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MIAMI y las palabras del empresario Carlos Saladrigas en La Habana (III)

Enviado por en abril 3, 2012 – 10:27 am

Emilio Ichikawa

Dentro de la propia historia que el empresario Carlos Saladrigas nos llama a superar, existe ya, irónicamente, una sub-historia referente a sus viajes e intentos de viajes a Cuba. Realizó uno en 1984 y confiesa al menos otros 8 intentos de viajar, no consumados porque de la parte de allá, del gobierno cubano, no le dieron el “humillante” permiso de entrada; como recientemente calificó Saladrigas a esta acción. Además de lo anterior, está ahora esta última racha, que comienza a fines de febrero e inicios de marzo de 2011.

Cuando desde Cuba rumoraron que Saladrigas andaba por allá, se añadió que había contactado con algunas autoridades; o por lo menos con gente vinculada al gobierno. Era algo obvio, una suerte de sobrentendido, porque si se define a Cuba como un “sistema totalitario”, de paso se acepta que todo el mundo está más o menos enredado en la cerca (o metido en el “cemento”, como ilustra la imagen saladrigasiana); incluso lo están quienes tratan de zafarse. De esa forma se empezó a divulgar en Miami, y el propio Saladrigas solicitó que se especificara que su visita nada tuvo que ver con el gobierno. Se aclaró por respeto, y porque suponíamos que Saladrigas estaba en un empeño mayor que una torpeza comunicativa no podía ni debía “molestar”: “… la referida nota contenía imprecisiones…”; agregamos en un post recompuesto.

Tomas Bilbao, joven profesional que trabaja para el “Cuba Study Group” de Carlos Saladrigas, limpió la noticia con una declaración matemática enviada por correo electrónico: “Puedo confirmarle que el Sr. Saladrigas estuvo en Cuba la semana pasada bajo una visa religiosa a invitación de la iglesia Católica”.

A pesar del carácter “privado” de la visita (entonces pude conversar con Saladrigas al respecto), se llegaron a publicar en la revista Palabra Nueva fotos de su estancia en la iglesia de El Cobre y hubo que lidiar con la tesis, enarbolada con entusiasmo por el propio empresario, de que “para hablar de Cuba hay que ir a Cuba”. Una frase tan prescriptiva (e inexacta) como el título de la reciente conferencia en el Centro Félix Varela (“Cuba y su Diáspora: Actitudes y políticas que debe adoptar la diáspora para reintegrarse en Cuba”); sobre el cual comentó en privado un periodista de TV MARTI: “Nada más autoritario que el título mismo, vaya, como de maestro de escuela primaria. Es un título copiado de la directiva de una ESBEC.”

Fue todo un acontecimiento en Miami ese “primer” y reciente viaje de Saladrigas a la isla. Después se supo de otro viaje en noviembre del propio 2011 que, como era de esperar, no despertó ya el mismo interés que el anterior, empezando a marcar una rutina. Lo glosamos con disciplina y con cierto desgano: “En algunos círculos de atentos cubanos de Miami se ha comentado sobre la nueva visita del empresario Carlos Saladrigas a Cuba. Sin la sorpresa de la anterior tras muchos años, en febrero de este 2011, esta segunda reitera dos puntos: contacto con algunos académicos cubanos e invitación de la Iglesia Católica de Cuba. No se habla de reuniones con representantes del gobierno.”

Personalmente aposté a que los viajes de Saladrigas a la isla saldrían de las noticias y se refugiarían en ese bajo pero provechoso perfil que da la normalización de los procesos. Pensé que el titular de “Por primera vez en Cuba” le tocaría ahora a otros empresarios y otras celebridades… Pero un amigo replicó que de eso nada, que Saladrigas era un cubano y, como cubano, se las iba a arreglar para ir subiendo la parada de una vista a otra con tal de aparecer en las noticias. Y pudiera tener razón. Sobre todo porque a diferencia de algunas personas que creen que el objetivo último de Saladrigas es cambiar el régimen de La Habana, o apuntalarlo, o desarrollar la economía de la isla al margen de lo que pase en política, soy de los que piensan que el fin superior de todos esos periplos es la búsqueda de notoriedad pública que sana (o compensa) un poco la soledad y el desamparo que entraña la condición exiliar.

Hace unos diez años, recién terminado el affaire Elián González, Carlos Saladrigas y el también empresario Carlos de la Cruz comentaron en casa de este último que ellos se tenían por norteamericanos, pero que no lo eran. Así se lo habrían demostrado, por ejemplo, algunos amigos (“americanos”) con quienes ellos confraternizaban en el Riviera Country Club y que por la actitud que  mantuvieron ante tema de Elián y toda la incomodidad social que provocó el evento, sencillamente les dejaron de hablar. Curiosamente los empresarios advirtieron: Tenemos dinero y no nos hace falta ganar o recuperar algo en la isla; no se trata de eso: hay que tener un país, y ese país es Cuba. Lo sentí entonces, y lo sigo recordando, como algo respetable. De aquella racha de “des-norteamericanizaciones” recuerdo también que el escritor  y trabajador de “El Nuevo Herald” Carlos Victoria comentaba que se encontraba desolado, y que ni siquiera deseaba visitar la cafetería del periódico para no encontrarse con sus colegas de “The Miami Herald”. Rezongaba: Que digan claramente que quieren que devuelvan el niño a Cuba; pero que no digan que son objetivos.

¡Qué diferente esa experiencia de abandono y negligencia afectiva, a esa otra que cuenta el Sr. Saladrigas vinculada a sus visitas a Cuba, desbordada de cariño y admiración por los cubanos de la isla, más “naive”, más espontáneos que los norteamericanos e incluso que muchos cubanos de Miami! Una experiencia salvadora y compensadora; que cualquier otra persona pudiera disfrutar en silencio, hacia dentro… pero que un incontinente exiliado cubano-miamense no se puede guardar. Y tiene que mostrarla, exhibirla y (lo que es riesgoso y descortés) ostentarla. Que es lo que ha hecho Saladrigas despertando el celo de los que no quieren o no pueden ir a Cuba como él. Porque muchas de las críticas que ha recibido por sus viajes no son por ideología o por política: son por “encojonamiento”.

Y fue así que, como decía aquel amigo, el tercer viaje (de la reciente cadena) de Saladrigas a Cuba ya trajo algunos nuevos ingredientes que lo reincorporaron a la notica:

1-“… como parte de esta reciente visita el Sr. Saladrigas ofreció dos conferencias en el Centro Cultural Félix Varela de La Habana, en el marco del curso sobre temas de economía que la institución ha organizado con la Universidad de Murcia. Entre otros puntos, las conferencias de Saladrigas incluyeron un repaso de su experiencia como empresario en los EEUU.”

2-“Como parte del público, matriculados o invitados para este evento, se encontraban personas vinculadas al MINREX, el Ministerio de Cultura, la Comunidad Judía cubana y por supuesto a la Iglesia Católica. Una de las personalidades notables en el encuentro fue la historiadora Maritza Corrales, relacionada con la comunidad judía cubana y círculos de escritores en la isla.”

Como se sabe, el empresario Carlos Saladrigas realizó un cuarto viaje a Cuba para participar en la visita pastoral del Papa Benedicto XVI… Pero eso lo hicieron muchos. Y luego ofreció una conferencia en el Centro Félix Varela… Pero eso también lo había hecho ya el propio Saladrigas. La solución fue entonces repetir el ejercicio de la charla, pero subirle el voltaje en contenido y en público. Además, hacer esto aprovechando el espectacular momento de “la resaca Papal”. Y consiguió llamar la atención.

¿Qué viene ahora? ¿Qué detalle adjuntaría un nuevo paso de Saladrigas en relación con Cuba que le ascienda a los titulares? No sabemos con exactitud; pero podría tratarse de abrir una sede en Cuba del “Cuba Study Group”, la organización que dirige el célebre empresario; movida parecida a la apertura por Menoyo de una “filial” habanera de “Cambio Cubano”. Y claro, noticia también sería que el gobierno cubano negara a Saladrigas el permiso de entrada a la isla; o que la propia Iglesia le tomara distancia. (Continuará)

-PRIMERA PARTE

-SEGUNDA PARTE

-IMAGEN: the comics journal

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