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Hillary Clinton recuerda anécdota de Mr. Eagleburger sobre CUBA

Enviado por en junio 23, 2011 – 9:19 am

Las palabras de despedida de Hillary Clinton al diplomático Lawrence Eagleburger (foto: nyt), sobre cuyo fallecimiento informara The New York Times el pasado 4 de junio, fueron de algún modo alegres; por lo menos entrañables, enfocadas en lo humano del personaje.

Se ha hablado bastante del sentido del humor de Eagleburger, de sus “salidas” inesperadas y, sobre todo, de su larga visión. Sabemos ahora que Kissinger le preguntaba sobre Cuba para aconsejar a Nixon por su prestigio en el tema de las relaciones internacionales… y porque era a quien debía preguntarle según la escala burocrática.

En el referido discurso Hillary Clinton recuerda a Eagleburger en un episodio relacionado con Cuba que tiene al menos dos momentos aleccionadores. Eagleburger se entera un día de 1961 que algo está sucediendo en la isla, una suerte de “rebelión” contra Castro; prepara entonces un informe no muy optimista de los resultados. Luego, se entera que la tal rebelión no era más que lo que hoy se conoce como Girón/Bahía de Cochinos, y que funcionarios norteamericanos estaban apoyando la acción; cuyo fracaso él acababa de predecir. Con razón, como demostraron los hechos.

La Secretaria de Estado Clinton puede imaginar, con picardía, el “embrome” que esto pudo implicar en los corrillos de Washinnton DC. Por otro lado, enseña que eso de la división y compartimiento de poderes no es un mito: gente en muy altos puestos puede quedar fuera del diseño de grandes movidas. En el caso de Cuba, no hay que dudarlo.

Así recuerda el incidente la Secretaria de Estado: “One morning in 1961, he came to work early and discovered that something big had happened in Cuba overnight, what we now know was the start of the Bay of Pigs invasion. And Larry thought it was his job to try to report on what was happening insofar as he could figure it out.

So he collected up all the facts available and he wrote up his analysis. Someone, he wrote, was trying to overthrow the Castro government and they were going to fail. (Laughter.) A few hours later, he discovered he was supporting the invasion, senior officials of the United States Government, and he discovered how they felt about his analysis. (Laughter.) He was summoned to the White House, and for several hours he was chewed out by one big shot after another.

Now, Larry was, in his own words, a junior, junior, junior officer…”

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