El jelengue de Posada y el avión (3)
Arnaldo M. Fernández
El alegato de que la conspiración para volar el DC-8 de Cubana de Aviación se originó en Ciudad México, donde agentes de la inteligencia castrista habrían pagado 18 mil dólares a Ricardo «El Mono» Morales para llevarla adelante, no tiene otra fuente primaria que aquella revelada por Posada en entrevista para The Miami Herald (mayo 17, 2005): un espía suyo dentro de la embajada de Castro en Caracas.
En los rejuegos complejos y complicados de inteligencia humana (HUMINT) y contra-inteligencia (CI) hay que hilar fino. El bando en contra de Posada espulga documentos desclasificados de la CIA y el FBI para encontrar «informantes» que dicen haber visto u oído cosas incriminatorias. Aquí salta enseguida la duda razonable: no se sabe a ciencia cierta quiénes fueron esos «informantes» y si estaban informando o desinformando. Amén de que lo soplado al FBI o la CIA, a la Dirección General de Inteligencia (DGI) castrista o a la madre de los tomates, dista mucho de arraigar como verdadero por haberse transcrito a un papel con membrete institucional.
Por encima de estas prevenciones pasan también quienes militan en el bando a favor de Posada. Han llegado a plantear hasta que fue exonerado por el FBI, ya que uno de sus agentes especiales, Michael S. Foster, anotó de pasada (febrero 2, 1992) en el curso del interrogatorio a Posada sobre el escándalo Irán-Contras que he was not responsible for the downing of the Cuban airliner, as he was accused. Esas líneas jamás podrán tragarse como criterio institucional del FBI.
-Ilustración: Ángel Delgado, Sin título (1999)

