en mayo de 1961, de negro, de mulato, de hijos de obreros y campesinos, que se había vestido de miliciana desde Octubre de 1959, se arropaba ahora con el glorioso uniforme verde olivo como símbolo inquebrantable de defensa a la Revolución.

La Unidad Militar fue conformada, fundamentalmente con personal becado estudiantes de la Facultad Preparatoria. Nos preparábamos día a día, con entusiasmo y no teníamos la menor idea que dentro de poco nos veríamos inmersos en lo que se llamó la Crisis de Octubre, al borde de aquella guerra nuclear que puso en peligro la existencia misma de la humanidad.

Fueron más de 45 días de duro entrenamiento militar, dedicados a ejercitarnos cada cual en lo suyo, para lo cual tuvimos la suerte de contar con un excelente grupo de oficiales, expertos en el arte militar, encargados de foguearnos en la disciplina militar, de prepararnos para el combate. Y poco a poco nos fuimos percatando del extremo peligro que corría la Patria.

Un hecho que merece resaltarse es que en aquella masa de jóvenes, algunos de los cuales apenas rebasaban los 16 años, en medio de aquel peligro, no hubo una sola muestra de flaqueza, nadie pidió siquiera un pase para ir a la casa como tampoco se presentó ningún papá ó mamá en reclamo de su hijo. Éramos conscientes de lo que hacíamos y lo hicimos bien. No teníamos miedo, teníamos fe en la Revolución, teníamos confianza en Fidel.

Cada día de entrenamiento era para nosotros un día más de aprendizaje ,de más preparación, donde poníamos el máximo interés pues si finalmente había que enfrentar al enemigo, era necesario ir lo mejor preparados posible, eso nos hacía sentir más seguros, más dispuestos.

Se hizo cotidiano rendir tributo de respeto a nuestra bandera al amanecer y antes del oscurecer, finalizadas las tareas de preparación del día y una vez concluida la ceremonia íbamos marchando hasta el comedor entonando las notas del himno de artillería. Muchas de las muchachas se arreglaban, presenciaban la ceremonia y luego se constituían en hermosa escolta, hasta el comedor, y esperaban el receso para compartir con su pareja ó sus amigos.

Un día conocimos que la Crisis…, felizmente, concluía. Nos despedimos, muy agradecidos, de aquellos oficiales que con tanta dedicación nos prepararon, que tanto contribuyeron a nuestra formación militar, que tanto aportaron a aquella disciplina que sería de tanta utilidad para el desempeño de nuestras vidas. Fue, sin dudas, una gran escuela.

A los pocos días conocimos que se efectuaría la prometida visita del Comandante Juan Almeida. Lo esperamos como correspondía a su alta jerarquía política y militar. Llegó, pasó revista a la tropa, saludó a los oficiales del Grupo y de manera particular al Capitán Wilfredo Verdecia, a quién conocía de los tiempos de la lucha en la Sierra Maestra y luego saludó a las autoridades universitarias, los dirigentes estudiantiles, a todos.

Y llegó la esperada desmovilización, y la recibimos con extrema alegría pero con orden, sin aparente prisa, con disciplina. Los de las provincias más lejanas disfrutaron de una semanita de descanso, los de los lugares más cercanos, menos tiempo, y los de Santa Clara apenas se dieron cuenta del descanso pues continuaron las guardias para el cuidado de la Unidad. Era nuestra responsabilidad, nos sentíamos muy satisfechos por el deber cumplido en un momento de máximo peligro para la Patria.

Y nos quedamos solos, sin la tutela de los oficiales profesores, con la responsabilidad de custodiar nuestras instalaciones y la logística, con el compromiso de seguir preparándonos para la defensa sin descuidar las tareas del estudio.

Volvimos a las aulas para recuperar el tiempo invertido en la movilización y concluir la Facultad Preparatoria, otro breve descanso, con iguales características y condiciones para los de Santa Clara y, en Enero de 1963, comenzó para nosotros la primera etapa de la realización de nuestros sueños: Estudiar una carrera universitaria.

LOS PRIMEROS BECARIOS DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL

Pero no nos hemos convocado hoy, en este especial y emotivo encuentro para hablar solo de la “Crisis de Octubre” y de la Artillería. Sería perder una magnífica oportunidad en este encuentro, con esta vieja tropa, con nuestros queridos hermanos, si no hacemos un breve recuento de aquella etapa, tal vez la más feliz de nuestra juventud, para hablar de la Beca, escenario natural que estimuló sobremanera el desarrollo de aptitudes y de otras importantes actividades que sirvieron para poner de manifiesto todo aquel rico caudal, todo aquel potencial presente en aquel contingente de jóvenes revolucionarios que llegó como esperado refuerzo a aquel valioso grupo de compañeros que mantenía en alto las banderas de la Revolución en aquellas difíciles condiciones que juntos ayudamos a transformar; para hablar del desarrollo deportivo; de la FEUC, de la AJR y su paso a la UJC, de cómo fue nuestra formación docente, de las dificultades, de las tristezas y de los momentos de diversión, de alegría que juntos compartimos en aquella época.

La llegada de los becados transformó totalmente el ambiente del recinto universitario. El clima pesado, contaminado, lleno de contradicciones, de oscuro pesimismo, con matices luctuosos, reinante en los pasillos en los días del fusilamiento del traidor Porfirio Ramírez, que siendo Presidente de la FEUC, se alzó en contra de la Revolución en las montañas del Escambray y de la huida traidora del Rector Oliver Labra, fue sustituido por una atmósfera de bullicio y alegría contagiosa propio en una juventud revolucionaria, optimista y dueña de su destino.

Aquel primer contingente de becados reunía las más disímiles características. Llegaron combatientes del Ejército Rebelde, de la Lucha Clandestina, combatientes de Playa Girón, de la Lucha contra Bandidos, de la Alfabetización, fundadores de las Milicias, dirigentes estudiantiles, miembros de la AJR, poseedores todos de esa moral que da el haber participado y cumplido importantes tareas de la Revolución. Y junto con ellos llegaron también sus costumbres, sus hábitos, con pistolas y otras armas, cada cual con lo suyo y fue necesario hacer un reglamento disciplinario fuerte, rígido y, por supuesto, imponerlo.

Pero el hecho de existir el reglamento, con su rigidez y todo no impidió las manifestaciones de alegría, jocosidad y todo eso que acompaña a los jóvenes. Se hacían bromas, se estrechó la amistad y nació entre nosotros un sentimiento de extrema confianza, de hermandad que se ha mantenido hasta los días de hoy. Con la confianza vinieron los apodos, que tuvieron en Javier Peña el generador principal, muchos de los cuales se enraizaron tanto que llegaron a desplazar el nombre verdadero, original. Ahora, cuando miramos viejas fotos resulta más fácil recordar e identificarnos por el apodo que por el nombre verdadero, pienso que a todos nos suceda lo mismo.

El primer jefe de aquel contingente de becados, fue Rodolfo de Las Casas Pérez, Casitas, como común y cariñosamente se le llamaba.

Casitas era un compañero de una excepcional trayectoria revolucionaria, que se inició desde el momento mismo del golpe batistiano del 10 de Marzo de 1952, desplegando desde ese instante acciones que mostraban su inconformidad con el régimen golpista.

Innumerables fueron las acciones de enfrentamiento de Casitas a las fuerzas de la dictadura batistiana, indicadas por la Dirección del M-26-7 y luego de varios encarcelamientos se vio obligado a pasar a la lucha clandestina hasta que fuera autorizado a subir a la Sierra Maestra, donde se incorporó a la columna uno, dirigida por el Comandante en Jefe Fidel Castro, en la cual permaneció hasta alcanzar la Victoria del 1ro. de Enero de 1959.

Casitas era mezcla de sencillez, de modestia, de desinterés material, de disciplina, de valentía sin límites, de sacrificio, cualidades estas solo presentes en los grandes hombres.

Mucho tendremos que agradecer a su memoria por su ejemplo y por la formación revolucionaria adquirida con su ayuda en aquella etapa, tan necesaria para enfrentar las complejas tareas venideras. Fue un enorme privilegio contar con su presencia y haber compartido con él aquella etapa.

Aquellos primeros tiempos de la beca fueron muy difíciles. Se trataba de hacer, en un tiempo record, de apenas año y medio, un Pre-universitario con más de 500 alumnos de las más variadas características y procedencias, muchos de los cuales apenas rebasaban el 6to. Grado. Y si quisiéramos poner un ejemplo de voluntad sin límites, de tesón, si queremos hablar de un becado, de un estudiante ejemplar, hablemos entonces del Capitán Wilfredo Verdecia, que llegó a la Universidad siendo casi analfabeto y se graduó, en el tiempo establecido, de ingeniero eléctrico, la carrera considerada como más difícil en la Facultad de Tecnología.

La actividad docente era conducida por Enrique Peralta Santana, experimentado y prestigioso profesor villaclareño, quien fue nombrado como Director del curso.

Enrique Peralta no solo fue el conductor docente. Él sintió responsabilidad por la formación integral de aquel grupo de jóvenes, fue como un padre, y como tal se comportó, dando consejos oportunos y aplicando medidas disciplinarias y educativas leves ó del mayor rigor cuando fue necesario.
El administrador era Alberto Ramos (Ramito), un gestionador por excelencia, que garantizaba toda la logística de las residencias estudiantiles, eficientemente apoyado por Pascual quien tenía a su cargo el control económico de las gestiones realizadas por Ramito.

El compañerismo se elevó al más alto nivel. Y una muestra palpable fue la solidaridad manifiesta de aquellos que mejor captaban, porque estaban mejor preparados ó porque eran más inteligentes, que ayudaban a los más atrasados en el entendimiento de las materias. Y tal como estaba previsto, los estudiantes transitaron de un nivel a otro y en Enero de 1963 el primer contingente, que entró al curso de nivelación en Mayo del 61, ingresó al primer año de las carreras tecnológicas universitarias, con un alto nivel de retención docente. Era el primer paso en el gran objetivo de alcanzar el título universitario y no fue nada fácil.

Y realmente el compañerismo, esa manifestación de solidaridad que tanto dice de la calidad, de las buenas cualidades de las personas, se puso de manifiesto cuando lo necesitaron aquellos compañeros con dificultad para asimilar las materias y cuando comenzaron a producirse las bajas por deserción en aquel insuficiente parque de profesores con que contaba la Universidad Central en los primeros años de la Revolución para impartir clases en las diferentes carreras universitarias.

Fue algo extraordinario, un fenómeno poco común que los alumnos de los años superiores, a veces con solo un año de diferencia en la carrera, asumieran la responsabilidad de impartir las clases a los de años inferiores y dar continuidad al proceso docente hasta llevar a los compañeros al final de la especialidad, con una probada calidad en su formación técnica, tan necesaria para enfrentar las complejas tareas que habría que asumir en el desarrollo económico del país.

Y no queremos esperar más para patentizar nuestro reconocimiento a ese esfuerzo meritorio desarrollado por Eduardo Rodríguez López, por Jesús Guzmán Pozo, Avertano Hernández Stuart, Pedro Hernández, Héctor Artze Medina, Leopoldo Burgos Sola, Luis Gómez Gutiérrez, Reynaldo Martínez, Berto Ortega, Pupi Gómez Perera, María Adela Jiménez, Manuel Ruiz González, Olga Cortijo Jacomino, Héctor Pérez Alejo y vaya en ello el reconocimiento al resto de los compañeros que adoptaron igual conducta en aquella etapa. Para ellos, nuestro eterno agradecimiento.

Un hecho relevante, que se puso de manifiesto desde el principio, fue la honestidad, la disciplina y la conciencia revolucionaria de aquel grupo. Se estudiaba duro pero no todos asimilaban con la misma facilidad y una vez llegados los exámenes, cada cual ponía a prueba lo aprendido y nadie era capaz de mirar al lado para copiar o preguntar lo que no sabía, aunque el desaprobar le costara la pérdida de la beca.

La exigencia por la disciplina fue una necesidad y el acatamiento de la misma se hizo un hábito, al menos en la mayoría. Todos los días se seleccionaba una brigada para apoyar el trabajo en la cocina y para la limpieza en el comedor. Igualmente, en los dormitorios, para la limpieza del piso y de los baños, lo cual era responsabilidad del jefe del pabellón. Eso sin descuidar tareas de índole personal tales como la organización y limpieza de la cama, del escaparate, el cuidado de los materiales docentes y el resto de los recursos individuales ó colectivos puestos a disposición de los becados así como la participación en la guardia del centro, que era obligatoria.

ORGANIZADA LA VANGUARDIA POLÍTICA DE LA JUVENTUD EN LA UCLV

En el orden político también se dieron pasos importantes. En 1962 fue creada la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), en sucesión de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR).

Fue todo un proceso de asambleas -en las Escuelas de las diferentes Facultades, incluyendo la Facultad Preparatoria-, con el objetivo de seleccionar entre los jóvenes estudiantes aquellos con condiciones para integrar las filas de la naciente organización juvenil.

Concebida y orientada por la máxima dirección del país, la UJC estaba llamada a jugar, un rol determinante en la organización y conducción de la vanguardia política de la juventud cubana.

El hecho cobra particular importancia porque en esa época en la Universidad Central aún no se había realizado el proceso de construcción del Partido. Por tanto, la UJC sería el único órgano de dirección política en la Casa de Altos Estudios.

Durante meses fue realizado el proceso. Y algo realmente bello fue el entusiasmo con que fue acogido el proceso por parte de toda la juventud universitaria. No se apreciaba falta de interés alguno, la invitación a las asambleas era masiva, general, sin limitación alguna, con las puertas abiertas y ni siquiera los más apáticos dejaron de participar y hasta a algunos se les veía levantando la mano, aprobando las buenas aptitudes y actitudes. Era una muestra de reconocimiento al mérito y también de respeto, de respeto al ejemplo, a la moral.

El Secretario General de la recién creada organización juvenil política, elegido por unanimidad, en diciembre de 1962, fue Marcos Abreu Murillo, quien más tarde, en octubre de 1963, es seleccionado para candidato a Presidente de la FEUC. Marcos era, sin lugar a dudas, el principal líder estudiantil. Y la decisión fue tan acertada, y el prestigio de Marcos Abreu de tal magnitud, que fue el indiscutible Presidente de la FEUC, el irrebatible dirigente de la masa estudiantil hasta el momento mismo de su graduación como ingeniero industrial.

Y no queremos esperar más para rendir sentido homenaje a nuestros queridos compañeros: A Casitas, a Marcos Abreu, a Peralta, a Ramito, a Gilda Sarah, a aquel valeroso compañero, participante en el levantamiento del 30 de Noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, nuestro querido Capitán Barcaz, a oficiales de nuestro Grupo de Artillería como Javier Peña Asencio, Pupi Gómez Perera, Eduardo Primelles, Osvaldo Pupo, al Tte. Ernesto Casado, uno de nuestros profesores cuando la Crisis de Octubre y que muriera en Angola durante una acción militar, ya con grados de Mayor y al resto de nuestros compañeros de aquella época, ya fallecidos y para quienes les un minuto de silencio.

(El auditorio y la presidencia del acto, de pie, guardan un minuto de silencio)

Convocadas las elecciones para suplir a Marcos, es elegido, por unanimidad, Agustín Broche González, Secretario General de la UJC en la Universidad, quien al igual que el primero era un ejemplo de estudiante, compañero de destacado protagonismo y con sólido prestigio en la masa estudiantil.

Marcos y Broche ganaron un lugar especial en el sentimiento de las masas estudiantiles, jugaron un eminente rol en el desarrollo político de aquel entonces y ambos ocuparon la cima de la Dirección de la FEUC y la UJC hasta el momento mismo de su salida de la Universidad.

Los recesos docentes entre uno y otro semestre y muchos fines de semana, eran utilizados en tareas importantes como la defensa, el trabajo voluntario de apoyo a las actividades de siembra y cosecha en empresas cañeras o de cultivos varios de la provincia así como en las construcciones que se desarrollaban en la Universidad.

Vale la pena destacar lo difícil que resultaba aquello para nuestras compañeras, a veces sin las más mínimas condiciones para el aseo, con baños forrados de sacos, hechos por nosotros mismos, en días de invierno, en sus días difíciles de cada mes, muchas veces durmiendo en hamacas, en ocasiones en el suelo, venciendo el miedo a los sapos, los ratones, las arañas, los alacranes y hasta a las lagartijas y cuántas veces resultaron destacadas en el trabajo empujando y motivando con ello a algún que otro moroso.

IMPULSO AL DEPORTE UNIVERSITARIO

El deporte fue, en aquella época, una de las actividades que recibió mayor impulso y que tuvo mayor participación espontánea por parte del estudiantado, practicantes unos, espectadores otros.

Con anterioridad a la llegada de los becados, el uso de las instalaciones deportivas era bastante limitado. Se hacía deporte pero solo unos pocos asistían, preferiblemente, a prácticas de baloncesto.

Se entrenaba en todas las disciplinas y se convirtió el área deportiva en el lugar de preferencia de atletas y espectadores, en sitio distinguido para el esparcimiento, donde se daban cita, sobre todo en los deportes por equipos, aquellos que se preparaban físicamente para la competencia y también acudían otros, con ánimos de distracción, sin menoscabo de la disciplina para enfrentar las obligaciones docentes.

Fue aquella una época de gloria del deporte universitario.

Uno de los eventos deportivos de más lucidez, lo constituían los Juegos Tri-Universitarios, denominados Tri- Universitarios porque en esa etapa solo existían, la legendaria Universidad de la Habana, la Universidad Central de las Villas y la Universidad de Oriente, alrededor de las cuales se enrolaba lo mejor del deporte universitario y del País de la época.

No podemos concluir este importante tema sin hacer mención a un grupo de destacadísimos atletas, que llegaron a escalar la cima, que subieron al podio internacional a recibir sus medallas, que pusieron el nombre del deporte cubano y del deporte universitario bien en alto y llegaron a constituirse como glorias deportivas.

Algunos no se encuentran definitivamente en el País, ni siquiera sabemos si viven pero no por ello debemos olvidar sus indiscutibles méritos. Otros están temporalmente fuera de Cuba, en misiones de trabajo ó personales y terceros, felizmente nos acompañan dando lucidez y prestigio a este encuentro.

Nos referimos en general a Ramón López Fleites, Humberto Medina, Jacintón González, Alina Expósito, Orlando Ruiz (el Zurdo de Oro), Omelio Borroto y Manolito Bravos, quien también llego a conformar el equipo nacional de baloncesto. Y también a Raúl García

Pero junto con este merecimiento a los compañeros que más alto llegaron en las lides deportivas, es justo reconocer el esfuerzo y los resultados de un grupo grande de atletas de nuestra Universidad, muchos de los cuales se encuentran aquí y que por años vistieron los colores de los Criollos, alcanzaron lugares de honor y obtuvieron medallas, que tanto nos alegraron con sus actuaciones y que incontables veces pusieron en alto la calidad de nuestros deportistas logrando, en no pocas ocasiones, el primer lugar en los juegos deportivos tri-universitarios.

DE NUEVO A LA DEFENSA

Luego del regreso a las aulas, en enero de 1963, tuvimos un período de aparente normalidad. Y digo aparente porque fue aquel un año en que se produjeron actividades y hechos de suma importancia en el acontecer universitario y en los cuales se vieron involucrados el contingente de becados y los miembros de la Unidad Artillera.

Arreciaron las convocatorias para los trabajos productivos; se produjeron las elecciones de la FEUC, lo cual demandó el despliegue de recursos y la participación masiva del estudiantado y sus principales dirigentes; se produjo una importante actividad en función de seleccionar los estudiantes que aspiraban a estudiar en los países socialistas y también la salida de estudiantes para estudiar medicina en la Universidad de la Habana.

Dado lo riguroso de la calidad de los compañeros para ambas selecciones, se produjo una salida de miembros del Grupo que afectó sensiblemente a nuestra Unidad, a lo cual tampoco escapó la Compañía Femenina del Batallón 316.

Otro acontecimiento notable fue la entrada del ciclón Flora, que afectó seriamente las provincias orientales al producir cuantiosos daños a la economía nacional. Y allá fueron nuestros estudiantes, nuestros artilleros constituidos ahora en contingente para la restauración de los daños, al frente del cual marchó el Presidente de la FEUC, Marcos Abreu, apoyado por Róger González; Benigno Gato, Camalote; Jorge Expósito, Perico; Fleites, y otros compañeros de reconocida autoridad para impulsar la ejecución de las tareas y mantener la disciplina.

Mientras, continuábamos con nuestra preparación combativa aprovechando cuanto receso había, los fines de semana, las vacaciones etc. que incluía clases metodológicas y llamados del Estado Mayor de Artillería para la preparación de los oficiales, entre ellos los nuestro Grupo.

Y un día, en el verano de 1964, nos llamó el Capitán Barcáz, Jefe de Artillería del Ejército del Centro para comunicarnos que haríamos un tiro real en el Polígono de Tiro de Corralillo.

¿Y cómo sería eso?, pregunté. Bueno, te he preguntado varias veces si están listos para la defensa y tú siempre dices que sí, vamos a comprobar si es cierto, respondió el Capitán, y agregó: ¡Ah, el tiro se hará con el personal con que dispone la Unidad, solo participará por el Estado Mayor un oficial controlador!

Comenzó entonces para nosotros un período de entrenamiento duro. Por un lado los compañeros de las piezas y por otro el resto de los oficiales con sus subordinados, cada cual respondiendo por la tarea que le tocaba asegurar.

En la fecha señalada, a las 12 de la noche, salimos en caravana por carreteras estrechas y con chóferes inexpertos. Algunos como Fernandito Bravo y Tirso Simó, dada sus estaturas apenas alcanzaban a los pedales del camión Zill-130.

Hicimos la travesía sin novedad, llegamos al campo de tiro, dispusimos Prepararse para el combate y comenzó a prepararse el tiro como está establecido, el correspondiente reglaje con las piezas, etc.

Cuando ya casi todo estaba listo, una de las piezas, la que comandaba Antonio Pairol, sufrió un desperfecto en el conjunto disparador… todo se detuvo, fuimos a revisar y comenzó un difícil y peligroso trabajo: Primero extraer el proyectil activado y luego apartarlo del área para su desactivación.

Los integrantes de la pieza dieron muestras de destreza y valentía y, en pocos minutos, continuamos la tarea de reglaje, di la orden de fuego al grupo completo y, el objetivo batido con el mínimo gasto de proyectiles.

La calificación: Excelente.

La precisión de los computadores, el excelente trabajo de observación, la rapidez y exactitud de las baterías, el control de los Jefes, todo funcionó como un reloj.

Luego de unos minutos de euforia, totalmente justificada pues realmente los resultados admitían el mayor de los elogios, ordenamos ¡Preparar para la marcha!

Hicimos el viaje de retorno, muy agotados pero también sin dificultades. Habíamos vencido, sin dudas, una prueba de fuego donde nuestra tropa dio sobradas muestras de voluntad, arrojo y disciplina. Habíamos dado un paso importante en ganar la confianza de nuestros jefes.

Luego del tiro, fueron retiradas las piezas. Les habíamos tomado cariño pero merecíamos ese descanso y además tranquilidad pues, sin dudas, el polvorín que almacenaba las granadas de guerra representaba un enorme peligro para la seguridad de la Universidad.

Para el Estado Mayor seguíamos siendo una tropa digna de tomarse en cuenta y cuando la Crisis de Mayo de 1966, fuimos llamados y distribuidos para apoyar los puntos principales para la defensa de Santa Clara.

Después seguimos participando en actividades de preparación, maniobras, ejercicios y otras responsabilidades pero con las graduaciones universitarias el Grupo fue menguando luego de más de 5 años de rica actividad.

CUMPLIENDO CON EL CHE, FIDEL Y LA REVOLUCIÓN

Y hoy, 50 años después, miramos el pasado con la satisfacción del deber cumplido en aquellos momentos difíciles y con ese orgullo que proporciona el haber dedicado lo mejor de nuestras vidas a consolidar la Revolución que posibilitó la realización de nuestros sueños y que nos marcó con una huella imborrable, con cuño seco.

Hoy nos despedimos todos mirando en los rostros de cada uno el placer de la misión cumplida y la imagen de hombres y mujeres de éxito.

¡Para los Artilleros, de piéééé!.

Como hace 50 años, ejecuten Himno de Artillería, Marchhh.

(Los artilleros de pie entonan el Himno de la Artillería, el resto del público escucha con respeto)

Es tiempo de satisfacción y orgullo.

De haber participado, activamente en aquella primera etapa de la gran transformación política e ideológica de la Universidad.

De orgullo y satisfacción por haber contribuido a hacer de nuestra Universidad Central una trinchera para la defensa de la Revolución, en momentos de amenaza enemiga.

Orgullosos y satisfechos de haber defendido los colores de la Universidad en las lides deportivas, incluso en la arena internacional

Orgullosos, muy orgullosos y satisfechos de haber contribuido, incondicionalmente, a la ejecución del programa de la Revolución y haber sido, hasta los días de hoy, fieles seguidores de las ideas del hombre más justo, más humano que ha conocido la historia de la humanidad actual: nuestro invencible Comandante en Jefe.

¡Que vivan Fidel y Raúl, Patria ó Muerte, Venceremos!

(Tomado de CAFÉ MEZCLADO, Blog del periodista PEDRO HERNANDEZ SOTO)

-FOTO: “Es el 30 de noviembre de 1952 cuando se inaugura la Ciudad Universitaria en el único edificio terminado, asignado entonces para la Facultad de Humanidades. Foto cortesía Revista Bohemia”: cafemezclado

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