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JFK, Oswald y Castro: doble torcedura de Latell

Enviado por en noviembre 30, 2012 – 13:04 pm

Arnaldo M. Fernandez

Al ser interrogado en 1964 por la CIA, AMMUG-1 no se refirió al cónsul cubano Alfredo Mirabal, a quien Latell identifica como «jefe entrante de la estación de la DGI en Ciudad México» para retorcer su testimonio al HSCA: «En momento de extraño descuido, [Mirabal] admitió que había preparado un informe sobre Oswald para el cuartel general de la DGI».

Así se confirmaría que Castro supo de Oswald antes del asesinato de JFK, pero «el cuartel general de la DGI» es una prótesis implantada por Latell.

En su testimonio al HSCA Mirabal aludió una sola vez a informe: «Mi colega Azcue trajo todos estos documentos y toda la información a mi buró para mi informe. Fue entonces que hablé con el cónsul soviético y al mencionárselo me dijo que, efectivamente, Oswald había solicitado visa para la Unión Soviética, pero se le advirtió que la respuesta demoraría unos cuatro meses. Y esa es la razón por la cual incluí ese detalle como nota al pie en la información enviada a La Habana».

Mirabal se refiere obviamente a su informe de cajón al Ministerio de Relaciones Exteriores sobre la solicitud de visa en tránsito formulada por Oswald el 27 de septiembre y procesada en La Habana el 10 de octubre de 1963 (Foto JFK Exhibit F-408).

Latell urde otro indicio: que «Oswald probablemente atrajo por primera vez la atención de la DGI varios años atrás, cuando era un joven marine que prestaba servicio en el sur de California». A tal efecto retuerce la transcripción (CIA Russ Holmes Work File, JFK 104-10400-10162) de la conversación por teléfono entre Luisa Calderón (LUISA) y un colega (HF), que la CIA interceptó en Ciudad México a las 5:30 pm del 22 de noviembre de 1963. Sin embargo, esta conversación descarta por entero todo conocimiento previo de la DGI sobre Oswald:

«LUISA interrumpe y pregunta si era un gringo quien lo mató [a Kennedy] y HF responde que sí, pero agrega que había estado en Rusia y querido adquirir la ciudadanía rusa, pero Rusia no había querido naturalizarlo… LUISA se sorprende y dice: ‘Oye, ¡ellos saben cosas allá!’

HF: Sí, que él habla ruso muy bien y, además, este tipo había ido con las fuerzas de Fidel a la Sierra [Maestra], o quería hacerlo, algo así, quién sabe cómo fue [Yo] estaba comiendo con algunos amigos (…) cuando alguien llegó y dio [la noticia], pero no la creyeron hasta que él dijo que pusieran la radio; así lo hicieron y entonces se enteraron; que lo último que habían oído, momentos antes, era que el tipo era un tal OSWALD…

LUISA: Pero ellos sabían ya que hablaba ruso y pertenecía al Comité Pro-Cuba; ellos sabían ya que él quería naturalizarse, pero él no ha confesado.

HF dice que ella tiene razón y añade que puede ser que ellos trataron de encontrar, digamos, una solución con él, porque (…) nosotros pensamos que si hubiera sido (…) uno de los segregacionistas o contrarios a la integración quien mató a Kennedy, entonces cabía, digamos, la posibilidad de que estallara una suerte de guerra civil en los Estados Unidos».

Ni Calderón ni Mirabal sugieren de ningún modo que la DGI conocía a Oswald y mucho menos que tenía expediente abierto desde que sirvió como marine en California [del 22 de diciembre de 1958 al 11 de septiembre de 1959]. Por el contrario, el testimonio específico sobre Oswald buscando contactar, a principios de 1959, a funcionarios consulares de Castro en Los Ángeles sugiere que jamás se abrió semejante expediente. El ex marine (1954-58), piloto castrista (1959-60) y mercenario anti-castrista (1960-62) Gerald Patrick Hemming atestiguó: «Pensé que él [Oswald] podría estar en la nómina de la Inteligencia Naval. Tú sabes, un penetrador. Le dije a los jefes [castristas] que salieran de él» (Russell, Dick: The Man Who knew Too Much, Nueva York: Carroll & Graf, 1992, p. 178).

Ningún oficial de la DGI se hubiera atrevido jamás a coquetear con un americano «loco», pero Latell asevera que «al salir Oswald del consulado y vociferar su intención de matar a Kennedy», ese ya era «el grito de guerra de un soldado completamente preparado para la causa de Fidel [Castro]», porque Oswald habría sido sometido a «propaganda y adoctrinamiento».

De acuerdo con AMMUG-1, en el consulado estaban Vega y otros oficiales de la DGI, quienes según Latell habrían aplicado también «una técnica favorita de la inteligencia castrista»: dar cuerda. El debate sobre tamaña especulación es superfluo, porque Latell mudó al descaro «el grito de guerra» de Oswald de la embajada al consulado.

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