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Los otros cohetes de octubre y el verdadero final de la crisis

Enviado por en noviembre 19, 2012 – 13:45 pm

Diego Trinidad, Ph.D.

Mañana hace 52 años que llegué de Cuba con mi padre.  El resto de la familia llegó a Miami tres días después, el 22 de noviembre de 1960.  Ya mis padres murieron y aquí estamos todavía.  Peor, como una vez le dijo mi abuelo Diego a un amigo que le pidió ayuda porque “estaba pasando mucho frío”, le contestó, “eso no es nada; lo que te falta por pasar”.  Esa ha sido nuestra triste historia por más de medio siglo, pero a pesar de todo, todavía muchos seguimos luchando, y así supongo que moriremos, ya que cada vez quedamos menos.  Pero como decía un lema del primer programa de radio en español que hubo en Miami, transmitido por la estación WGBS 710AM (Ahora Radio Mambí) a las 11pm, “Sin Libertad, la vida nada vale. Únete a la lucha contra el comunismo”.  Ahora podemos modificarlo para que diga, “Únete a la lucha contra la Izquierda Eterna”, una lucha mucho más dura y larga.  Por eso es que sigo escribiendo sobre nuestra trágica historia en el Exilio Histórico y ahora quiero agregar otra parte a mi último artículo sobre el cincuentenario de la Crisis de Octubre, ya que varios amigos me han pedido que explique con más detalles sobre los “otros cohetes”, los Júpiter que Estados Unidos había emplazado en Turquía en 1959 y los cuales formaron una parte esencial del “entendimiento” entre Kennedy y Khrushchev que supuestamente terminó con la Crisis.

Primero, un breve resumen histórico de los cohetes Júpiter.  Fueron los cohetes pioneros de alcance medio (MRBM), desarrollados de un prototipo creado por el gran científico alemán Wernher Von Braun en 1955.  Fabricado por Chrysler Corporation, usaba combustible líquido y tenía un alcance de 1200 millas náuticas.  Se emplazaron en Italia y Turquía en 1959, después que Francia bajo DeGaulle se negó a recibirlos.  Pero los Júpiter siempre fueron cohetes de transición.  En otras palabras, ya cuando se emplazaron en 1959, otra serie de cohetes de medio alcance basados en tierra, pero especialmente los Polaris basados en submarinos nucleares, estaban siendo desarrollados.  Por eso es que los Júpiter fueron considerados casi desde su emplace inicial como obsoletos.  No porque fueran inútiles militarmente, sino porque otros mejores y más adelantados estaban planeados.  Además, como estaban basados sobre tierra, al descubierto y sin camuflaje ni protección, se les consideró siempre muy vulnerables a cualquier ataque soviético.  En verdad, fueron armas más bien simbólicas, como un alarde abierto del poderío atómico americano y la gran amenaza que sus armamentos nucleares representaban para Rusia durante la Guerra Fría.  En aquellos tiempos, pocos cuestionaban la utilidad o siquiera la racionalidad, de gastar millones de dólares en simbolismos.

Los cohetes Júpiter han sido, por medio siglo, no solo los “otros” cohetes de la Crisis, sino que han sido ignorados y hasta olvidados por casi todos los historiadores de la Crisis hasta recientemente.  Solo hay un libro sobre los Júpiter, The Other Missiles of October, por Philip Nash, publicado en 1997. Pero en realidad, se puede decir que los Júpiter de cierta manera, iniciaron y terminaron la Crisis y esta es una gran ironía.  Pero como es el caso de tantos mitos históricos, ha llegado la hora  de darle su lugar en la historia de la Crisis a estos “obsoletos” cohetes.  En primer lugar, los Júpiter fueron el germen de la idea de Khrushchev de introducir cohetes ofensivos en Cuba.  Ya es algo aceptado que esta idea surgió en abril de 1962 durante una conversación entre el Ministro de Defensa ruso, el Mariscal Rodion Malinovsky y Khrshchev en su casa de verano en Pitsunda, en las orillas del  Mar Negro.  Khrushchev famosamente le preguntó a Malinovsky ¿”Por qué no ponemos uno de nuestros erizos dentro de los pantalones de los americanos”? (Erizos le llamaban los rusos a sus cohetes de alcance intermedio SS-4; “pantalones de los americanos” se refería a Cuba).  Esta conversación solamente está citada en el libro The Rise and Fall of the Soviet Empire, del respetadísimo Coronel General y gran historiador ruso Dmitri Volkogonov.  Pero la reputación de Volkogonov es tal (también escribió biografías definitivas de Lenin, Trotsky y Stalin), que la conversación se acepta como si existiera una grabación de ella.  Y por  propia admisión de Khrushchev y considerable evidencia adicional, para el líder ruso, la presencia de los cohetes Júpiter en Turquía, los cuales según él podía ver a través del Mar Negro en un día claro (por supuesto que esto no es verdad; ni con un telescopio los podía ver), era un irritante continuo, era como un cáncer que diariamente afectaba y provocaba a Khrushchev.  En segundo lugar, la retirada de los Júpiter de Turquía no solo fue una parte integral del entendimiento entre Kennedy y Khrushchev que puso final a la Crisis, sino mucho más que eso.  El entendimiento no fue en verdad un trato de retirar los cohetes rusos de Cuba a cambio del levantamiento de la cuarentena a Cuba y la promesa de no invadir por parte de Estados Unidos.  No, el entendimiento fue un intercambio de cohetes: los rusos en Cuba por los americanos en Turquía. Solo que esto se mantuvo secreto y el mito aceptado fue lo publicado y alabado desde entonces.

La política de emplazar los cohetes Júpiter en 1959–15 en Turquía, 30 en Italia—fue heredada por la nueva administración del Presidente Kennedy de la del previo Presidente Eisenhower, igual que también fueron heredados los planes para una invasión de Cuba.  Con los planes de la invasión bien se sabe que fueron drásticamente cambiados hasta el punto de emascular la operación y garantizar su fracaso.  Esa es una mancha imborrable para el legado histórico de John Kennedy: haber aprobado la invasión bajo esas circunstancias.  Pero sobre los Júpiter en Turquía y en Italia, aunque su emplazamiento fue revisado por la nueva administración, nada se hizo, todo quedó igual.  Una vez más, durante la Crisis y después, mucho se escribió del “problema” de Kennedy y su consternación cuando se enteró que los Júpiter de Turquía no se habían retirado, tal como él había ordenado meses antes.  Pero esto es completamente falso, ya que desde el primer día en que el Executive Committee, el Excomm, como siempre se ha conocido, se reunió en la Casa Blanca el 16 de octubre la presencia de los Júpiter en Turquía—y su posible intercambio por los cohetes rusos en Cuba—se comenzó a discutir por todos los asistentes.  Esto está más que probado por las grabaciones secretas, pero sin embargo, loa apologistas de Kennedy han logrado falsificar la historia desde que apareció el primer libro sobre el tema, The Missile Crisis, escrito por el corresponsal de la Cadena ABC Elie Abel en 1966. 

El intercambio de los Júpiter en Turquía por los cohetes rusos en Cuba se discutió abiertamente durante casi todas la deliberaciones del Excomm durante la Crisis, pero entre el 20 y el 26 de octubre, la posibilidad se descartó, incluyendo por el presidente, por motivos políticos.  Estados Unidos no estaba dispuesto, sobre todo después del discurso de Kennedy televisado nacionalmente el 22 (el Presidium recibió una copia del discurso una hora antes) a aceptar nada a cambio de la retirada de los cohetes rusos de Cuba.  Eso era algo incondicional.  Claro que casi inmediatamente se comenzaron a considerar alternativas—incluyendo la retirada de los Júpiter.  Pero nada se hizo público hasta el intercambio de cartas entre Kennedy y Khrushchev el 26 y 27 de octubre.  Ahora se sabe bien—y se acepta como otro gran mito—que el intercambio de los cohetes en Turquía por los de Cuba se ofreció secretamente a Khrushchev a través del Embajador ruso en Washington Anatoly Dobrynin por el Fiscal General de EU y hermano del presidente, Robert Kennedy en la noche del 28 de octubre.  De la misma manera, sigue aceptado otro mito por casi todos los historiadores de la Crisis, que gracias a Robert Kennedy en esa reunión con Dobrynin se resolvió la Crisis.  No es verdad.  Cuando el mensaje de Dobrynin llegó al Kremlim, ya Khrushchev había decidido retirar los cohetes de Cuba a cambio, básicamente, de la promesa de no invasión, aunque también se prometió terminar la cuarentena a Cuba.  Pero sin incluir la retirada de los Júpiter de Turquía.  Pasaron solo unas horas, y cuando la oferta de retirar los Júpiter se recibió, esto provocó júbilo entre los miembros del Presidium puesto que se consideró como una inesperada bonanza.  Pero como la oferta se condicionó a que el intercambio de cohetes se mantuviera secreto, cuando Khrushchev anunció—por radio, ya que Dobrynin había enfatizado la urgencia de contestar en menos de 24 horas—que aceptaba retirar los cohetes rusos de Cuba, no se mencionaron los Júpiter de Turquía como parte del trato.  Ni tampoco se mencionó después por ninguno de los dos bandos, ni siquiera cuando los Júpiter se retiraron de Turquía—como prometido por Robert Kennedy—en abril de 1963, ya que esto se hizo discretamente, sin ninguna publicidad.

Khrushchev, como se conoce, envió DOS cartas a Kennedy el 27 de octubre.  En la primera, identificada como una carta larga, casi incoherente, llena de faltas gramáticas y borrones, Khrushchev aceptó retirar los cohetes rusos a cambio de una promesa de Kennedy de no invadir a Cuba Según el Embajador americano en Moscú Foy Kohler, quien recibió esa carta en la embajada de Moscú en la madrugada, Khrushchev parecía aterrorizado y quizás estaba borracho cuando personalmente escribió la carta a mano (así se le entregó a Kohler).  La carta se recibió con cierto alivio en Washington porque parecía el final de la Crisis. Pero horas más tarde, se recibió una segunda carta.  Esta era distinta, bien redactada y concisa, y contenía una condición adicional crucial: la retirada de los Júpiter de Turquía.  La segunda carta cambió el panorama en la reunión casi continua del ExComm en Washington, sobre todo para el presidente.  En más de ocho horas entre el 27 y el llamado “sábado negro”, octubre 28, Kennedy parecía, de acuerdo con las grabaciones secretas, un hombre obsesionado con el asunto de Turquía, además de mostrar un gran temor de que, debido a esa nueva condición, una operación militar contra Cuba era inevitable—y con eso, la guerra nuclear.  Además, casi solo entre todos los “miembros”del ExComm, Kennedy estaba decidido a incluir los Júpiter para lograr un acuerdo, si esto era necesario. Pero, otra vez en contra del mito, el Asesor de Seguridad Nacional McGeorge Bundy (no Robert Kennedy) sugirió contestar a la primera carta e ignorar la segunda, lo que ha pasado a la historia como la estratagema Trollope (por el escritor inglés Anthony Trollope del siglo 19 quien utilizó algo parecido en una de sus novelas).  Así se hizo, aunque Kennedy aprobó responder a la primera carta contra su voluntad y convencido que Khrushchev no aceptaría que su segunda carta fuera ignorada.  La condición de retirar los Júpiter de Turquía no fue realmente ignorada, solo no mencionada específicamente (la carta decía que la retirada de los cohetes rusos de Cuba “relajaría tensiones mundiales” y facilitaría “un arreglo más general sobre otros armamentos”).  Y contrario a las expectativas de Kennedy, Khrushchev SI aceptó la respuesta a su primera carta.  Claro que bien se sabe, el trato final incluyó el intercambio de cohetes, aunque esto se mantuvo en secreto.  Irónicamente lo que NO incluyó, a pesar del mito, fue una promesa formal de que Estados Unidos no invadiría a Cuba.  Más adelante explicaré en detalle lo que se acordó en el entendimiento final, que no fue siquiera lo incluido en el intercambio de cartas entre los dos líderes el 28 de octubre.

Durante las deliberaciones del ExComm cuando se discutió el posible retiro de los Júpiter de Turquía, muchos pensaban que los aliados de la OTAN no aceptarían la retirada de los Júpiter, sobre todo bajo presión (los Júpiter eran parte del armamento de la OTAN y legalmente pertenecían a Turquía, aunque solo los cohetes y no las cabezas nucleares, que pertenecían, y eran controladas, por Estados Unidos).  Pero resultó todo lo contrario.  Los aliados lo consideraron favorablemente, sobre todo Gran Bretaña.  Pero no los turcos.  De hecho, el 27, cuando el embajador ruso amenazó al Premier turco con la guerra si los Júpiter no eran retirados, el Primer Ministro turco Ismet Inonu despectivamente contestó” “No me haga reír”.  Pero también de hecho, aunque los turcos no aceptaran y crearan divisiones dentro de la OTAN (nunca sería necesario, ya que los Júpiter serían substituidos por más adelantados Polaris), Kennedy había preparado una última opción si los Júpiter tenían que ser retirados de Turquía.  Esto se reveló en 1987 por el ex Secretario de Estado Dean Rusk en una conferencia conmemorando el 25 aniversario de la Crisis en Hawk Cay, Florida.  Rusk informó a los asombrados conferencistas que se habían confeccionado dos planes, uno que los turcos ofrecieran retirar los Júpiter como parte de la resolución de la Crisis.  Pero más específicamente, el segundo incluía que el funcionario americano de la ONU Andrew Cordier ofreciera al Secretario General de la ONU U Thant que este propusiera (con consentimiento americano) a Rusia la retirada de los Júpiter como solución a la Crisis.  No fue necesario, pero Kennedy estaba dispuesto a hacerlo y a anunciarlo públicamente con tal de resolver la Crisis.  Por cierto, cabe decir dos cosas adicionales sobre el acuerdo secreto de retirar los Júpiter.  Primero, Robert Kennedy le pidió a Dobrynin, como un favor personal, que convenciera a Khrushchev mantener secreto el acuerdo, ya que el presidente, y él, Robert, se estaban comprometiendo de palabra a retirar los cohetes en 5 o 6 meses (se retiraron en abril), y que esto podía afectar sus ambiciones políticas futuras si se revelaba (de cuerdo con Dobrynin en sus memorias).  Segundo, para Khrushchev personalmente esto fue muy importante, ya que pudo informar al Presidium, y sobre todo a los militares, quienes se sintieron de cierta manera traicionados por la retirada de los cohetes de Cuba, que la amenaza de los Júpiter había desaparecido gracias a su sagacidad.  Eso no lo ayudó tanto como él pensaba, pues dos años después, en octubre de 1964, fue depuesto como líder de la Unión Soviética en gran parte gracias a sus decisiones durante la Crisis. 

La Crisis, como ahora se sabe, sobre todo después de la reciente publicación del libro The Fourteenth Day: JFK and the Aftermath of the Cuban Missile Crisis, escrito por el historiador David Coleman, no terminó el 28 de octubre.  Este fascinante libro, basado en las grabaciones secretas desde el 29 de octubre hasta abril de 1963, incluye detallados relatos de todas las negociaciones para, primero, verificar que los cohetes rusos se retraban de Cuba, y segundo, para también retirar los bombarderos rusos IL-28 de Cuba.  Habían discrepancias sobre si estos aviones, considerados obsoletos, pero con un alcance de 800 millas y contando con seis bombas atómicas, lo cual Estados Unidos ignoraba y consecuentemente Rusia podía haberlas mantenido en Cuba en secreto.  Esto, junto con la presencia de cohetes tácticos (Lunas y FKR) en Cuba y su posible permanencia, ha sido tema de actualidad desde que la autora Svetlana Savranskaya revelara que los rusos quizás habían considerado dejarlas en Cuba.  Pero sobre todo después que Khrushchev recibió la famosa “carta del Armagedón de Castro el 27 de octubre sugiriendo un ataque nuclear de Rusia a Estados Unidos si Cuba era invadida, si en algún momento consideró esta posibilidad (lo cual yo dudo en extremo), la descartó cuando se dio cuenta de la demencia de Castro. 

La cuestión de la verificación de la retirada de los cohetes rusos de Cuba es crucial y así lo fue en aquellos días.  La presión de los militares americanos sobre Kennedy por el enorme peligro de los cohetes, ahora posiblemente operacionales si no se verificaba su retirada de Cuba era casi intolerable.  El peligro existía de hecho.  Y como Castro se negó rotundamente a permitir inspecciones en Cuba por nadie, incluyendo la ONU y la Cruz Roja ¿cómo verificar la retirada de los cohetes?  Solo había dos formas y las dos eran muy riesgosas.  Una era con los vuelos de aviones U-2 sobre Cuba.  Pero las fotos tomadas por los U-2, aunque revolucionarias en aquel tiempo, no eran lo suficientemente detalladas para asegurar que los cohetes ya no estaban.  Mucho menos podían descubrir si los cohetes habían sido escondidos, como muchos críticos clamaron, en cuevas en Cuba.  Además, y más importante, ya un U-2 había sido derribado el 28 de octubre. ¿Cómo asegurar, sobre todo con la posibilidad de que las bases de cohetes SAM (superficie-aire) quedaran en manos cubanas, que esto no sucedería otra vez?  La otra era de utilizar aviones supersónicos en vuelos a baja altura (200 pies) para conseguir fotos más detalladas.  Pero en esto había aún más riesgo, ya que las baterías anti-aéreas SI estaban controladas por los cubanos y ya desde el 28 de octubre estaban disparando contra estos aviones de reconocimiento.  Eran muy rápidos y era casi imposible para las baterías anti- aéreas impactarlos, pero las probabilidades aumentaban con muchos vuelos diarios sobre Cuba.  En definitiva se utilizaron ambas formas, pero nunca se supo absolutamente que los cohetes habían sido retirados.  Lo más que se logró fue que los rusos permitieran a los barcos americanos fotografiar los cohetes cubiertos por lonas en sus cubiertas, las cuales se levantaban para “enseñar” los cohetes.  Pero nadie los inspeccionó físicamente y los barcos rusos no fueron abordados.  En definitiva, Estados Unidos aceptó la retirada de los cohetes rusos de Cuba, pero más un acto de fe que una razón comprobación de hecho.

Los bombarderos IL-28 se retiraron de Cuba el 20 de noviembre y ese mismo día la cuarentena se levantó.  Pero sobre los cohetes Luna (la presencia de los FKR nunca se detectó; solo se sospechó), los cuales los militares americanos estaban convencidos que contaban con cabezas nucleares, y sobre las tropas rusas—42,000 en total, nada se hizo.  Kennedy sencillamente decidió dar por terminada la Crisis con la retirada de los IL-28 (los cuales en realidad no se retiraron hasta fines de diciembre) y confiar en Khrushchev.  Pero esta imposibilidad de verificar la retirada de los cohetes tuvo una consecuencia inesperada, sobre todo para Cuba.  Como eso era una parte esencial del entendimiento entre Kennedy y Khrushchev, y como no se cumplió, la garantía de no invasión también quedó invalidada.  Que esto se entienda de una vez por todas.  No hubo ninguna garantía de que Estados Unidos NO invadiría a Cuba como resultado del final de la Crisis.  Por lo menos no a finales de noviembre cuando la Crisis “oficialmente terminó.  La garantía de no invasión no se produjo hasta 1970, cuando el Asesor de Seguridad Nacional del Presidente Nixon, Henry Kissinger, acordó con el Embajador ruso Dobrynin—por escrito—ofrecer esa garantía a cambio de incluir en el acuerdo que a los rusos se le prohibía la introducción de submarinos nucleares en Cuba, además de cohetes.  Así terminó realmente la Crisis.  Pero este acuerdo por escrito nunca fue ratificado por el Senado y nunca se ha revelado.  De manera que al final, seguimos en las mismas.  Todavía no se sabe como terminó la Crisis de Octubre.

Una nota final y una gran ironía.  Khrushchev introdujo los cohetes en Cuba como parte de una jugada para ganar la Guerra Fría, eso es verdad (aunque no es generalmente aceptado), pero su motivación principal no fue, como ha pasado a la historia, proteger a Cuba ni garantizar la revolución, aunque eso fue lo que sucedió y así ha sido por medio siglo.  No, lo principal para Khrushchev era resolver el problema de Berlín, consiguiendo que los aliados se retiraran de la capital alemana.  No lo consiguió.  Pero por otro lado, Berlín nunca más fue un tema de discordia entre Estados Unidos y Rusia.  Un clásico resultado de la Ley de Consecuencias No Intencionadas.

ALGUNOS COMENTARIOS ADICIONALES 

Difícil como parezca, todavía hay mucho que escribir sobre este tema, mi favorito en toda la historia de Cuba y sobre el que llevo 45 años investigando y escribiendo.  No solo existe ese acuerdo por escrito firmado en 1970 y que se ha mantenido secreto—no se sabe cuando, o si en algún momento, se revelará—sino que hay otras ramificaciones que todavía no se han explorado del todo.  Hay varios otros aspectos de la Crisis que los interesados en el tema deben tener siempre en cuenta, y esto es el contexto del mundo de 1962 comparado con el presente.  Por ejemplo, en un reciente—y excelente—documental sobre la Crisis, Cuban Missile Crisis: Three Men Go to War, presentado en PBS el 22 de octubre pasado, el escritor Michael Dobbs (One Minute to Midnight, el mejor libro sobre la Crisis), señala que en 1962, enviar un mensaje codificado desde la embajada americana en Moscú al Departamento de Estado en Washington, tomaba ¡12 horas! las cuales incluían un viaje de 15 minutos de la embajada a la oficina de Western Union en Moscú—en bicicleta.  No había comunicación directa entre la embajada y el Departamento de Estado y se demora horas en codificar y decodificar el mensaje, además de horas adicionales en transmitirlo por teletipo.  No existían ni siquiera las líneas directas seguras, mucho menos los telefaxes o computadoras.  O sea, las comunicaciones eran muy primitivas, pero los eventos de la Crisis se sucedían en tiempo real  ¿Cómo tomar decisiones en minutos cuando obtener la información tomaba horas?

De la misma manera, hay que entender las dificultades casi increíbles que los líderes, sobre todo Kennedy, tenían que enfrentar cuando se ignoraba que habían submarinos con torpedos nucleares cuyos capitanes no sabían lo que sucedía en la superficie porque no podían comunicarse con Moscú (se enteraron del fin de la Crisis el 28 de octubre cuando uno de ellos fue forzado a emerger por el acoso de los destroyers americanos, lo cual casi provoca al capitán a disparar uno de los torpedos).  O peor, que habían cohetes tácticos con cabezas nucleares, los cuales sin duda alguna (a pesar de la prohibición de Moscú) hubieran sido utilizados contra tropas americanas en caso de una invasión.  Un emplazamiento de cohetes cruceros FKR en Mayarí Alto, nunca descubierto, podía lanzar uno de estos FKR a la Base Naval de Guantánamo y vaporizarla en ¡dos minutos!  ¿Cómo juzgar a Kennedy por no ordenar acciones militares con estas consecuencias—que se conocen hoy, pero no entonces?  Sin embargo, por ejemplo, yo todavía considero que bombardear las bases de cohetes en Cuba, especialmente bombardear al menos la base de SAMs emplazada en Banes, desde donde se lanzó el cohete SAM que derribó al U-2 americano el 28 de octubre, no hubiera tenido consecuencias mayores.  Pero ¿cómo saberlo?  Pero estas decisiones siempre han tenido que tomarse en la historia bajo situaciones similares.  Pero se han tomado.  Algunas han tenido graves resultados.  Otras han evitado resultados peores.  En fin, esto es la esencia de lo que se requiere en un líder.  El punto es que no es tan simple decir que Kennedy actuó indecisamente o peor, cobardemente.  Ese tipo de juicio moral se debe evitar porque casi cualquier decisión equivocada tenía consecuencias terribles.  Kennedy probablemente actuó (o no actuó) como el juzgó era lo mejor, y en realidad, no se puede discutir mucho sobre los resultados de su actuación.  ¿Qué podía haber hecho más por presionar a Khrushchev digamos para que abandonara completamente a Cuba o suspendiera todo tipo de ayuda a la isla?  Probablemente. ¿Qué fue el ganador en la Crisis?  Claro que no, no hubo ningún ganador, excepto que todos ganamos porque se evitó una guerra nuclear.  Pero sí hubo perdedores.  Khrushchev fue en más prominente, excepto por todo el pueblo de Cuba.  Con la garantía para la revolución que resultó del entendimiento entre los dos líderes que puso fin a la Crisis, los cubanos fueron condenados a padecer el régimen castrista por medio siglo.

Hay más, mucho más.  Un tema que no ha sido explorado por nadie que yo sepa, excepto por mí en mi disertación doctoral hace 40 años, es el efecto que las tropas rusas en Cuba tuvo al “liberar” a 30,000 milicianos castristas para “limpiar” al Escambray de opositores al régimen.  Es verdad que las tropas rusas estaban acuarteladas y apartadas de la población, y es verdad que Castro contaba con quizás 200,000 milicianos o tropas regulares en 1962 para reprimir la oposición.  Pero el hecho cierto es que hasta que las tropas rusas llegaron a Cuba, la “limpieza” del Escambray no se puso en práctica.  ¿Alguien puede dudar que las tropas rusas, sobre todo comandadas por el represor de la rebelión popular de Novocherkassk (en junio de 1962), el General Pliyev (una de las razones que Khrushchev lo nombró para comandar todas las tropas rusas en Cuba), no hubieran aplastado cualquier rebelión popular similar en Cuba?  Mientras tanto, desde entonces—fines de 1962—nunca más hubo una oposición activa de miles de cubanos contra el régimen, y eso también fue un resultado indirecto de la Crisis.

Finalmente, hay que considerar en detalle (mucho más de lo que puedo hacer ahora) la actuación de Khrushchev durante la Crisis, o más bien, la falta de actuación del líder ruso.  Se equivocó al jugárselo todo basado en su apreciación de que Kennedy era un líder débil y se plegaría a sus amenazas y chantaje nuclear de ser presentado con un fait acompli de cohetes operacionales en Cuba ¿Pero por qué no tomó ninguna decisión cuando Kennedy lo confrontó con un ultimátum de retirar los cohetes de Cuba cuando fueron descubiertos?  Podía, por ejemplo, como muchos en la administración, empezando por Kennedy, haber actuado en Berlín.  O al menos podía haber amenazado con hacer algo en Berlím.  Pero nada hizo.  Se quedó como paralizado por la actuación, para él, enérgica e inesperada de Kennedy, cuando los cohetes fueron descubiertos.  ¿Sería porque fue él quien se acobardó? Definitivamente hay evidencia de su terror al enfrentar la probabilidad real de una guerra nuclear que él sabía muy bien que resultaría en la destrucción total de Rusia debido a la gran inferioridad entre los dos países en cohetería intercontinental. Pero un gran apostador como Khrushchev ¿no hacer nada en respuesta al ultimátum americano?  Después de todo, Kennedy era quien carecía casi de alternativas salvo ordenar un ataque aéreo a las bases de cohetes en Cuba.  La pasividad de Khrushchev fue tal que es por eso que se lamenta que Kennedy no lo presionó para resolver de una vez por todas el cáncer que Cuba ha sido para el mundo en 50 años.  En resumen, estas consideraciones y preguntas sin respuesta son las que muestran todo lo que hay por investigar y por escribir sobre la Crisis de Octubre.  En algún tiempo, quizás intentemos cubrir algunos de estos tópicos a mayor profundidad.

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