Cuba

Noticias, notas y artículos sobre Cuba

Colaboraciones

Artículos y ensayos de colaboradores

Correo

Opiniones y cartas del lector

US-Mundo

Noticias y notas sobre Miami, US y el mundo

ei

Artículos y ensayos de Emilio Ichikawa

Inicio » ei

Jugadores y barras bravas de la política cubana

Enviado por en septiembre 2, 2012 – 7:48 am

Emilio Ichikawa

En las canchas donde hoy se practica esa actividad que podemos reconocer como “política cubana”, hay por lo menos dos equipos que juegan en serio, al duro. Son los que ofrecen mayor interés investigativo y posibilidades de recompensa concreta:

1-El de la política “cubanoamericana” que se hace en los EEUU; a nivel nacional, estatal y condal.

2-El de la política del gobierno cubano; sobre todo a nivel de política exterior.

Sendas glosas sobre los referidos sectores:

Cuando digo política “en serio” me refiero a esa prosaica, hecha de pequeñas jugadas y tretas donde es imprescindible una tarjeta para invitar a comer, saber jugar golf, esquiar o navegar, deber y recibir favores, preguntar por la salud de los familiares y conocer los gustos de las esposas o esposos de los interlocutores.

Se hace eficazmente esta política, por ejemplo, cuando se le sugiere al Senador Marco Rubio pronunciar un discurso elegantemente conservador en la Ronald Reagan Presidential Foundation and Library (En agosto 24 de 2011 – VIDEO), y unas horas después se le recomienda obsequiar (más bien improvisar) los rudimentos del conservadurismo y el anticastrismo en una presentación de la reedición del libro Contra toda esperanza del ex prisionero Armando Valladares en el ICCAS de la Universidad de Miami (Agosto 26 de 2011 – VIDEO). Se juega a la política con pelota “de poli” también cuando se le da vía libre a los activistas para que celebren a Ted Cruz como político de ascendencia cubana en Florida, mientras de Texas al oeste, o a nivel nacional, solo le señalan como político de origen hispano (e italoirlandés). Y como comentaba ayer con un amigo, se hizo alta política en el 2010 en Florida, cuando en la esperada finalísima por el Senado entre el entonces “desconocido” Marco Rubio y el Gobernador Charlie Crist, se aplicó la técnica de los corredores kenyanos soltando a la pista al político afroamericano Demócrata Kendrick Meek, que “jaló” los votos del centro a la zurda que iban para el rival de Rubio. No es casual que “el amarre Republicano” de la campaña de Meek cayera en manos de la estratega de origen nicaragüense Ana Navarro, muy vinculada a los proyectos Republicanos, y por tiempo cercana a Lincoln Diaz-Balart. Tampoco es accidental que se aclamara a Meek después de su “derrota”, asegurando que seguía en pie.

En cuando al gobierno de La Habana se sabe que, al menos hasta el momento, no ha confrontado graves problemas de política interior. Algunos dicen que ni siquiera tal cosa existe. De ahí que pueda mover a Secretarios del PCC en Provincias, Ministros o Generales sin tener que equilibrar fuerzas y satisfacer opositores. La política seria el gobierno cubano la ha hecho sobre todo en el plano internacional. Es esa habilidad lo que le ha permitido -para poner ejemplos recientes- servir de mediador en las conversaciones entre la guerrilla y el gobierno de Colombia, y divagar sin tomar partido explícito en la disputa entre los representantes de Siria y Egipto en la recién concluida XVI Reunión Cumbre de Países No Alineados en Teherán.

Aparte de estos dos flujos políticos, casi todo lo demás son escaramuzas y sobre todo emisión de retórica en áreas colindantes pero ajenas a la profesión política como la politología, el derecho, la moral, etc.

Es en este circuito extra político de los discursos donde se suele dar la polémica entre espectadores y barras bravas. Como cualquier seguidor del fútbol o el rugby sabe, ninguno de los dos tipos de aficionado juega. Ni siquiera han pisado el terreno donde se anota o falla. Diferencias entre ellos claro que las hay, y para marcarlas se puede hacer un ejercicio: Tome usted un lápiz y escriba suave sobre un papel: “Abajo Fidel”. Después escriba debajo, apretando duro el grafito, la misma frase: “Abajo Fidel”. Verá que la primera sentencia le quedará tirando a un tipo de gris, mientras la otra lucirá como un bajo relieve en negro brilloso. Pues bien, la diferencia entre ambas escrituras es la misma que existe entre los llamados “anticastristas duros” y “dialogueros anticastristas” en el actual debate (discursivo y extra político) sobre el problema cubano. Quizás usted pregunte: Pero si ambos están en contra de Castro: ¿por qué no se pueden reconciliar? Pues porque esa rivalidad retórica es la única razón de ser de las partes.

Los llamados “duros” en retórica, aún cuando argumenten a favor de la invasión armada a Cuba, no están entrenando en los campos de tiro o en los gimnasios; se limitan a hacer defensa verbal de la vía armada. Por eso es que los puede ver en los blogs, en los chats de Internet, en las estaciones de radio y la TV.

Quienes han estudiado las dinámicas de las barras bravas del deporte han revelado síntomas que aplican para las barras bravas del debate cubano. Por ejemplo: que a pesar de sus opiniones radicales, suelen ser indiferentes e ignorantes del juego. De hecho, muchos integrantes de barras bravas prefieren no entrar al estadio y esperar en cantinas y calles aledañas a que termine el desafío. Dentro del estadio, el barra brava se ubica frecuentemente de espaldas al terreno y se pasa los 90 minutos (si es fútbol) vigilando el comportamiento de otros barras bravas, simpatizantes de su mismo club. Los líderes de barra brava son dictadores probados. Su poder es coactivo, extorsionador y chantajista. Por otro lado, es cierto también que las barras bravas son guardianes de la identidad del club, levantan el interés en las malas temporadas y son capaces de brindar solidaridad en situaciones extremas. Las barras bravas tienen su gran oportunidad cuando el equipo de preferencia ha caído. Para el que no sabe perder, cuando escapa la victoria todavía le queda el consuelo de la venganza.

-ILUSTRACION: by Alen Lauzán

Share