“Nosotros y las tortugas”: Poemas incómodos de Jesús Jambrina
Jesús Jambrina
(A los lectores) Estos poemas fueron escritos en La Habana entre 1985 y 1999. No responden a un plan de libro o algo así. Varios de ellos fueron dados a conocer en revistas culturales, antologías y sobre todo tertulias universitarias. Son poemas callejeros, escritos en las mesas de la biblioteca nacional, en cines, casas de té y paradas de ómnibus. Pudieran ser diálogos ocultos con la poesía escrita por jóvenes en aquella época, pero sobre todo son el testimonio de alguien que descubre las palabras como compañía y abrigo en medio de la efervescencia (positiva y negativa) de aquellos años. Son también poemas de aprendizaje, de ahí que muchos estén dedicados a autores, conocidos o no, y a amigos. Puede decirse que son homenajes, celebraciones y a veces duelos, reencuentros, pases de cuenta.
Cuando hace años le leí algunos de estos textos a uno de mis profesores en la Universidad de La Habana, me dijo, “Son un poco incómodos ¿no crees?”. “De eso se trata”- le respondí. “Entonces –me anunció- ve preparándote para que nunca te los publiquen”. Lo que no sabía aquel profesor era que no los escribía para que me los publicaran, sino para sacarlos de mí, exorcizarlos, si se quiere. No creo en la poesía como don, ni como trabajo, ni como privilegio. Creo en ella como líquido corporal, sudoración, saliva. El poema como lubricante, como acción persuasiva y performance social.
Sin embargo, y esta puede ser una contradicción, también creo en la poesía como exploración de lo oscuro y como una forma de mística. Creo en lo imponderable, los senderos ocultos y los mundos paralelos. Creo en la retórica existencial y en el riesgo de la pregunta, aunque no soy supersticioso. Creo que la poesía es camino y no fin. Tal vez por todo esto nunca me sentí, ni me siento, bien en las capillas de la moda y la perfección poética, algo que para Luis Antonio de Villena fue casi un pecado cuando, junto a un grupo de amigos, se lo comentamos. “Pero chicos- replicó- en el mundo de la literatura siempre hay que pertenecer a un grupo, si no estás perdido”. Puede que tenga razón y tal vez por eso ni yo ni mis amigos de aquellos años, algunos de ellos poetas de notable nobleza, hayamos publicado nada hasta muy recientemente. No quiere esto decir que tenga algo contra los grupos y las capillas, sino que no es mi estilo de participar de la poesía.
Los dejo entonces con estos arrebatos y espero que los disfruten.
Decorah, Iowa.
* En Nosotros y las tortugas, Santiago de Chile, Editorial Fuga, 2012. Disponible en www.amazon.com

