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La historia de la revolú según Max

Enviado por en octubre 5, 2010 – 9:25 am

Julio W. Carreras

Lo mismo en Little Havana que en Habana Vieja, Max Lesnik viene contando su papel en «ese fenómeno histórico denominado revolución cubana». No acababa de ingresar (1947) Universidad de La Habana para estudiar Derecho y tuvo ya la ocurrencia de «reorganizar» la Juventud Ortodoxa (JO). Salió de tour por la Isla con el panfleto El pensamiento ideológico y político de la juventud cubana, redactado por Carlos Manuel Rubiera y firmado por doce apóstoles del movimiento cívico que animaba Eduardo Chibás, quien «pensaba —dice Max— que a largo plazo se impondría en Cuba el socialismo». Para 1950 Max era elegido secretario general de la JO en su congreso renovador.

Moncada

Al filo del madrugonazo (marzo 10, 1952) de Batista, Max guardaba ya «una relación personal muy estrecha» con Castro, aunque no tanto para saber «con exactitud lo que se proponía». A diferencia de aquel, Max cifraba sus esperanzas en «el clásico [contra]golpe de Estado de los elementos más puros [del propio ejército]». De ahí su versión del ataque al Moncada: «Fidel se entera, igual que yo, de que ese 26 de julio [de 1953] se va a producir una asonada en el Campamento Militar de Columbia, que no se llegó a dar (…) Cuando se produjo el golpe de Estado, el jefe del Cuartel Moncada era el coronel Álvarez Margolles. Al tomar Columbia, los complotados [con Batista] llamaron: “Entréguele el mando al capitán Roberto del Río Chaviano”, [quien] se apareció en el Moncada y le entregaron el cuartel (…) El plan de Fidel [era] que, cuando entraran en Columbia los conspiradores, estos llamarían por teléfono [y] como ya habría asaltado el cuartel, el que iba a contestar el teléfono no era Chaviano, sino el “coronel” Fidel Castro Ruz. La prueba de que esta era la estrategia es la foto de Bohemia donde aparece José Luis Tasende, con los grados de sargento y el uniforme del ejército de Batista».

Escambray

Al salir de la cárcel (mayo 15, 1955) Castro se habría enrolado, según Max, en su proyecto «Las fuerzas morales», junto con el comentarista radial José Pardo Llada, Amalio Fiallo (Juventud Católica) y José Antonio Echeverría (FEU). Sólo que Castro «rompe con la Ortodoxia oficial, mientras que yo me quedo [porque] pensaba a la manera clásica: no se podía hacer la revolución contra el ejército, sino con una parte del ejército». Al cabo se tornó evidente que Batista se caía y «comprendí que la estrategia guerrillera era la correcta, es decir: la que Fidel había  desarrollado en la Sierra Maestra y que podía ser efectiva en cualquier otra región  montañosa». Max se alineó entonces con Eloy Gutiérrez Menoyo, quien se había alzado en El Escambray (Las Villas). Max es «villareño, del pueblo de Vueltas», pero hubo más: «no tenía la seguridad de ser bien recibido, aunque Fidel me protegiera, [porque] lo lógico era que yo fuera a parar de subordinado de Carlos Franqui», a quien Max atribuía «posiciones fascistoides dentro del 26 de Julio». Max entraría enseguida en acción: «se me ocurre mandar a hacer dos mil brazaletes, en colores muy bonitos, que dicen Segundo Frente Nacional del Escambray, con una antorcha, y logro hacerlos llegar al Escambray, para por lo menos darle una unidad no ideológica, sino de combatientes de un mismo cuerpo».

 

Revolú triunfante

En eso triunfó Castro y Max desembocó en aguda crisis existencial: «Lo que me preocupaba era la influencia cada vez más marcada de los comunistas del PSP en el control de una serie de aparatos cuya presión yo sentía (…) Sufría porque los cuadros comunistas afectaban mi ubicación dentro del proceso. Tuve problemas en mi hora de radio en la emisora Cadena Oriental, a partir de una confrontación con [Niurka Escalante e Isidoro Malmierca], que hacían un programa de la Juventud Socialista en la misma emisora».

Según Max, mucha gente se quedó en Cuba «porque Fidel de alguna manera los convenció de que eso era necesario y posible. Otros, como yo, no lo aceptaron: por eso me fui». A Max no pudo retenerlo ni siquiera su primo, Osmundo Machado, hermano de José Ramón Machado Ventura, con la oferta de trabajo «como jefe de relaciones públicas de los Ferrocarriles [de Cuba]». Fidel, Raúl y Machadito «estaban al tanto», pero Max pensaba que «con el expediente que ya yo tengo, me van a coger preso y acusarme de traidor a la Revolución». Resulta que ya Max estaba conspirando contra Castro: era «el jefe de propaganda del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP) y el creador de su órgano oficial, llamado Orientación, un periodiquito clandestino». Sin embargo, «esa no fue la razón para decidir irme, sino la presión de ese grupo del PSP».

Max asevera que se metió en el MRP, que dirigía Manolo Ray, «creyendo que era lo que le llamaban el fidelismo sin Fidel». Solo que se percató de que el MRP estaba penetrado por los americanos: «El organizador de los campamentos del MRP fue Luis Posada Carriles. No por vinculación ideológica, sino puesto por la CIA». Max alega que la penetración se extendía al resto de la oposición anticastrista: hasta «Hubert Matos estaba conectado con la CIA en Camagüey a través del cónsul británico».

Exilio

Max decidió entonces meterse en la boca del lobo. Sale «de Cuba clandestinamente, en dos lanchas, con mis compañeros del grupo del Segundo Frente, y llega a Miami». Todos permanecieron «encerrados seis meses (…) en un campamento de inmigración, [pero] después que Menoyo y algunos de ellos forman Alpha 66, ya yo no tengo que ver nada». Max había dejado en Cuba a su esposa y dos hijas. El vicecanciller Olivares les dijo «que no podían salir del país», pero Castro —asevera Max— «es un hombre muy agradecido en lo personal» y le propuso a ella: «Tú eres profesora de ballet, vas a ver a Alicia, y empiezas a trabajar con ella [o] si te quieres ir, te vas». La esposa de Max decidió irse y Castro llamó por teléfono a Olivares para ordenarle dejar salir con sus hijas a México… y «que se lleven todo lo que quieran».

Girón

A poco de llegar Max a Miami sobrevino la invasión o expedición a Girón o Bahía de Cochinos. Max devela así la clave de José Miró Cardona como el presidente «Estrada Palma» de aquel proyecto: «Miró había sido profesor de la Escuela Superior de Guerra [y] abogado defensor en la causa que se le siguió a tres de los puros, uno de los cuales era José Ramón (El Gallego) Fernández. Cuando el debriefing de Miró Cardona en la oficina de la CIA en Buenos Aires, se enteran de que él había sido defensor del Gallego y la CIA sabe que este era un jefe militar de Fidel, precisamente el que estaba a cargo de la artillería y los morteros. Entonces deciden traer a Miró Cardona como presidente del Consejo [Revolucionario Cubano], de manera que cuando se publique en la prensa internacional que iba a ser el futuro presidente de Cuba, a partir de la caída del gobierno revolucionario, el Gallego Fernández sacara sus cuentas».

Diálogo

Al declinar la opción armada del exilio contra Castro e insinuarse el «diálogo político», Max se encumbra: «Cuando el candidato presidencial demócrata Jimmy Carter va a Miami en busca del voto, contacta al cubano Alfredo Durán (…) Coordinamos entonces una entrevista a Carter en la oficina de Réplica, la revista que yo dirigía. Cuando se publicó esa entrevista, Fidel Castro detecta que sería posible, con un triunfo de Carter, buscar algún tipo de aproximación…». Así Max habría propiciado la «invitación del gobierno cubano al banquero Bernardo Benes para que fuera a la Isla, y así se inició el proceso que terminó con el llamado Diálogo del 78 y la liberación de tres mil presos políticos».

Coda antiplattista

Quien narra de este modo el pasado no puede menos que abrigar esta preocupación sobre «el papel [de los exiliados] en el futuro de Cuba. El regreso de algunos de ellos, si llegara a ocurrir algún día, influiría en el destino de Cuba. No hay que olvidar que la conquista de Texas se realizó a partir de texanos norteamericanos, que terminaron pidiendo la anexión».

 

-Foto: © Bohemia. José Luis Tasende de las Muñecas fue herido en el combate y trasladado al Hospital Militar confundido con las bajas del ejército. El fotógrafo Zenén Carabia tomó la foto pensando que se trataba de un militar herido. Al detectarse que era un asaltante lo asesinaron y apareció en el parte oficial como «muerto en combate». Castro aclaró en su Biografía a dos voces (2006) que fueron al asalto del Moncada «todo el mundo con uniforme del ejército de Batista y el grado de sargento» y que se reconocerían entre sí, «aparte del tipo de armas, por los zapatos, [que] no eran militares. Teníamos todos zapaticos de corte bajo» (página 133). Se trataba de un ardid táctico sin relación alguna con la presunta asonada militar en Columbia de que habla Lesnik.

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