Oye Cuba, ¿te me vas a “arrechar”?
Ibsen Martínez
En un cierto momento, y aquí es donde la cosa se puso buena, uno de sus interlocutores, un guasón venezolano, con edad suficiente para recordar los años de la llamada “lucha armada”, comentó sin aspereza algo así como: “oye, Cuba, qué cosas tiene la vida, ¿no? Fidel no pudo ponerle la mano al petróleo venezolano con todos sus guerrilleros, y ahora, cuando ya está mascando el agua, le cayó del cielo esta manguanga: ustedes nos mandan masajistas disfrazados de médicos y nosotros les mandamos petróleo”. Insisto en que todo esto fue dicho con sorna, pero sin ánimo de gresca.
El cubano, sin embargo, no soportó con calma semejante insolencia, y para sorpresa de todos descargó un tremebundo golpe sobre la barra con la mano abierta, en ademán de no estar dispuesto a tolerar ningún comentario contrarrevolucionario. Frunció el ceño y todo en su gestual altanera recordaba al guapetón de barrio. Parecía disponerse a darnos a todos un discurso “reeducador”; un regaño, más bien. Pero le duró poco la saña porque el guasón se arrechó mucho más que él al verlo reaccionar de manera tan destemplada. ¿Qué, te me vas a arrechar; me vas a mandar preso? Aquí yo estoy en mi país, caballo, y digo lo que me da la gana… por ahora. Y no te me vayas en fuego, porque si esta vaina se pone color de hormiga tú vas a necesitar a tus amigos venezolanos, huevón. (Texto completo)

