El tema de nuestro tiempo
De una sola cosa se discute hoy sobre Cuba: acerca de la legitimidad moral que asiste a un hablante para decir lo que está diciendo en un momento determinado.
Es lo que se reclama a Yoani, por ejemplo, quien no podría hablar de la censura en Internet porque ella la usa; o de la pobreza de los agro mercados cubanos porque ella merece premios en dólares. Es lo que se decía a Payá por no haber estado preso, a Arenas por haber singado en Guanabo o a Vladimiro por saber controlar un Mig.
Esto se sabe, es cierto, pero lo que no se dice es que esa misma centricidad moral no obedece a otra falta ética sino a una pobreza intelectual arrastrada durante más de dos siglos por un país neuroparalítico. Dilecta de otros valores, la nación cubana ha cuajado una escala axiológica donde el pensamiento carece de prestigio social. Al cubano le cuelga una dendrita entre las piernas y tiene un cojón en la cabeza.

