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El próximo libro y los últimos combates (I)

Enviado por en julio 31, 2010 – 14:07 pm

Pedro Pablo Bilbao

Siempre es bueno saber de qué se está hablando, máxime al ejercer el criterio en revisión histórica. Las riflexiones de Castro el Viejo dan pie de sobra para criticarlas, pero sus reflexiones no tanto, sobre todo cuando giran en torno a la premisa, enunciada por Walter Benjamin, que debe aceptarse de entrada para oponerse con tino al castrismo: «este enemigo no ha cesado de vencer».
Ya se ha dicho que la «otra historia» que se pretende contar sobre la victoria estratégica de Castro sería peor que su historia oficial. Para empezar, la crítica en cierne endilga al libro anunciado por Castro «contar la historia parcializada de los últimos combates del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra». La enjundia del libro no son esos combates, sino aquellos relacionados con la ofensiva de Batista (mayo 24 – agosto 7 de 1958), que llegaron a 30. No importa tener ya el dedo en el gatillo de la computadora si no se sabe cuál es el blanco.
El núcleo duro de esa historia de Castro el Viejo es su alocución al pueblo de Cuba, por Radio Rebelde, inmediatamente después de fracasar la ofensiva batistiana. Ya en el juicio contra Hubert Matos, Castro dijo (diciembre 14, 1958): «No he inventado ni una bala de más en la historia de la Revolución». Por supuesto que la revisión histórica podría ocuparse de las balas que contó de menos, pero en el caso de su victoria estratégica en la Sierra Maestra, cuando su guerra contra Batista cambió de guerrillas a posiciones y movimientos, Castro no tiene que alterar sustancialmente la historia, porque ganó e incluso había predicho, en sus instrucciones a los comandantes de columna, que «después del fracaso de ésta [ofensiva], Batista estará perdido irremisiblemente». Y así fue.
La sola confusión del blanco histórico desacredita ya el montaje anticipado contra el libro de Castro, que se torna más delirante aún con eso de que «Fidel se queda en La Sierra Maestra y envía a los Comandantes Camilo Cienfuegos y Che Guevara a bajar al llano, avanzar hacia occidente y sobre todo bloquear el paso del enemigo a la región oriental del país». Si lo último hubiera sido el quid de la misión de Che y Camilo, no tiene sentido que sus columnas pasaran por Camagüey sin inutilizar la Carretera Central y volar los puentes más importantes. La misión era llegar cuanto antes al Escambray, tal y como atestiguan dos protagonistas que acabaron en bandos contrarios (Orlando Bosch y Enrique Oltuski), para que, descontado que Batista se venía abajo, los guerrilleros del MR-26-7 pudieran llegar a La Habana antes que los alzados del II Frente y el DR 13 de Marzo. Nada que ver con Gómez y Maceo: eso vino ex post facto por la manía de buscar legitimidad en el pasado.
Aparte de que Batista no podía enviar muchos «refuerzos» a Oriente, luego de que la flor y nata de su ejército (14 batallones de infantería y 7 compañías independientes, con apoyo de tanques, aviones y artillería pesada) había sido derrotada en las batallas de Santo Domingo (dos veces), Meriño, Jigüe, Vegas de Jibacoa y Las Mercedes, la misión de bloquearles el paso, en Oriente mismo, se encomendó (octubre 8, 1958) a Juan Almeida, tras cambiar Castro del palo de tomar Santiago de Cuba para la rumba de tomar primero el resto de la provincia. Por ese entonces, la moral de las tropas batistianas había decaído tanto que Castro mandó incluso a comprarles balas 30.06 o de M1 al «precio tentador» de un peso cada una. Y no entraría en La Habana cuando «el peligro era mínimo» por la sencilla razón de que no había peligro. Castro lo hizo así para completar su victoria militar con la propaganda abrumadora de la Caravana de la Libertad, a lo Estrada Palma.

-Foto: Primera versión periodística de la victoria estratégica de Castro © Bohemia.

-Nota: Lo más irónico de todo es que, para el crítico al acecho, «la verdadera historia» frente a Castro sería «la que conozco porque el propio Fidel así la ha contado en mi presencia». Pero eso es harina de otro costal historiográfico.

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