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MIAMI y las palabras del empresario Carlos Saladrigas en La Habana. (II)

Enviado por en abril 2, 2012 – 8:55 am

Emilio Ichikawa

Un momento importante en el discurso de Saladrigas en La Habana es cuando define su eje del mal. Como es habitual no menciona nombres; lo que paradójicamente hace demasiado “inclusiva” (“democrática”) una lista para la que, por principio, puede aplicar cualquiera. La Cuba de Saladrigas, casi como la de Martí, es con todos y para el bien de todos… si se resta a: los “histéricos”, los arrogantes, los intolerantes, los “antropófagos”, los inmovilistas con pie en cemento duro, etc. Se trata a todas luces de una Cuba obvia, redundante en bondad; porque es una Cuba que, para ser buena, exige que solo los buenos la construyan. A los demás: “no los queremos, no los necesitamos”.

Yo no sé exactamente qué conocimiento de Cuba tiene Saladrigas. Sí consta que dijo en un discurso en La Carreta de la Calle 8, organizado por la “Agenda Cuba” que preside el profesor y periodista Tomás Rodríguez, que apenas conocía Isla de Pinos y La Habana; pero si Saladrigas quiere restar de su proyecto o de su utopía a los cubanos “intolerantes” y “arrogantes”, no sé muy bien con quienes trabajará.

Ese normativismo elitista seguirá siendo una de las diferencias entre los políticos tradicionales cubanos y Fidel Castro a quien, como reveló a Ignacio Ramonet, hasta los lumpen le sirvieron para conquistar la historia. Saladrigas (el niño Carlos), como muchos intelectuales cubanos desde el Padre Félix Varela hasta Cintio Vitier, parece sentir vergüenza del verdadero “elemento” de la cubanidad y ficciona con unos cubanos incorruptibles, con un clima amable, con un “fresco verano” que no existe sino en sus mentes o en los patios interiores de su delirio habanero.

Además de contrafáctica, la palabra (escrita y oral) de Saladrigas es “kitsch”, demasiado impresionista y melosa para el gusto medio. Es, como se dijo una vez, chea. Saladrigas olvida que el mal no se practica en su propio nombre, y que todos los “errores” y hasta horrores que se han cometido en Cuba, han venido cargados de razones y se han concretado con la cobertura retórica de la babosería moral de la solidaridad y hermandad entre cubanos.

Pero es un hecho que Saladrigas puede repetir el tópico del discurso salvífico de la cubanidad con expectativas porque le asiste un prestigio. Y viene entonces la pregunta: ¿Cuál es la fuente específica del prestigio que avala a Saladrigas para emitir sentido utópico? No tiene autoridad política o religiosa; no ha realizado una hazaña deportiva; no ha compuesto una canción hermosa; no ha hecho un descubrimiento, ni sintetizado una medicina; no ha escrito un buen libro ni dirigido tropas en un frente de guerra… ¿De dónde, repito, le viene a Saladrigas la fuente de su autoridad discursiva? Pues le viene del “dinero”; es decir, del camino cubierto para hacerlo y de la potencialidad de su ejercicio. Saladrigas es un empresario exitoso; lo que lleva a suponer que igual que tuvo éxito haciendo dinero, puede tener éxito haciendo otra cosa. Es algo que se ajusta al sentido común y que se respeta socialmente; hasta el punto de que, como el mismo Saladrigas reveló, la embajadora Vicki J. Huddleston le ayudó a tramitar (infructuosamente) un viaje a Cuba, para que se quedara en su casa cuando ella era la directora de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

Esto lleva a un punto que se repite diariamente en todos los programas de TV sobre celebridades, y tiene que ver con las fronteras entre lo íntimo, lo privado y lo público. Se ha llegado a un entronque en que la conversión de “la fortuna” de Saladrigas en un tema de interés público es un hecho; no solo su monto, sino la forma en que la consiguió. Saladrigas es ya un “caso” de interés prototípico para los nuevos empresarios cubanos; de hecho se dijo que el tema de su anterior conferencia en el Centro Félix Varela de La Habana tuvo que ver con la narración de su propia experiencia como hombre de negocios en un contexto de libre mercado y democracia política; lo que es ya una insinuación modélica.

No se ha hablado del volumen de dinero que puede tener Saladrigas ni del monto que estaría dispuesto a “donar” o “invertir” en la reforma económica cubana. El mismo empresario ha dejado entrever que a través de la Orden de los Caballeros de Malta (a la que pertenece) contribuye con el sostenimiento de algunos comedores en Cuba (el cineasta Nick Calzada realizó un hermoso documental sobre ese proyecto; se titula “Vitamina, Vitamina“), y con parte del presupuesto del propio Seminario San Carlos de La Habana. Reitero que esto no es información exclusiva: el mismo Saladrigas lo ha manejado públicamente.

También fue el propio empresario quien, al ser entrevistado tras un viaje a Cuba, habló de la cifra de “50 millones” para “invertir” en microcréditos en la isla. Cuando la prensa de Miami glosa la biografía de Saladrigas, dice que perteneció a una de las principales firmas empleadoras de EEUU y que actualmente dirige una organización llamada “Cuba Study Group”, cuyo nombre usa Saladrigas como credencial en sus presentaciones corrientes; pero de su situación económica concreta no se informa. Uno de los pocos que ha comentado públicamente algo sobre el volumen de dinero que puede mover Saladrigas para una inserción en la  reforma económica cubana es Fidel Castro; y no fue muy optimista al respecto: “¡Qué barato nos quiere comprar el nuevo Carlos Saladrigas! Con el dinero de Miami…” (Ver la Reflexión “¿Quién quiere entrar en el basurero?”) No obstante, periodistas, activistas y cubanos buenos de Miami tienen altas expectativas sobre el proyecto empresarial de Carlos Saladrigas en Cuba: “Felicito a Carlos Saladrigas por ello y por su intención de ayudar al pueblo introduciendo capital cubano privado separado del gobierno.” (Continuará)

-NOTA: En el Programa “En Caliente” de RADIO MAMBI de hoy (Lunes 2 de abril, 2012), la periodista Ninoska Pérez Castellón acaba de afirmar que ella ha preguntado y le han dicho que el empresario Carlos Saladrigas tiene acciones en la empresa FARMACIAS NAVARRO (“Navarro Discount Pharmacy“); Pérez Roura añadió que se trataría de un 10% de las acciones; agregando que “eso no es poco en ninguna empresa”.

-PRIMERA PARTE

-IMAGEN: “Trans-Utopia”: the comics journal

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