Intercambio académico: Por lo menos que cambien de heraldo
Si alguna duda tenía acerca de la utilidad del intercambio académico con Cuba, esta desapareció hace un par de días cuando el sabio cubano Carmelo Mesa Lago, con residencia universitaria este otoño en New Orleans, me regaló una lección acerca de la historia de las relaciones con especialistas de dentro de la isla, y de lo que ellos han logrado en este asunto al interior del gremio de los economistas. Me refiero a logros científicos, no políticos.
Comparto, entonces, la idea de los intercambios. Y de hecho los practico con intensidad, aunque no viaje. Precisamente por eso no entiendo por qué, si lo que se desea es incrementar el libre flujo de ideas entre cubanos, y la confianza en el mismo, se escoge como heraldo y símbolo del proceso a una figura tan “quemada” y sospechosa como Rafael Hernández. ¿Acaso en Cuba no hay caras más frescas? ¿No existen allá intelectuales con menos evidencia de estar plegados a la línea más complaciente con el aparato ideológico del partido que este editor tan “adecuado”?.
Cualquiera de sus antiguos colegas puede ser un mejor interlocutor para estas jornadas. Aunque, en sentido estricto, el problema de Rafael Hernández como “embajador” del diálogo epistémico no tiene que ver con su filiación política ni con su persona. El asunto es su recurrente falta de energía crítica para considerar su método; más una manifiesta contradicción entre su capacidad conspirativa, cada vez más ardua, y su autenticidad discursiva, cada vez más débil.
Rafael Hernández lleva más de dos décadas garantizando a intelectuales (honestos pero ingenuos) de este exilio (de EEUU en general) que en Cuba hay espacios de libertad que no pasan por el ámbito oficial; que en la isla suceden “cosas” al margen de los Castro, y que él, y una supuesta intelectualidad que se congrega alrededor de la Revista Temas son elementos (opciones) potencialmente reformistas dentro del sistema.
Curiosa falacia pues en verdad la mejor oportunidad que esa generación de “intelectuales orgánicos” del castrismo tuvo para demostrar capacidad reformista no es cosa del futuro sino del pasado (reciente). Tuvo que ver con la llegada del economista José Luis Rodríguez a la dirección de la economía cubana y la ubicación pertinente de muchos otros. Si entonces no lo hicieron, pues ahora harán menos. Hernández sabe bien que José Ramón Balaguer y Machado Ventura, que dirigen “la perestroika de cuadros”, fueron el azote del CEA.
Lo que uno espera de Rafael Hernández no es un consuelo libertario, que por demás no pasa por sus manos, ni por la “representatividad” de su falso liderato en Temas; lo esencial en su aporte sería la revisión autocrítica de su método, el esclarecimiento del por qué de todos los errores científicos contenidos en los reiterados diagnósticos y pronósticos fallidos acerca de la situación cubana. Es lo mismo, por cierto, que hemos pedido, al parecer en un diálogo de sordos, a otros profesores como Jaime Suchlicki y Brian Latell: ¿qué es lo que falla científicamente que no atinamos con Cuba?.
La edición de la Revista Temas, sin la fianza de este ejercicio intelectual, es apenas una carta de presentación en circuitos de simpatía académica que le permiten viajar y, de paso, sustituir en el intercambio a jóvenes menos enturbiados por la historia intelectual de estas últimas décadas que él. Por demás, y para referir solo una insuficiencia, Temas ni siquiera tiene habilitados en internet los ensayos que han sido premiados en su concurso y que podrían hablar, entonces sí, de la presencia de un “nuevo” pensamiento.
Este clandestinaje gnoseológico en que ha terminado el “intercambio académico” al estilo de Rafael Hernández, no ayuda mucho al saneamiento cultural cubano. Los viajes de Hernández, por constantes, son ya parte de eso caduco que muchos académicos honrados dicen querer superar.
-Pablo Alfonso sobre visita de RH a Miami
-Juan Tamayo sobre visita de RH a Miami
-FOTO: Rafael Hernández: Pedro Portal/ENH


