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La vuelta al café

Enviado por ei en enero 4, 2010 – 10:51 am

Me_and_my_booksArnaldo M. Fernández

En Historia y crítica de la opinión pública, Jürgen Habermas describe cómo las reuniones de salón y los cafés contribuyeron a multiplicar los debates y discusiones políticas, desde la Inglaterra del siglo XVII en adelante. Individuos en uso de razón fueron ocupando el espacio público, controlado por la autoridad, para ejercer la crítica contra ella. Esa crítica adquirió cada vez mayor publicidad gracias a la prensa de opinión (desde mediados del siglo XVIII), la prensa comercial (desde mediados del siglo XIX), los mass-media audiovisuales (desde mediados del siglo XX) y las relaciones públicas generalizadas (desde los años setenta del siglo XX).

Ahora la red se perfila cada vez más como filtro del sistema político y escenario de formación de temas de la opinión pública, donde debiera expresarse la crisis de lo político y la presunta moral de la sociedad civil, así como generarse ese poder comunicativo que supuestamente racionalizaría al poder político.

Al parecer, hasta los libros en la red terminarán sobrepujando a sus ediciones impresas y se avecina la catástrofe de los libreros. Las editoriales deben sacar partido de vender por sí mismas sus libros en sus respectivos sitios web, porque justamente el Kindle ha sido el regalo de Navidad más vendido en Amazon. Desde luego que los libreros acudirán a resortes de corte mafioso, como amenazar a las editoriales con sacar sus libros de los estantes y vidrieras si se atreven a venderlos on line. Y es plausible que el cambio no sea repentino, sino generacional, pero…

Los libros serán cada vez más electrónicos en la medida que los dispositivos de lectura sean más cómodos y baratos. Eso de tener acceso en segundos a cualquier libro, dondequiera que estemos, sugiere que las webs acabarán por remplazar a las librerías, sobre todo porque cobrarían una comisión más baja por libro vendido. Y cada vez más autores se publicarán sus libros en la red y aun podrán venderlos con éxito, por medio de recomendaciones en cadena de amigos y localización de gente con gustos parecidos en las redes sociales.

Lo que sí pueden hacer ya las librerías de corte cubiche en el exilio (dentro de la Isla, ni pensarlo) es transitar a cafés de tertulia, siguiendo la pauta de Barnes&Nobles con su Starbucks dentro. Las tertulias de todo tipo propiciarían aquel ambiente en que Habermas coloca el origen mismo de la opinión pública. Solo que esos cafés de tertulia tendrían de cajón su propia web, para que la gente pueda también hablar virtualmente, recomendar libros desde casa y, por supuesto, venderlos.

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