Entrevista al cineasta Eduardo Lamora
Eduardo Lamora es un artista. Es cineasta. Ejerce la etnología, el viaje, la cubanidad y el exilio. Ha sido invitado por la Universidad Internacional de La Florida a exhibir su filme “CUBA: El arte de la espera” este jueves 11 de febrero a las 7:30 de la noche. Esta entrevista le muestra como una persona sabia, entrañable, con muchas cosas que compartir. Gracias y bienvenido querido amigo.
1-EMILIO ICHIKAWA: Tu filme “CUBA: El arte de la espera”, será exhibido el jueves 11 de febrero en Miami. Respecto a esa fecha has dicho: “Tú sabes, es la primera vez que la película se muestra a su público natural“. Brevemente, ¿qué entiendes por un “público natural”? El trabajo ha sido exhibido en Francia, y hemos visto buenas críticas. ¿Cómo calificas ese público?
EDUARDO LAMORA: Soy de los que cree que todo filme documental es en gran medida etnológico. Pero yo añado una dimensión íntima al término etnológico; la etnología no como el muestrario de los usos y costumbres o como instrumento sociológico, sino como lo que yo suelo llamar “etnología intima”.
Hasta hace muy poco el cine documental se consideraba como aquel que trataba los temas objetivos de la realidad. Soy de los que cree que el cine documental que debe abarcar también los elementos subjetivos.
Hablar de “público natural” en tiempos donde lo que predomina es el espectáculo generalizado tiene algo de incongruente. El buen espectador es el que ve todo a cualquier hora o momento. Desde hace mucho el cine se ha vuelto espectáculo y la imagen a su vez icono, en el sentido más religioso o antropológico. Con respecto al cine documental o único que va quedando al espectador es una especie de etnología vulgarizada que se ha vuelto alibi o consolación de sus propias carencias e incoherencias. El cine documental aspira a la descripción exhaustiva de lo “verdadero”, de lo real.
Uno de los aspectos del cine documental que siempre me ha espantado es eso de “filmar al otro”. ¿Es posible captar, filmar un trocito del alma del “otro” en una época donde la imagen se ha vuelto icono? ¿Se puede filmar al “otro” sin los prejuicios de la etnología? Lo mismo que “observar al otro” en el momento de la proyección.
2-EI: Una persona que acabo de conocer a partir de esta, tu presentación en Miami, me ha dicho que reconoce en ti “una capacidad intelectual impresionante” y confiesa que influiste mucho en su formación. Los elogios suelen ser incómodos pero ahí están. Igual te pregunto: además de con su obra, de qué otra forma puede un artista, puede Eduardo Lamora, influir en su entorno. ¿Ejerciste la docencia en algún momento?
EL: Enseñé cine en Noruega. Pero en lo que respecta a la pedagogía soy perfectamente incapaz. La prueba de ello es que mis películas se han vendido siempre muy poco y no me enorgullezco de ello. Una buena película debe tener una buena dosis de pedagogía.
En cuanto a lo otro, no es el cine lo que me hace influir en mi entorno, sino las gambas al ajillo que hago en mi casa para los amigos, o la palabra espontánea, la buena risa y el exabrupto… pero no me voy a poner lírico porque la conciencia de que esto puede ser leído revuelve todo lo que tengo de actor y ya no sería estrictamente Eduardo. A veces desconfío de los artistas. Además, creo que no quiero “influir en mi entorno” y ni yo mismo me lo creo mucho si dicen que sucede de verdad. La vanidad concierne no solo nuestra capacidad o posibilidad de influir en nuestro entorno; me digo cada día íntimamente, lo cual es un modo de “poner en su sitio” lo que hago… y lo que digo.
3-EI: Eduardo, se ha señalado que “CUBA: El arte de la espera” es un trabajo “pudoroso”. Creo que en el sentido de que no se aprovecha de ninguno de los estereotipos que solicita el mercado sobre el tema cubano. Es decir, está todo, pero sin hiperbolizar: el regreso, la nostalgia, el llamado “invento cubano”… en una medida justa. Imagino que, al haber trabajado en otras regiones del mundo como Bangladesh, estas cuestiones de identidad se te den de forma más natural. ¿Puedes hacer algún comentario respecto al “pudor” de este trabajo tuyo?
EL: Es curioso esto del pudor. Creo que habría que hacer una diferencia semántica entre el “pudor del pellejo desnudo” y el “pudor del alma en pelotas”. Yo hago la diferencia ya que después de una experiencia de casi 20 años de residencia en Noruega, me acostumbré -o me acostumbraron- a la naturalidad de la piel más íntima. Es decir, que yo debiera ser un hombre con poco pudor, lo cual no coincide con la percepción de algunas personas que han visto mi película y que señalan el pudor como rasgo sobresaliente de un tema que va de lo escabroso, en un sentido muy personal, a lo trágico, en sentido colectivo. Sin dudas que mi experiencia noruega, en particular, y en otras partes del planeta, me ha permitido hacer un viaje a regiones de mi alma (que el psicoanálisis llama inconciencia, etc.) que habitualmente no tenemos posibilidad de frecuentar. Y aquí habría que mencionar el tema de las ventajas infinitas del exilio, que muy a menudo el mismo exiliado no advierte.
4-EI: Por último. Creo que no visitaste Miami con anterioridad, ¿alguna expectativa antes de la experiencia?
EL: No conozco Miami. Algunos me dicen que no es más que un “barrio” de La Habana; otros, que allí se encuentra la “extrema derecha” del exilio cubano, o la “cultura hueca de la playa”, o el crisol de culturas latinoamericanas: en general muchos prejuicios y “post-juicios”. Y como que conozco la parte mía vulnerable a los prejuicios, cultivo en estos días antes de la partida, ilusiones infantiles pensando en los “paniquequis” (que alguien me dijo se hacen en Miami) que me voy a comer allá y que fueron mis dulces predilectos en los años prerrevolucionarios, allá en mi pueblito desapareciendo: el Central Preston.
-IMAGEN: De “CUBA: El arte de la espera”: Jeune Radio Fenetre

