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América Latina ¿El gran ausente de la elección norteamericana?

Enviado por en noviembre 8, 2012 – 1:56 am

Prof. Arturo López-Levy

La reiteración de que América Latina estuvo ausente de la campana presidencial norteamericana de 2012 ha sido lugar común. Es entendible pues la región fue mencionada una sola vez en el debate de los candidatos sobre política exterior (Por el gobernador Romney al referirse a las potencialidades de acuerdos de libre comercio en el hemisferio) y careció de atención en los discursos de campaña. Pero, como en muchos lugares comunes, la trampa esta en las definiciones. Si por América Latina en la política estadounidense se entiende la relación con los estados, el enunciado es correcto, si  por el contrario, el concepto incluye a los pueblos, la región estuvo presente como nunca en el escenario electoral.

Es tiempo de pensar el espacio político latinoamericano, con lentes más abiertos que los de los nacionalismos decimonónicos.  Los bordes políticos de las sociedades transnacionales en EE.UU y el resto del hemisferio no coinciden con sus fronteras legales. América Latina y EE.UU ni empiezan ni terminan en el Rio Bravo y el Mar Caribe. Las diásporas latinoamericanas y caribeñas son cada día más importantes en los EE.UU y sus países de origen. La rígida divisoria de matriz cultural-lingüístico-religiosa  sobre “nuestra América”, india, hispana y de raíz católica, frente a la “América anglosajona, protestante, y blanca” debe ser revisada.

Es sintomático que las soluciones a los problemas más importantes y simbólicos de la relación de EE.UU con la región latinoamericana (libre comercio, cooperación energética con Brasil, inmigración, seguridad contra el crimen organizado y Cuba) han estado condicionadas por los balances de poder de política interna. En tanto el voto de importantes contingentes latino-estadounidenses  cambia esas correlaciones políticas, América Latina tuvo una participación importantísima en las elecciones estadounidenses. La nueva situación podría tener efectos de alto impacto para la política de EE.UU hacia la región.

Pocos bloques electorales pueden reclamar más crédito por la reelección de Barack Obama que los latinos (71%). Si Romney hubiese ganado como Bush en el año 2000, el 35 % del voto hispano, probablemente sería hoy el presidente electo. El problema de los republicanos con el electorado latino no es solo de demografía, sino también de ideología. Varios líderes republicanos pronunciaron  declaraciones ofensivas sobre el tema migratorio.  Romney lamentará toda la vida sus frases en apoyo a la ley 1070 anti-inmigrante de Arizona, su promesa de vetar la Dream Act y su sugerencia a los indocumentados de “autodeportarse”. Aunque el votante latino tiene múltiples preocupaciones  similares al elector promedio, su sensibilidad por el tema migratorio es especial. Tiene conexiones o historias comunes con los nuevos emigrantes y los países de origen de su grupo social.

Steve Schmidt, ex director de la campaña presidencial del Senador John McCain en 2008, resumió para la cadena MSNBC el mensaje de 2012 al partido republicano. Si no cambia su actitud hacia la nueva realidad demográfica, en la que la minoría latina es de suprema importancia en varios estados claves del mapa electoral, como Florida, Colorado y Nevada, “va a vagar en la oscuridad durante una generación”. La concurrencia latina a las urnas por Obama fue equivalente a la de 2008. Para mayor dolor republicano, el margen de apoyo latino al presidente en 2012 fue incluso mayor que en los comicios precedentes. Las declaraciones discriminatorias de políticos conservadores contra las minorías, particularmente los hispanos, creo una presión moral en estos a votar.

La reforma migratoria está ya en la cima de la agenda política nacional.  Los demócratas no pueden tomar el voto latino como garantizado. Antes del verano de 2012 cuando el presidente firmó la orden ejecutiva de “acción diferida”, garantizando un permiso temporal de residencia a más de un millón de jóvenes inmigrantes,  la aprobación de Obama entre los latinos había caído significativamente por debajo del 50 %.

Si el movimiento de Romney y Paul Ryan hacia el centro a partir del primer debate presidencial  es preludio de la revisión republicana sobre la elección de 2012, la posibilidad de pasar una reforma migratoria en el congreso aumentaría. La popularidad de un presidente reelecto (53% para Obama hoy) tiende a incrementar en el primer año del segundo término, dándole capital político, frente a un congreso con modestas ganancias demócratas en las dos cámaras, y un partido republicano criticado por su obstruccionismo y falta de voluntad a llegar a compromisos.

Pocos actos políticos tendrían mayor efecto en la relación de EE.UU con América Latina que una naturalización de millones de hispanos en la próxima década. No es casual que el presidente Obama usase la Cumbre de las Américas en Cartagena para anunciar que una reforma migratoria seria prioridad legislativa de su segundo periodo. Los países con mayor número de indocumentados en EE.UU son precisamente los mismos con los cuales existen acuerdos  de libre comercio, y mayor nivel de alianzas: México, Centroamérica, y Colombia. Son esos países también los espacios de mayor necesidad de un esfuerzo coordinado contra el crimen organizado y el tráfico de narcóticos y armas.

Resolver un camino a la ciudadanía para millones de indocumentados haría más manejable el control de fronteras aun cuando provocaría también una mayor demanda para la inmigración legal de familiares  y el movimiento circular entre EE.UU y sus países de origen. Una reforma migratoria integral norteamericana tendría derrames muy relevantes para el turismo, las remesas, las inversiones y la política del voto en el exterior de estos países.

Mayor maniobra para la política hacia Cuba.

Otra demostración de cómo cambios en los contingentes latino-estadounidenses pueden cambiar el contexto donde las políticas se diseñan ocurrió en el Miami cubano-americano. Obama alcanzó un record de votación cubano-americano (47-48%) que expresa  la emergencia del elector más joven y recién emigrado, renuente  a la propaganda macartista de la derecha pro-embargo. Apenas semanas antes de la elección,  el presidente defendió su política a favor de mayores contactos cubano-americanos y pueblo a pueblo con Cuba en conflicto con los legisladores pro-embargo en el congreso (enmiendas de los congresistas Diaz-Balart y Rivera, y filibusterismo de Marco Rubio a varias nominaciones presidenciales en represalia por supuestos “abusos” en los viajes pueblo-a-pueblo).

A la Cámara de Representantes en Washington irá Joe García,  quien derrotó a David Rivera, uno de los más fervientes defensores de la política de aislamiento.  La evolución de García, antiguo director de la Fundación Nacional Cubano-Americana, ahora a favor de los viajes cubano-americanos y la presencia de artistas cubanos en Miami, expresa la moderación de un importante segmento de las elites cubano-americanas.  García llegara a la Cámara federal, justo cuando la congresista Ileana Ros-Lehtinen, presidenta del comité de relaciones exteriores se retira de tal posición, acorde a los límites de mandato del caucus republicano.

Fuera de la Florida, las elecciones congresionales arrojaron un balance ambiguo para la relación con Cuba. En Texas, resultó electo el tercer cubano-americano al Senado, Ted Cruz. Sus declaraciones sobre Cuba auguran un refuerzo para la posición pro-embargo en la cámara alta, que celebró también la fácil reelección de Bob Menéndez en Nueva Jersey. Menéndez aparece en una posición favorable para posiciones de liderazgo en el Comité de Relaciones Exteriores. La victoria de Cruz es balanceada en alta medida por el triunfo del republicano Jeff Flake en Arizona. Flake ha sido la voz anti-embargo más consistente en la Cámara de representantes en la última década. En Virginia, uno de los mayores aliados políticos del lobby pro-embargo, el exsenador George Allen, que trataba de recuperar el asiento perdido en 2006, fue derrotado por el exgobernador Tim Kaine.

Los grupos anti-embargo solo pueden sentirse animados por esos resultados electorales y la preservación del ciclo virtuoso que constituye un aumento de viajes y la expansión de comunidades interesadas en los mismos. Las señales emanadas desde un Miami más plural, combinadas con la mayor flexibilidad de un segundo mandato amplían el campo de maniobra presidencial para un tratamiento más racional del tema cubano. Cuba, como América Latina, no estuvo ausente de la elección pues fue parte de los votantes.

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