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Cornelio Rojas: historia y argumentación

Enviado por en julio 12, 2011 – 22:53 pm

Pedro Pablo Bilbao

Tras el testimonio de Gladys «Marel» García en contra del Cornelio Rojas, jefe de la policía de Batista en Santa Clara al triunfo de Castro, la réplica de Amaro Taibo gira en torno a que el reportaje gráfico sobre «la cámara de torturas» en la jefatura de la estación de policía santaclareña (Bohemia, enero 18-25 de 1959, páginas 20-21) «fue un montaje para justificar el asesinato sin juicio alguno». Tal es la convicción de Taibo, pero su argumentación se reduce a que los instrumentos de tortura mostrados en el reportaje eran cosa de museo: artefactos del tiempo de Weyler que hacia 1952 estaban guardados en una vitrina, como asevera Taibo haberlos visto.

Esta argumentación se torna endeble y no precisamente porque lo guardado en vitrina hacia 1952 pudo haberse sacado en 1957, sino más bien porque la mayoría de las torturas referidas en el reportaje de Bohemia eran desconocidas en la época de Weyler (corriente eléctrica aplicada en los oídos y bombillo ardiente) o no requerían el instrumental de la vitrina: tenaza en la lengua, sacar las uñas, semi-ahorcamiento…

Otro lado flaco de la argumentación de Taibo estriba en que el reportero no fue una marioneta del Che Guevara ni de Castro, sino Samuel Feijóo (1914-92), colaborador de Bohemia desde 1953 y desde 1958 editor de la revista Islas (Universidad Central-UC). Feijoo no tenía compromiso de antemano con el castrismo y mucho menos era incondicional. Hasta lo expulsaron (1969) de la UC.

La única foto publicada del reportaje que no tomó el propio Feijoo, sino uno tal Hernández, muestra al coronel Rojas tras las rejas tal y como había aparecido en Bohemia (luego de malograrse el atentado terrorista [mayo 26, 1957] de los militantes del Movimiento Revolucionario 26 de Julio «Chiqui» Gómez Lubián y Julio Pino Machado) la sobreviviente «Marel» García: «sin muestras de golpes ni de torturas». El pie de la foto de Hernández socava todavía más el argumento de Taibo, porque precisa que fotografió a Rojas «horas antes de ser fusilado tras un juicio sumarísimo del Tribunal Revolucionario».

Otro coronel, dizque que hasta de la CIA, Jules Dubois aclararía en el siguiente número especial de Bohemia (febrero 1 de 1959, página 6) que las ejecuciones de los criminales de guerra batistianos tuvieron lugar «después de ser juzgados y convictos por los tribunales militares revolucionarios». No se puede esperar que los vencidos fueran enjuiciados a lo Casey Anthony, pero un juicio sumario dista mucho de «sin juicio alguno», sobre todo si el alegato contra Rojas radicaba en que había ordenado liquidar sin juicio alguno a gente del bando de Castro.

Si no fue así, el bando de Rojas tuvo tiempo suficiente para ir contra Feijoo en la propia Bohemia o en el Diario de la Marina. Todo parece indicar que  Feijoo no impostó las fotos ni mintió en el texto. Lo contrario no puede imputarse a la ligera, porque luego de mostrar «la increíble crueldad» encerrada en la jefatura de policía de Santa Clara, Feijoo reportó el fusilamiento. Además de mostrar con otra foto que Rojas recibió hasta auxilio religioso de un ministro evangélico, Feijoo narró el gesto memorable del coronel en el paredón, donde dijo con voz firme a sus ejecutores: «¡Viva Cuba, muchachos! Ya tienen la revolución. Ahí se las dejo. ¡No la pierdan! ¡Estoy a disposición de ustedes!». No parece condigno de alguien que se portó así al morir, lanzarse a defenderlo como víctima inocente de un asesinato tan sólo con vueltas y más vueltas infundadas en torno al reportaje de Feijoo.

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