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CARDENAL ORTEGA: Apertura de una propuesta crítica a la evangelización cubana

Enviado por en noviembre 24, 2012 – 14:50 pm

Emilio Ichikawa

El Cardenal Jaime Ortega (foto: cbs) ha ofrecido una conferencia en el marco del “XI. Internationales Seminar des Dialogprogramms mit Kuba” en la Universidad Católica de  Eischtätt, Alemania (Jueves 22.11.12 – Sábado 24.11.12). No le habló a filósofos y sociólogos alemanes sobre un tema cuyo “ídolo”, “figura” o material empírico podía o no ser Cuba; el posicionamiento metodológico fue precisamente al revés: el Cardenal Ortega “adecentará” esta vez -por respeto a su auditorio- el tema cubano hasta niveles de decoro “antropológico”. Entonces el conferencista entiende que el tema de las relaciones Iglesia-Estado, Iglesia-Gobierno e incluso el de Iglesia-Nación son ordinarios. Demasiado “políticos”, y la inmediatez en ciertos medios espirituales es una descortesía riesgosa.

Esta conferencia en Eischtätt parece haber tomado en cuenta la experiencia de su anterior comparecencia en Harvard, donde el Cardenal Ortega se “rebajó” a una suerte de “rendición de cuentas” de los logros de la Iglesia en la actualidad política cubana. Ya aquí en Alemania comienza por sujetar a control el objetivo de su charla y establece límites. Dice el Cardenal Ortega que quiere, o mejor que “intentará”, “…describir cuál es la vivencia de la fe religiosa del pueblo cubano con relación a la Iglesia Católica.” No es un tema nuevo en el pensamiento del Cardenal Ortega, tampoco en la historia del pensamiento católico cubano: ¿Cómo ser un líder católico para unos católicos cuya catolicidad es con frecuencia decorativa? Es por demás un problema parecido al del gobierno cubano: ¿Cómo regir ideológicamente a una masa de marxistas cuyo marxismo es menos creído que pretendido?

El Cardenal Ortega responde por la historia. En su ejercicio, se ampara en algunas estadísticas pero ciertamente basta con creer en su calidad de emisor como “Pastor del rebaño de Cristo en Cuba, con más de treinta años de ministerio episcopal”. Aunque el propio Cardenal Ortega pone en entredicho los números, igual sugiere que como estudioso de la historia del catolicismo cubano estuvo obligado a procesar curvas de religiosidad tan extremas que daban en los 1950s más del 90% de cubanos creyentes, en los 1970s menos del 25% y a fines de los 1980s y el los 1990s nuevamente por encima del 90%.

Ante el radical vaivén, el Cardenal Ortega desliza dos hipótesis para dudar o explicar la caída estrepitosa de los indicadores de religiosidad desde los 1950s a los 1970s. Son estas:

1-“que en algo más de quince años la propaganda atea hubiera tenido un éxito tan grande.”

2-“Mecanismos de defensa, temor a presiones sociales, desconfianza, etc., falseaban las respuestas.”

Al debilitar la primera hipótesis diciendo que “no es posible” que el gobierno (marxista ateo) hubiera podido tener tal éxito, el Cardenal Ortega hubiera tenido que abundar entonces en la segunda, que insinúa razones de los encuestados para “falsear” las respuestas y detallar cómo y quiénes ejercían la “presión social” que provocaba el falseamiento.

Pero es precisamente este el momento en que el Cardenal Ortega hace la finta y en lugar de seguir el rumbo político-administrativo del análisis se escapa por la razón antropológica. No quiere denunciar, quiere pensar. Supongo que para eso le invitaron. Dice el Cardenal tras anotar los comprometedores términos: “Pero lo que interesa conocer de estos datos no es tanto la cantidad de cubanos que diga tener algún tipo de fe en Dios, sino la calidad de esa fe religiosa, su espesura, la consistencia de la fe del cubano, porque hay una constante en esas tres encuestas que no se refiere al número de creyentes, sino al modo de abordar la respuesta: con facilismo en los tres casos, sin compromiso profundo respecto al ‘sí creo’ y al ‘no creo’”.

Entonces viene para el conferencista un instante crucial. El Cardenal, que sabe que tiene un tema interesante en sus manos, no puede contenerse y hasta lo formula: “¿Se trata de la proverbial superficialidad o ligereza del cubano en cuanto a la fe religiosa, descrita por autores criollos y foráneos de épocas pasadas y recientes?”. Su respuesta tiende a ser negativa. Pero en verdad no niega que el cubano sea superficial sino que lo sea “naturalmente”, como destino, tendencia o fatalidad. Es decir, refuta o duda menos del diagnóstico que de las causales que en la historia del pensamiento cubano se han esgrimido para explicar el hipotético “superficialismo” nacional. Concretamente, en su reciente conferencia en Alemania el Cardenal Ortega opta por desconsiderar como posibles causas del “gracilismo” o “epidermismo” cubano (ya no solo de la Fe):

“-clima suave y benigno

-baja calidad de la población que emigró de España a Cuba o del negro africano traído como esclavo

-el calor tropical (que) aumenta las pasiones y la gente del trópico se torna más sensual y menos capaz de esfuerzo”

(ETC)

¿Qué significa esto? Pues que el Cardenal Ortega, con más de tres décadas observando, tratando y confesando compatriotas, ha llegado a una comprensión (y aceptación compasiva) de la textura y los orígenes de “los factores humanos de la cubanidad” que da por insuficientes las observaciones impresionistas en este tema de Félix Varela, José Martí, Enrique José Varona, Raimundo Cabrera, Jorge Mañach, etc. El distanciamiento de esta tradición es todavía más relevante porque no es cuantitativo, no es de balance o detalle, es radical. Corta el Cardenal Ortega, refiriéndose a las especulaciones sobre “el cubano” presentes en la llamada literatura de identidad: “Esta visión es de tipo aristocrático, casi racista y proviene de un primer mundo rancio, y en ella puede haber factores accesorios erigidos en causas y esto es sofismático.”

Tomada la distancia, resta entonces el movimiento en positivo: precisar hacia dónde se dirigen las búsquedas causales del Cardenal Ortega para explicar la “inconstancia” de la Fe cubana. Es decisivo en la conferencia el giro en que el Cardenal Ortega decide apuntar críticamente a la responsabilidad de la propia Iglesia Católica en el trazo del tipo de nación que se ha constituido bajo el nombre de Cuba: “la deficiente evangelización en Cuba, qué responsabilidad correspondió a la Iglesia”. Todo este proceso histórico por estudiar, rematado por una revolución “que no dejó nada en pie”.

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