Humor etarra
Aunque no he podido verificar su sobrevivencia, todavía se registra en la Guía de restaurantes cubanos uno muy famoso a fines de los 80, situado justamente en el margen este de la Bahía de La Habana. En “el otro lado”, como se le suele decir. Me refiero a “Los Doce Apóstoles”.
La académica Lourdes Urrutia, socióloga vinculada a ciertos poderes aparatosos, me contó un día que otro académico de ETA había estado muy simpático en un almuerzo en “Los Doce Apóstoles” pues, al contar con una privilegiada vista de la Embajada de España en La Habana, había bromeado: “Me gusta comer aquí y soñar con una bazuka”.
ETA o los “radicales vascos” tiene una estrategia intelectual que le da sentido a su ingreso en las instituciones educativas cubanas. Un condiscípulo, de ETA casi con seguridad, defendió una tesis en la Facultad de Filosofía e Historia rebajando el papel del Rey en la transición española. A Ión de la Riva Guzmán de Frutos, quien aún no era diplomático español acreditado en La Habana, lo llamaron a contar al otro día que entramos a una buhardilla en la Playa de Marianao que se hacía llamar “Casa de la Cultura Vasca”. A Ión, de origen vasco, le dijeron: “¿Qué hacían ustedes ayer en la casa de ETA?” De verdad de verdad: Ión quería aprender euskera.
Tal vez la funcionaria del MINREX Josefina Vidal Ferreiro tenga razón: Cuba no apoya el terrorismo. Se trata de un problema de lenguaje. Quizás haya que hacerle convenir que lo que las demás personas llaman así, terrorismo, es lo que en Cuba se nombra “revolución”, “pobres del mundo”, “humanidad”… A lo mejor así nos entendemos: “Cuba es un país que apoya la lucha contra el catarro mundial”. Por eso hay que controlarlo.


