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Angola: última esperanza africana de los judíos

Enviado por en noviembre 29, 2012 – 11:48 am

Pedro Pablo Bilbao

El sur de Angola muestra las huellas más nítidas de la guerra civil: desde carros de combate reducidos a chatarra hasta campos aún minados, pero encierra tierras muy fértiles y abundantes yacimientos minerales. Hacia 1907 el ingeniero británico John Norton-Griffiths, a.k.a. Hell-fire Jack y Empire Jack, recomendó poblarla con judíos. La recomendación venía de muy cerca, porque Norton-Griffiths se había alzado con el contrato de construcción del Ferrocarril de Benguela (1,344 km – 835 millas), que conectaba el puerto de Lobito con el Congo belga. Sólo que los judíos se espantaron al advertir que su enclave estaría rodeado por al menos cuatro millones de negros.

El Secretario de Estado para las Colonias del Reino Unido, Joseph Chamberlain, había tenido ya la ocurrencia de que Kenia sería lugar apropiado para el hogar judío. El líder sionista Theodor Herzl acogió la idea, equivocadamente denominada Plan Uganda (1903). Una comisión exploró el territorio —la meseta de Guas Ngishu— y rindió informe negativo. ElVIICongreso Sionista (Basilea, 1905) rechazó la propuesta británica, pero Israel Zangwill disintió y formó la Organización Territorial Judía (ITO, por sus siglas en inglés) con ánimo de plantar el hogar judío dondequiera.

En la búsqueda de ITOland Zangwill recurrió al banquero estadounidense Jacob Schiff para reubicar a judíos rusos en el oeste americano. Se embulló tanto que hasta puso en escena The Melting Pot (1908), pero apenas 7,500 judíos entraron por Galveston (Tejas). En medio de la frustración, ITO recibió una carta de un tal Wolf Terló, judío ruso empleado del Ministerio de Agricultura de Portugal, quien reciclaba la solución angolana con 500 hectáreas de tierra fértil en Benguela para cada familia de colonos.

El jurista Jacob Teitel encabezó la delegación de ITO a Lisboa y principió el cabildeo. El parlamento portugués aprobaría (junio 20, 1912) la concesión a colonos judíos y salió de nuevo una comisión sionista a explorar esta vez lo que los portugueses llamaban el fin del mundo.

El informe resultó favorable y Zangwill acudió a otro banquero: Leopoldo de Rothschild, con intención de fundar la compañía Angola Development, pero no pudo convencerlo. Así, el ITOland angolano quedó varado en el círculo vicioso de que sin territorio no se puede obtener capital y sin capital no se puede obtener territorio. Ni siquiera la Declaración de Balfour (1917) impediría que Zangwill resumiera la historia judía como a story of lost opportunities (“The Territorial Solution of the Jewish Question”, Fortnightly Review, abril de 1919, p. 606). La solución africana sería reciclada una vez más —de forma forzada— con el plan nazi de deportar judíos a Madagascar.

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