Cuba

Noticias, notas y artículos sobre Cuba

Colaboraciones

Artículos y ensayos de colaboradores

Correo

Opiniones y cartas del lector

US-Mundo

Noticias y notas sobre Miami, US y el mundo

ei

Artículos y ensayos de Emilio Ichikawa

Inicio » ei

La comicidad del ejercicio descarado del mal

Enviado por en noviembre 9, 2012 – 8:17 am

Emilio Ichikawa

Algunos compatriotas de cierta edad recordarán (como muy simpática) una escena de la película Alicia en el pueblo de maravillas en que el actor Carlos Cruz le pedía a gritos a Nuestro Señor Jesucristo debajo de un intenso aguacero: “¡Yo quiero ser un hijo de puta!”. Es decir, yo quiero ser alguien a quien la maldad le fluya naturalmente: Desternillante. Eduardo del Llano, co-guionista de Alicia en el pueblo de maravillas, cuando era artista aficionado de la FEU hizo un día en los jardines de la Facultad de Filosofía un sketch de “humor negro” donde un personaje muy malo llegaba, se sentaba en un banco, y decía con cierto gozo a los socios: “Ah… Por fin… Se partió el puro”: Atacante.

Para morir de risa era aquel animado donde un muñequito advierte de modo amenazante: “Atención a todos los animales del bosque: Si no me dejan hacer lo que me da la gana, le voy a meter candela al bosque”. En la telenovela brasileña “La esclava Isaura” hay una escena que convirtió a Cuba en una inmensa carcajada. Cuando el malvado Leoncio se entera que Isaura se va a casar, dice con despecho: “¡Cuánto me alegro, así me puede dar muchos esclavitos!”. Para no hablar de aquella “aventura” del ICRT donde Abdi Aga, Príncipe de mil aldeas, canta mientras se come un muslo de pollo tras la noticia de la muerte de Mehmed, el Halcón: “Ya no hay Mehmed, ya no hay Halcón… Solo hay Aga…”: Comiquísimo

No se trata de insanidad mental; es que la presencia descarada del mal es tan brutal que porta como relajante una comicidad implícita. La imagen de la desnudez del mal va más allá de la práctica misma de la maldad y hasta presupone su abstención. El mal exige embalaje y embaraje; que se le adorne o al menos que se le disfrace de una lógica que le haga potable. La “inevitabilidad” del mal es a veces parte de su propio argumento, pues se le presenta como si otra cosa no se hubiera podido hacer; como si en determinadas circunstancias, fuera la única alternativa posible. Cuando no la es. Para avalar el mal a veces también se le disfraza de convicción, como algo que su practicante creyera con mucho criterio; cuando la mayor parte de las veces el mal intranquiliza y remuerde. Los cubanos, que no somos buenos argumentadores, ni grandes lógicos, justificamos el ejercicio del mal usando la llamada “voz alta” y adjuntándole una buena batería de gestos. O extremando el lenguaje si se trata de escritura. Hay evidencias crecientes de que la profesión descarada de la maldad es un exhibicionismo que solo esconde una persona buena con un dolor muy profundo.

Si usted revisa la retórica de las decisiones políticas que le han afectado y que por tanto considera “malas de hecho”, podrá corroborar que las mismas se pasaron bajo el argumento de que le iban a favorecer. La tenebrosa frase “Solución final”, con la que se suele identificar el proyecto de exterminio del pueblo judío, lleva implícito un significado relativo a la erradicación de males (“solución”). Los pasajes de nuestra historia que algunos cubanos vemos hoy como capítulos inequívocos del ejercicio de la maldad nacional, muchas veces se consumaron bajo las mismas consignas de libertad y democracia que nos entusiasman. No quiero decir que se renuncie a esas palabras/valores, solo que hay que tener cuidado si se da la oportunidad de implementar justicia (no se dice “venganza”). En ese caso los nuevos fiscales deben tener en cuenta que la tolerancia no solo es aceptar que uno pudiera estar equivocado, sino aceptar que lo más seguro es que uno mismo es quien está realmente equivocado.

-FOTO: Mata jugando (El Huracán Sandy destruye un campo de golf en NJ/WNY): por Geandy Pavón

Share