¿Qué significa “tumbar a Castro”?
Emilio Ichikawa
¿Qué significa “se cayó el castrismo”, lo tumbamos? ¿Acaso que se desintegró La Colmenita? ¿Que le retiraron los premios a Miguel Barnet o borraron los poemas de Retamar? ¿Que molieron los discos de Sarah González, Silvio o Van Van? ¿Que dieron de baja al equipo Industriales? ¿Que ya nadie celebrará un 26 de julio o un 28 de septiembre…? Porque eso, después que muera Fidel Castro, si acaso muere, es parte de la esencia del castrismo (aunque Arnaldo M. Fernández o Gerardo Muñoz acoten que lo esencial es indivisible).
Para decirlo con palabras de Hegel: el castrismo está ganado para el espíritu cubano. Está ganado, incorporado, como cultura, gesto y ambiente. Por eso “tumbar al castrismo”, literalmente hablando, no solo es difícil sino por el momento imposible. ¿Una prueba? Miami. El nuevo Miami está aquí para demostrarlo.
El cubano de Miami, el recién llegado sobre todo, entiende el Acta Patriótica como escritura jurídica de un Himno Nacional; la vigilancia entre vecinos reactivada por Ashcroft como lógica de CDR; el “obamismo” como comunismo; al Volunteer como Hombre Nuevo concientón. Porque el castrismo es un código para descifrar el mundo; para acercarse o huir de sus premisas. Una lectura: o mejor: un alfabeto.
Esta es la razón por la que las luchas cubanas cobran sentido cuando se tornan concretas: ¿Las licencias extrapenales de 20 presos políticos? ¿Jama? ¿Éxito profesional? ¿Fula?… Objetivos específicos y nobles contra metas abstractas tipo Martí, Chibás y Fidel Castro. Eso es tumbar al castrismo. Para empezar.
Yo creo que a Guillermo Fariñas se le debe ofrecer una fórmula elegante de abandonar la huelga. Y creo además que hay que buscar una forma respetable para que el gobierno cubano ceda. Es decir, en paradigma kubishe, cada cual debe aflojar su postura porque le salió de la “P”. La oposición cubana no tiene brazo armado, dinero o apoyo suficiente para apostar al ejercicio de la presión. Más exactamente: Ni es Al Qaeda, ni Hamas, ni ETA, ni el IRA, ni el Congreso Nacional Africano, ni las FARC, ni el Partido Republicano. Por su parte, el gobierno cubano es lo suficientemente narcisista como para no sacar los tanques a la calle. No queda otro remedio Raúl: hay que conversar.
-FOTO: Sushi Cheff Aki Murashami: ei-archivodelbarrio

