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Iglesia (católica) y Estado (totalitario) en Cuba (IV)

Enviado por en mayo 9, 2012 – 0:09 am

Arnaldo M. Fernández

El ademán conciliatorio de la jerarquía católica con su pastoral (abril 17, 1969) en contra del bloqueo se considera cierre y salida de la etapa —abierta hacia febrero de 1961— en que la iglesia se abocó a la «reflexión y análisis de una situación de hecho [donde] debía desenvolverse su tarea, la evangelización, en un contexto revolucionario-marxista». Así aparece en las «Respuestas al cuestionario para la revista Cuba Internacional», mecanografiadas por monseñor Carlos Manuel de Céspedes y García-Menocal (CMCGM) hacia diciembre de 1969. Sin embargo, los obispos cubanos principiaron hacia 1975 a referirse al mismo lapso como período de «silencio [o] iglesia silenciada» y la noción prevalecería: La voz de la Iglesia en Cuba (México: Obra Nacional de Buena Prensa, 1995) compiló 100 documentos episcopales y saltó de una carta abierta (febrero 11, 1961) del arzobispo de Santiago de Cuba, Enrique Pérez Serantes, a la precitada pastoral contra el bloqueo. Se omitió una circular del propio Pérez Serantes a los párrocos de Oriente con llamado de recolectar a favor de los damnificados del ciclón Flora (octubre 3, 1963) y elogio al gobierno de Castro por sus gestiones de auxilio y atención.

Antes que silenciada o en silencio, la iglesia venía más bien tocando con sordina. El padre Donato Cavero (Iglesia Mayor de Sancti Spíritus) tuvo la ocurrencia de sacar (septiembre 2, 1962) el boletín Vida Cristiana, que no tardaría en oficializarse (enero 20, 1963) como hoja dominical de la iglesia toda. Dizque su predilección por la lógica tomista para discernir entre ciencia y fe se enfilaba contra el Diamat, en tanto los fragmentos publicados de las epístolas de Pablo —como «bendecid a los que os persiguen, bendecidlos y no los maldigáis»— manifestaban la resistencia pasiva contra la revolución de Castro.

Por otro rumbo andaba el periódico El Mundo, que en 1960 recurrió al laico Juan Emilio Friguls, a instancia de Leví Marrero, para continuar la sección «Noticias del Mundo Católico», luego de marchar el profesor José Montó Sotolongo, quien venía encargándose de ella desde 1948. Hacia enero de 1962 arrancó otra sección irregular, que pasaría a dominical fija a mediados del mismo año: «Mundo Católico». La jerarquía se desentendió de tal canal de expresión, por donde discurrían artículos anónimos al compás de pa´lo que sea Fidel, pa´lo que sea. El cura comandante Guillermo Sardiñas revelaría allí mismo la identidad secreta a voces del autor a su fallecimiento: «El Padre [Ignacio] Biaín: combatiente revolucionario” (El Mundo,17 de noviembre de 1963). El obituario subrayó que los comentarios del finado sacerdote franciscano sobre el II Concilio Ecuménico Vaticano (1962-65) habían sido «los mejores en cualquier diario del mundo por su clara concepción de la esencia de los debates». Este concilio venía planteando la transfiguración de la iglesia como institución de jerarquías en «pueblo de Dios».

A la muerte de Biaín, «Mundo Católico» intentó afincarse como el espacio oficial «Palabras de Vida Eterna» con articulistas reacios a volverse —como acostumbraba el predecesor— contra jerarquía eclesial, quienes enrumbaron por recreaciones del «padecimiento judaico» en Roma bajo Nerón y otros pasajes de esclavización y exilio de los judíos. De aquí parece derivar la tradición exiliar en Miami de equipararse a los judíos lo mismo para condenar la exhibición de una película que para rememorar la guerra civil perdida.

El director del periódico El Mundo, Luis Gómez Wangüetmert, solicitó entonces al joven sacerdote cubano CMCGM —acabadito de llegar de Roma— que se hiciera cargo anónimamente de la sección. El gobierno dio el visto bueno y CMCGM emprendió la tarea esquizoide de negar la tendencia crítica de Biaín y apropiarse con cautela de su legado.

-Ilustración: Wassily Kandinsky, La cantante (1903)

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