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Tte. Coronel Sánchez: es risible afirmar que no hubiera un médico para Castro en un vuelo Holguín-Habana

Enviado por en diciembre 16, 2010 – 12:17 pm

Tte. Coronel Reynaldo Sánchez

Otra vez sale a la luz pública informacion sobre la enfermedad de Castro, en esta ocasión proviene de cables de diplomáticos norteamericanos publicados por Wikileaks,  ya hemos hecho en varias ocasiones un recuento de toda la enfermedad, desde sus primeros inicios en el año 1983 al regreso de un viaje a la India y que fue la primera vez que conocimos de este padecimiento del dirigente cubano, hasta  la otra aparecida en el año 1992, al regreso de un viaje por España. Estos fueron los antecedentes de dicha enfermedad porque nada surge de la nada y todo tiene una historia .

Al analizar cualquier tipo de información debemos, en primer lugar, ver el origen de las fuentes; los cables a que hacemos referencia son informaciones brindadas por terceras personas que oyeron o se les comentó sobre la enfermedad de Castro.

En primer lugar cuando una información pasa de una persona a otra va sufriendo -de manera intencional o no- deterioro en cuanto a aportes o recortes de la síntesis informativa original, por esa razón las obtenidas de primera mano, de testigos presenciales u oculares siempre gozan de más credibilidad.

En el caso específico que nos ocupa estas informaciones no son datos de inteligencia ni despachos del Departamento de Estado; y no han sido investigadas y confirmadas en lo absoluto. Es ridículo pensar que es cierto que al lado del dictador -y ateo- Fidel Castro haya una monja que pudiera tener información sobre la enfermedad de este señor, máximo cuando cualquier padecimiento de Castro se ha tratado como un secreto de estado. Jamás en mis 17 años de trabajo en su escolta personal vi a una monja “en cercanía” con Fidel Castro, lo que es absolutamente normal para cualquier presidente de este hemisferio no lo es para Castro. Castro jamás dejaría que un religioso tuviera acceso a algo relacionado con su vida personal y privada, por tanto la versión sobre la cercanía de la supuesta monja al dictador cubano carece de toda lógica y no es creíble.

Lo relacionado con el diagnóstico de la enfermedad de Castro tampoco se ajusta exactamente a la realidad; en primer lugar las fuentes de esta información tampoco son de primera mano con la excepción del Dr. Sabrido, que cuando examinó a Fidel Castro ya se le había amputado la parte que contenía la ulcera cancerosa a que hemos hecho referencia y por tanto cuando él lo analizó no tenia ni rastros ni pudo encontrar evidencias de esta enfermedad y debió aceptar la versión oficial de que era una diverticulitis intestinal.

A Castro se le diagnosticó que padecía de una úlcera cancerosa en el año 1992, lo sé porque miembros de su equipo médico lo hablaron en mi presencia porque en esos días yo estaba en la clínica personal de Castro en el Palacio de la Revolución junto a su lecho de enfermo, de esto también puedo dar fe.

La sustitución del médico Selman no fue porque él estuviera de acuerdo con la intervención quirúrgica como medio eficaz de eliminar la enfermedad sino porque fue él quien siempre estuvo en contra de esta práctica médica y propuso la cura por medio de tratamientos, dietas y medicamentos; desde el año 1983 esa siempre fue la postura de Selman en contra de otros representantes del equipo médico de Fidel como el Dr. Dorticós -hermano del fallecido presidente de Cuba- que sí proponía la intervención quirúrgica.

Fidel se dejó llevar por la opinión de Selman, al final era su médico de cabecera; por otro lado, siempre Castro le temió a la anestesia general que se debía emplear en su operación y las secuelas que esta pudiera acarrear; de otro modo no había ningún motivo para la sustitución de Selman pues desde un principio supuestamente él habría recomendado la intervención quirúrgica, pero no fue así.

Otro aspecto que contribuyó a la sustitución de Selman fue que cuando se procedió a realizar el implante para sustituir la parte ya extirpada del intestino, Fidel se desesperó y ordenó que lo realizaran muy tempranamente cuando aún los bordes del intestino donde se debía saturar el implante no estaban lo suficientemente duros para esta operación. Selman no desalentó ni informó a Castro sobre las consecuencias de este apuro y por el contrario lo secundó y apoyó. Por demás Selman nunca fue bien visto ni por Dalia.

El hecho risible de que cuando Castro regresaba de Holguín en un avión y le brotó una gran hemorragia ningún médico estaba en esa aeronave, es verdaderamente impensable: en cualquier medio de trasporte que viaje Fidel, auto, yate o avión está presente su médico de cabecera. Así lo tiene establecido el propio Fidel y así está comprendido en los planes de protección.

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