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Rendezvous mit dem Tod

Enviado por en noviembre 21, 2012 – 0:07 am

El documental (2006) del realizador Wilfried Huismann sobre la conexión de Fidel Castro en el asesinato de JFK entusiasma de entrada. La viuda de Lee Harvey Oswald, Marina Nikolayevna Prusakova, atestiguó que su esposo rendía culto a Castro. De haber tenido hijo varón, lo hubiera llamado Fidel. El dueño de la casa donde Marina se restablecía del parto, Michael Paine, declaró que Oswald quería ser guerrillero en la lucha por un nuevo orden mundial. Un amigo de Oswald entre los marines, Nelson Delgado, aseveró que aquel adoraba también al comandante guerrillero William Morgan. Marina puntualizó a la Comisión Warren (WC): His basic desire was to get to Cuba by any means and all the rest of it was window dressing for that purpose. Sólo que el entusiasmo inicial declina desde que Gus Russo salta en los créditos como investigador.

Nada más que murió Kennedy, Lyndon B. Johnson (LBJ) insinuó que Castro estaba detrás, pero la Agencia Nacional de Seguridad interceptó y descifró las comunicaciones del gobierno castrista sin dar con indicios de la participación de La Habana o Moscú. Castro accedió a ser entrevistado en La Habana por un panel del Comité Selecto sobre Asesinatos de la Cámara de Representantes (HSCA) y convenció a todos de que no estaba tan loco como para conspirar contra la vida del presidente de EE. UU. No sólo por el riesgo de represalia demoledora, sino también porque LBJ era peor que JFK desde la perspectiva de Cuba. Así que la teoría sobre la conexión de Castro se desplazó al manejo de Oswald como agente y acabaría en el canto de cisne del Dr. Latell: Castro sabía que Oswald iba a matar a JFK y no advirtió a la Casa Blanca. La misma lógica con que se rebate por completo al Dr. Latell da cuenta también del ultimate secret elaborado por Russo —autor de Live By The Sword (1998)— sobre la base de la estancia de Oswald en Ciudad México.

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