Cuba y su periodismo castrense (I)
Arnaldo M Fernández
Martí no podía saltar de su contexto histórico del periodismo ideológico y se apeó con aquello de que «tiene tanto el periodista de soldado» (La Nación, julio 28 de 1887). Fuera del contexto vital decimonónico, la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) recicló la noción martiana y estiró el tanto de soldado hasta repletar al periodista y dejarlo ya sólo «soldado de la revolución». Por imperativo lógico y aun estético, esta noción romanticona entraña ejercer la profesión arrostrando hasta la muerte. Si tal peligro no se corre, pues se inventa, como acaba de hacerlo un «periodista cubano residente en Miami», luego de relatar —para el blog La pupila insomne— el capítulo cantado de la telenovela exiliar que viene protagonizando Reina Loina (o Luisa) Tamayo, madre del finado Orlando Zapata Tamayo, en la televisión hispana de Miami: la mujer tiene que ganarse ahora la vida como puede, al igual que casi todos los demás exiliados.
El casco de soldado y la mala idea de periodista no podían menos que agregar la saga de haber recibido el relator una «ola de amenazas, incluso contra la vida». Así mató dos pájaros mediáticos de un solo tiro gacetillero: no sólo pasar de simple colaborador de un blog a corresponsal casi de guerra en Miami para el periódico Granma, que sacó enseguida las notas sobre la saga, sino también deslizar la enésima prueba de una Miami sombría (Foto © LockesKidney - Flickr) entre la intolerancia y la muerte.
Nadie se llame a engaño: ya otro periodista soldado en Miami, Andrés Gómez, soltó que el último recurso legal para procurar la libertad de «Los Cinco» estriba en presentar así a Miami e inflamada por una pandilla de periodistas malvados pagados por la Casa Blanca. La saga de la relatoría antemencionada busca calzar el recurso con esta descarga: «Estar lejos de la Patria, y sostener un rincón de lealtad a su pueblo, es un acto sacrílego para los que solo saben hablar con el lenguaje de las pistolas y las bombas. Pero aquí estamos, sin claudicar ni rendirnos».
Sólo bastan dos dedos de frente para preguntarse por qué amenazaron a este «periodista cubano residente en Miami» en vez de a los periodistas de Miami que armaron las entrevistas con Reina Loina (o Luisa) para el programa “A Fondo con Sevcec” (AméricaTeVe, Canal 41). El cuento de que aquel —y no estos— propició “amplia difusión” en Internet e irritación en los “sectores extremistas de origen cubano” sólo puede tragárselo el lector despistado.
Este episodio es otro avatar de la crisis de la izquierda pro castrista, que al parecer no encuentra voceros en el sur de la Florida más allá de quienes se arrepintieron [de repudiar a Castro al irse de Cuba] de haberse arrepentido [de cerrar filas con Castro dentro de la Isla]. (Continuará)

