Miami/Cuba: Plattismo y transplattismo
El debate sobre el “plattismo” se ha (re)actualizado en Miami; ahora a raíz de que el Gobernador de New Mexico parece haber enrolado a un grupo de prominentes personalidades del exilio en un diálogo con el gobierno cubano. Llamémosle así.
Lo curioso es que ambos grupos, el que apoya y el que critica la propuesta de Mr. Richardson, coinciden en la calidad y jerarquía de su escala moral, pues consideran que, en efecto, ser plattista es una cosa muy mala.
El plattismo es solo otro nombre despectivo para rebajar una situación de hecho en la historia cubana. Una condición que deriva de la incorporación de una enmienda del legislativo de EEUU a la Constitución cubana de 1901 en calidad de apéndice. Ejercicio aprobado por los legisladores cubanos de entonces. Desde hace décadas la palabra plattismo expresa el deseo de los políticos cubanos de gobernarse a su antojo; llamando por demás a ese capricho “independentismo” o “soberanía”.
Sin embargo, el deseo de que la política cubana transcurra por un cauce independiente del que usa la política norteamericana no se ha logrado nunca. Como tantas otras cosas, se trata de una ficción que más bien pertenece al área de la norma que de la realidad.
Pero si el plattismo hablaba de la participación de la política norteamericana en el diseño de la política nacional, el transplattismo señala que la política cubana en los EEUU no es más que un subproducto de la misma política federal. La prueba: Revise Ud. la lista de aquellos que corren junto a Mr. Richardson; revise después la lista de los que se oponen. Cuando lea los nombres verá que parece un calco de un archivo de los partidos Demócrata y Republicanos, cada uno por su lado. Las listas, monótonas y previsibles, se repetirán si se habla del concierto de Juanes, de la venta de uniformes del Team Cuba en la Tienda de los Marlins o si se discute quién es el mejor futbolista de la historia: Maradona o Pelé. Reciclar la agenda, a eso se reduce casi todo.
-FOTO: Senado de EEUU


