MIAMI: oposición política y contestación cultural
Emilio Ichikawa
En vísperas de Navidad, el Director General de “Radio Mambí” (emisora de Univisión Radio) y a la vez Presidente de Unidad Cubana, Armando Pérez Roura, invitó a su programa “La Mesa Redonda” al Sr. Diego Suárez, miembro de la Junta Directiva del Consejo por la Libertad de Cuba. Una organización muy valorada en la barra anticastrista; al menos formalmente. Suárez, una personalidad de prestigio en el sur de Florida, aprovechó la oportunidad para referirse a las acciones emprendidas por su organización en contra de la tiranía insular; y refirió alguna marcha y encuentro social, un concierto y otros gestos como su propia intervención radial.
Es decir, que lo que hace el Consejo por la Libertad de Cuba, cuyo liderazgo actual está compuesto -según declara su propio programa- por “reconocidos y exitosos empresarios, intelectuales, abogados y periodistas”, es contestación cultural, no oposición política. Dicho de otro modo: en ningún momento el Consejo por la Libertad de Cuba se ha propuesto la toma del poder en Cuba; el derrocamiento de Castro. Tampoco Unidad Cubana, que recién descubre la política.
“Educar” al pueblo cubano en los valores de la libertad; “promover” la ideología democrática; “gestar la sociedad civil” y recordarles a los opositores a Castro dentro de la isla que no están solos, constituyen el eje del Consejo por la Libertad de Cuba y de la mayoría de las organizaciones cubanas y cubanoamericanas de orientación anticastrista en los EEUU. Esta diferenciación entre ambición política y movida cultural es muy importante. Veamos por qué.
La oposición política exige la definición de un objetivo. Lleva un plan, y una disciplina. Concentración. El liderato político obliga a subordinar la vanidad a la ambición; y se encamina a sumar partidarios más que a distanciar émulos. Todo esto facilita el establecimiento de alianzas y, entonces sí, el logro de la unidad. Es política en sentido estricto; no “diseño”. Que es la habilidad que puso en juego Emilio Estefan al “producir” la marcha más sonada en Miami es los últimos tiempos. Tomar el poder no es escribir y mucho menos presentar libros. Publicar y dar conferencias es más bien propio de políticos en retiro; como Uribe, Aznar o el propio Fidel Castro. O de escritores e historiadores profesionales; que es lo que en el Miami cubano se olvida.
Mientras la oposición política tiene unas fronteras definidas en términos de amigos y enemigos; la contestación cultural emula dentro de la misma bandería. Se trata más bien de una lucha por la excelencia social o artística donde el “enemigo” es otro productor de mercancía estética que pertenece al mismo grupo o “partido”.
Las principales remociones que ha vivido la polis cubana de Miami en este 2011 no se deben a la tensión entre enemigos políticos; el móvil es más bien el celo al vecino: por eso ni el CLC ni Unidad Cubana participaron en la flotilla del Movimiento Democracia, ni se les ve piqueteando junto a Vigilia Mambisa o Los Rockies de Miami. Ni siquiera en movidas del Tea Party local. Grupos que, por demás, tampoco se han propuesto concretamente tumbar a Castro. Ni creo que les interese; porque es precisamente la satisfacción (el éxito) con la vida lograda fuera de Cuba una de sus líneas discursivas principales.
Nada tuvo que ver con los “agentes” de Castro, sino con la presión de la competencia de otros canales de TV anticastrista, la salida del aire de presentadores y productores de la TV local en este 2011. Aún más: ante el rezago evidente de algunas televisoras en la emulación anticomunista, el peligro viene ahora de la competencia por la estelaridad al interior de los propios canales; de los libros y blogs publicados por empleados de la misma empresa, empeñados en rebasar el límite de la escueta ejemplaridad laboral.
La caída de “raitings” radiales que al cabo lleva a despidos o traslados entre emisoras a algunos locutores de la ciudad, son inducidos por la competencia de otros espacios anticastro, y no por el aumento de la recepción de la radio de la isla en el sur de Florida o la conspiración de “agentes de influencia”. Los mayores embates que un proyecto Federal como Radio y TV Martí ha conocido este año tampoco han venido de sus objetores castristas sino de los propios “aliados” y beneficiarios de dicho proyecto. ¿Quiénes han sido los mayores críticos de la reciente re-distribución de fondos de la USAID para la democracia en Cuba sino otros pretendientes menos favorecidos? Apuesto a que los simpatizantes de Castro desean menos que desparezcan estos programas de la USAID, que algunos declarados enemigos que quedaron al margen de las asignaciones.
Por el momento, los partidarios de Obama tampoco han movido un dedo para que los candidatos Republicanos a la Presidencia de EEUU, y algunos de los legisladores del barrio, hayan visto afectados su prestigio (y ojo, que llegan las primarias).
Lo que en el sur de Florida se llama política anticastrista es en verdad la instrumentación cultural del ejercicio de la vanidad; potenciado hasta límites extremos por la sensación general de tiempo perdido que adjunta la dimensión exiliar.
-ILUSTRACIÓN: gereiheimer.livejournal.com

