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La historia de USA según Stone & Kuznick

Enviado por en noviembre 14, 2012 – 0:07 am

Pedro Pablo Bilbao

Este lunes comenzó —a las 8 de la noche por Showtime— la serie de diez episodios The Untold History of the United Status. Enseguida se despegó la etiqueta de untold: se trata de la historia de EE. UU. retold por el cineasta Oliver Stone, con auxilio del historiador Peter Kuznick (Universidad Americana, Washington) y la bomba atómica como eje explicativo del lado oscuro de EE. UU. Así, la segunda guerra mundial se narra —con voice off del propio Stone— tal y como se aprende en Cuba: por Lecciones de la segunda guerra mundial 1939-1945 (Agencia Novosti, 1979), de Oleg Rzheshevski, y otros libros soviéticos. Stone subraya no sólo que la Unión Soviética ganó la guerra, sino también que Stalin pactó con Hitler e invadió Polonia, Finlandia y los estados bálticos porque Francia e Inglaterra se abstuvieron de pactar antes con la URSS a instancia de Stalin. La tesitura de EE. UU. se define con la intervención del senador demócrata Harry Truman (1884-1972) ante sus colegas en 1941: si Alemania se perfilaba como ganadora de la guerra, EE. UU. debía ayudar a Rusia, pero si Rusia se vislumbraba como ganadora, habría que ayudar a Alemania.

Tal y como hizo en JFK (1991), Stone entresaca pasajes para armar su historia en un tren tan lógico que los episodios siguientes se tornan previsibles. El próximo lunes nos espera sin remedio que, siendo ya presidente, Truman mandó a lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki no para evitar miles y miles de bajas estadounidenses en la invasión al Japón que no se rendía, sino para consolidar a EE. UU. como potencia dominadora mundial. Y Japón no depondría las armas como consecuencia de aquellos bombazos, sino más bien por la irrupción del Ejército Rojo en Manchuria.

Ya en los avances del próximo episodio se advierte que Stone sucumbirá a la tentación historiográfica del if. Si el vicepresidente no hubiera sido Truman, aupado por los cuadros del Partido Demócrata en la Convención Nacional de Chicago (1944), sino el vicepresidente (1941-45) Henry Agard Wallace (1888–1965), amigo de la URSS, las bombas atómicas no se hubieran lanzado, el complejo militar-industrial hubiera sido frenado y la Guerra Fría no hubiera sobrevenido. La Casa Blanca y el Kremlin habrían estrechado su alianza en la posguerra y el mundo hubiera sido mejor.

El problema estriba en que al entresacar pasajes en función de una historia predeterminada, esa historia queda siempre expuesta al sablazo de otros pasajes. A poco de asumir la presidencia, por ejemplo, Truman escribió a su esposa: I like Stalin. He is straightforward. Knows what he wants and will compromise when he can´t it (Nicholas Thompson, The Hawk and The Dove, Nueva York: Henry Holt and Co., 2009, página 47).

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