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Grupos pro Derechos Humanos no-opositores (Las fuentes no-morales de la tolerancia)

Enviado por en septiembre 29, 2011 – 10:52 am

Emilio Ichikawa

Entre los movimientos de monitoreo y defensa de los Derechos Humanos en Cuba se encuentran la CCDHRN (Elizardo Sánchez), Foro Cubanacán Press (Guillermo Fariñas) y Las Damas de Blanco (Laura Pollán & Berta Soler); por citar tres ejemplos. Su proceder califica cómodamente en lo que se conoce como “lucha pacífica” y, en sentido estricto, carecen de carácter “opositor”. Ellos no tienen por el momento opción, ni se proponen, disputar el poder al gobierno cubano. Lo han declarado (en el caso de Sánchez ni siquiera lo ha considerado) más de una vez.

La conciencia cubana juega cotidianamente, en charlas y chistes, con el tema de la singularidad nacional. Pero renuncia al presupuesto cuando se trata de análisis político y remite la mirada fuera de la “zona de identidad”, hacia lo que sucede en otras partes del mundo. Más allá de la poesía (donde la analogía existe como símil), Matanzas no es Atenas. Ni Jatibonico Bengazi o Campechuela, El Cairo.

La situación cubana, ya sabemos, no es la misma que la de los ex comunismos de Europa del Este. Ni es idéntica a las autocracias árabes norafricanas y mesorientales. Ni siquiera es reducible a los comunismos “maorxistas” de Asia. Todavía más: el hecho político cubano tampoco es similar a los llamados socialismos del siglo XXI en América Latina donde, efectivamente, sí existe oposición política (por definición).

Un ejemplo: Fabio Gadea, un opositor al Sandinismo “danielista”, estuvo recientemente en Miami Dade, en la ciudad de Sweetwater, para inspirar a simpatizantes y levantar fondos para enfrentar a Ortega en las elecciones del próximo 6 de noviembre (Gadea será el No. 13 en la boleta electoral). Gadea es exactamente un opositor y, lo logre o no, tiene un plan concreto para tomar el poder.

La campaña de críticas que realiza el equipo de Fabio Gadea a la imagen pública del Presidente de Nicaragua Daniel Ortega, su esposa Rosario Murillo y sus hijos (objetados ahora por el tema del Canal “19 Digital), forma parte de una estrategia electoral más abarcadora. El empeño publicitario representa, en este marco, solo un medio: la meta es la casa de gobierno. En el caso de los grupos de “resistencia” cubanos, el trabajo contra la imagen del gobierno castrista es un fin en sí mismo. Es un proyecto en el nivel mediático que difiere incluso del caso tradicional de la prensa que se confabula y manipula un evento que surge al margen de ella. Aquí tenemos más bien la producción del evento “para” la prensa.

Críticas de movimientos como Las Damas de Blanco y Foro Cubanacán Press equilibran la situación. El gobierno cubano es vulnerable ante las mismas porque aun arrastra la insolencia utópica de la era de la Guerra Fría. En medio de la crisis global, de eventos que cuestionan mitos como la serenidad social en Noruega o la competencia tecnológica de Japón, son pocos los gobiernos que se atreven a alardear de que tienen en su poder la fórmula ideal para que la especie humana viva a plenitud. Sin embargo, la propaganda cubana sigue atrincherada en que ha dado con el mejor sistema social posible; lo que es sospechoso a cualquiera. Justo es decir que la prensa oficial ha captado esta situación y se mueve a zonas críticas que en ocasiones emula los alcances de la prensa independiente y la internacional.

El proyecto de existir como movimiento pacífico no-opositor es por demás realista en las presentes circunstancias. Tanto fuera como dentro de la isla se percibe una suerte de “Hemos llegado”. Muchas cosas indican que no vamos a ninguna parte sino que ya hemos arribado a un punto de la historia nacional en que ni el castrismo ni el anti-castrismo tocarán un punto cero de existencia; aunque todavía uno de los polos sueñe –o pulsione- por la desparición del otro.

En Miami, por ejemplo, así como la situación política dominante no pudo anular a las tendencias pro-Castro de la comunidad (que ya existían antes de 1959), tampoco creo que, incluso en el peor escenario electoral para el anticastrismo, con congresistas y alcaldes proclives al régimen de La Habana, podría anularse el polo pues ya está demasiado enraizado en las estaciones de la cultura (en su sentido más amplio).

Ante la situación de hecho de que castrismo y anti-castrismo deban asumirse como partes orgánicamente vinculadas en un punto de llegada de la historia, la tolerancia debe fluir como una actitud natural. Coexistir en paz no es ya una recomendación de vanguardias políticas y morales; no depende de la eticidad, la coacción jurídica o la opción individual: es un estatuto que debe aceptarse por conveniencia, por interés y por fatalidad destinal. Ya que no hay manera de aniquilar al contrario, no queda más remedio que contenderlo en paz; bajando intensidad emocional en una cadena donde victorias, derrotas y empates se sucederán sin consecuencias definitivas (en el plano del Ser).

El lunes 19 de septiembre (2011) Laura Pollán señaló que Las Damas de Blanco era ya “un movimiento nacional de defensa de los Derechos Humanos”. Luego añadió que defendería también la “democracia” y la “libertad” para todos. Esta adición complica un poco el objetivo, ya que votar y hacer publicidad política en campaña, aunque son derechos muy preciados, no los poseen las personas por su sola condición de “seres humanos”.

Desenfoques como este son provocados por la urgencia de logros concretos tras 53 años de una historia que “se vive” y “se percibe” como si fuera una historia única. Y logro concreto, para muchos, equivale a eso que con cierta indefinición se llama “fin de los Castro”.

Quizás esa presión hizo declarar a Laura Pollán que Las Damas de Blanco podrían ser una “llamita” (“iskra”, decía Lenin; “chispa”, le sugirió Dagoberto Valdés a Yoani Sánchez; y metafóricamente jugó con “fuego” Armando Pérez Roura) que prendería un movimiento mayor. Pero no parece este un diagnóstico correcto; si analizamos el contexto internacional (este periodo 66 en la ONU es una oportunidad) se notará que Cuba tiene un consenso aprobatorio que inhabilitaría la cobertura necesaria para que algo como lo sucedido en Libia pueda salir adelante. Aunque es verdad que la imagen de Fidel Castro se ha fatigado en algunos círculos de simpatizantes de la revolución cubana; también lo es que a diferencia de Gadaffi (que fue objeto de intereses corporativos) su figura está montada en las creencias de un importante sector de la sociedad norteamericana y la izquierda mundial.

Las Damas de Blanco tienen ahora el problema de subirse el listón y competir con ellas mismas. Cada domingo deberán hacer un gesto que supere lo que hicieron el fin de semana anterior para satisfacer las exigencias de la prensa (sobre todo a inicios de semana). De lo contrario, una buena parte del público se distanciará por aquello de que “Una verdad repetida mil veces se convierte en mentira”. Probablemente, ya fuera del foco publicitario, entonces sí, se abran para esas luchadoras los caminos hacia una política mayor.

-IMAGEN: SSCNET.UCLA

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