Atenología
Sales de Miguetto
Yo vivía ontológicamente:
¿quién trajo la metempsicosis?
(Virgilia Malpisa La Ida en Seso)
Si es verdad, como decían los cinco héroes del pensamiento Occidental (Cristo, Tomás, Hegel, Heidegger y Borges) injustamente presos por el amperio, que a partir de la época helenística no hemos hecho más que poner cotas al saber antiguo (Epicuro acotó con la “declinación” el movimiento de caída de los átomos de Demócrito); si es así, entonces, a la Cubanología ha de corresponder una disciplina madre, acreedora, que no puede ser otra que la Atenología.
Y es que hubo un tiempo, que se puede precisar, en que a los filósofos y magos no le importaba otra cosa que el cosmos y los comienzos de las cosas. Empédocles quería obtener energía del Edna para desentrañar de qué estrella se había desprendido; y Tales y Heráclito meditaban sustancias para determinar cuál de ellas contenía (formaba) a las otras, y a las otras, y más… hasta llegar a la sustancia primera. La Sustansísima.
Tranquilo todo el mundo. Pero llegó Sócrates (atenólogo del Instituto Cirenaico y Cirenaico Ateniense de Sofística, ICCAS por sus… ejem…) y mandó a parar. ¡Tremendo baboso! Y junto a él Protágoras. ¡Tremendos babosos! Se enfrentaron la soberbia exitosa, la admiración y la envidia de uno hacia el otro. En las dos direcciones. Y desde entonces estamos aquí, regañándonos y objetando cuanto no entendemos; simplificados por el bien y el mal. Cuya diferencia no es tan clara como creían Violeta Parra y sus seguidores chinos, amarillos, gracias a la bija.
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