Cuba

Noticias, notas y artículos sobre Cuba

Colaboraciones

Artículos y ensayos de colaboradores

Correo

Opiniones y cartas del lector

US-Mundo

Noticias y notas sobre Miami, US y el mundo

ei

Artículos y ensayos de Emilio Ichikawa

Inicio » Colaboraciones

Historia de una pelea universal contra los demonios

Enviado por en noviembre 17, 2012 – 0:07 am

Gustavo Silva
El politólogo rumano-americano Vladimir Tismaneanu (Universidad de Maryland) aborda en The Devil in History (Editorial de la Universidad de California, 2012, 336 páginas) los regímenes fascista y comunista con intención de sacar algunas lecciones del siglo XX. Tismaneanu marca la diferencia por no reflexionar a distancia sobre el totalitarismo, como hacen los “modarcas” de la historiografía y politología occidentales, sino desde la experiencia vital de haber arrostado la dictadura de Nicolae Ceaucescu y enredado en problemas como consecuencia de su tesis doctoral (1980) sobre marxismo crítico. Su eje discursivo corre desde las agendas utópicas seminales del comunismo (revolución mundial) y el fascismo (renacimiento nacional) hasta su conversión en distopías por sus pretensiones maximalistas o titánicas. Tismaneanu suda la camiseta académica para explicar cómo fueron posibles semejantes delirios, pero se aleja de la moda de atenerse a la mecánica doctoral —descripción de los mecanismos del Estado totalitario— para adentrarse en el contexto histórico del respaldo o la connivencia popular.
La clave compartida de Stalin y Hitler habría sido la Primera Guerra Mundial, que llevó a Rusia y Alemania al borde de la catástrofe y determinó las crisis de posguerra. Según Tismaneanu, la violencia fue santificada y los regímenes soviético y nazi habrían proseguido aquella guerra por otros medios, que se definiría como «política de venganza» contra enemigos del pueblo: judíos y comunistas en Alemania y enemigos de clase en Rusia.
El campo de concentración sería la noción práctica vinculante de ambos regímenes, porque allí fueron a parar los enemigos del pueblo para que los demás pudieran disfrutar de la tanquilidad ciudadana, que a su vez propiciaba la reafirmación de identidad sobre bases ideológicas, a las cuales Tismaneanu denomina «religiones políticas» —al estilo del historiador italiano Emilio Gentile en su Politics as Religion (2006)— para explicarse por qué normas y valores compartidos acarrearon tanto mal. Ni Stalin ni Hitler percibieron la maldad como en Occidente, porque reconstruyeron la moral conforme a leyes socioeconómicas y sociobiológicas, respectivamente. Sin embargo, Tismaneanu no aclara bien por qué tanta gente ordinaria, sin ser diabólicas de origen, sucumbieron a la tentación de los demonios nazi y soviético. El quid sería la intolerancia, que parece aflorar más fácil y con más ímpetu que el civismo y la decencia.

Share