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Doctrina Estrada-Doctrina Monroe

Enviado por en julio 31, 2009 – 0:01 am
Alfredo Gómez Llorens
Un cuadro esquemático de la situación política de America Latina en la actualidad podría ser el siguiente.
1-Estado dictatorial comunista.
Cuba.
2-Estados populistas autoritarios.
Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador.
3-Estados populistas de izquierda democráticos.
Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, Salvador, Guatemala, República Dominicana.
4-Estados de tipo neoliberal.
Colombia, Perú, México, Costa Rica, Panamá, Honduras.
Los Estados neoliberales se encuentran bajo asedio de los grupos 1 y 2 y la indiferencia cómplice en muchos casos del grupo 3. Los que más acosados se encuentran en estos momentos son: Honduras, Colombia y Perú.
Dentro del grupo 3 hay democracias débiles donde existen fuertes tendencias a moverse hacia el grupo de los Estados autoritarios. El mensaje que está enviando el actual gobierno norteamericano a través de su Departamento de Estado hacia Latinoamérica es un poco equívoco ya que lo hace en nombre de la democracia, causando cierto estupor en el caso hondureño. “No vamos a apoyar ningún movimiento que trate de frenar un desplazamiento de algún país hacia el grupo de populismos autoritarios. No vamos a apoyar la defensa de las democracias de tipo neoliberal en la region”.
¿Acaso eso significa que EEUU esté retirándose del continente? Yo creo más bien que hay que darle otro tipo de lectura, ya que EEUU está comenzando una nueva ola de injerencia en Latinoamérica luego de años de neutralidad negligente. En nombre de la democracia EEUU está apoyando la destrucción de la misma democracia al sur del Río Grande, en busca de una estabilidad que se la garantizarían nuevos y extraños aliados como Hugo Chávez. En definitiva, EEUU convivió perfectamente con regímenes autoritarios y dictatoriales diseminados por toda la región durante las décadas de 1960 y 1970 sin ningún problema, y nada afectó su seguridad, al contrario.
Después de la Segunda Guerra Mundial, EEUU alentó y promovió una oleada de democratización en todo el Hemisferio como parte de una política exterior de contención de la expansión comunista a comienzos de la Guerra Fría.
Una ola de democracia fue barriendo a dictadores y hombres fuertes que hasta el día anterior habían gozado de la confianza y la amistad de los gobiernos norteamericanos.
Jorge Ubico en Guatemala, Maximiliano Hernández en El Salvador, Carias Andino en Honduras, Calderón Guardia en Costa Rica, Fulgencio Batista en Cuba, Rojas Pinilla en Colombia, Pérez Jiménez en Venezuela, Manuel Odria en Perú, Ibáñez del Campo en Chile, Trujillo en República Dominicana, Perón en Argentina, Getulio Vargas en Brasil.
Una nueva generación de líderes democráticos llegaban al poder en sus respectivos países; Rómulo Betancourt, Villeda Morales, José Figueres, Fernando Belaúnde y Velazco Ibarra, Alberto LLeras Camargo, Arturo Frondizi, Juscelino Kubitschek, etc.
El triunfo de Fidel Castro en Cuba y su alineación con la URSS cambió completamente el panorama, y en nombre de la democracia, EEUU comenzó a alentar y promover una nueva oleada antidemocrática fundamentada en la doctrina de la Seguridad Nacional. Ola tras ola de golpes de Estado barrieron la democracia en la región y en muchos casos sirvieron de valladar a la expansión del castrismo.
La Crisis de la Deuda y el fin de la Guerra Fría volvieron a iniciar un nuevo movimiento hacia la democracia. Los militares fueron entregando el poder a civiles electos democráticamente alentados por EEUU, implantándose reformas de tipo neoliberal para salir del estancamiento económico. Volvía una marejada de democracia en el mundo, no solo en Latinoamérica, que hizo pensar a muchos teóricos de las Ciencias Sociales, que la Democracia Liberal había triunfado definitivamente en el mundo y que había llegado el “Fin de la Historia”.
Los modelos neoliberales en América Latina no cumplieron las expectativas por toda una serie de razones complejas, y a fines de los 90 una nueva oleada de populismo comenzaba a moverse en el Hemisferio mientras las reformas neoliberales entraban en retroceso en muchos países. La tradición autoritaria latinoamericana volvía a aflorar, pero esta vez no era alentada por los EEUU directamente sino de una manera indirecta por lo que constituyó una retirada negligente; una especie de no intervencionismo. El resultado político ha sido el panorama que esbozamos al principio.
EEUU aparentemente está cambiando de política hacia América Latina desde la cumbre de Trinidad Tobago y comienza una nueva era de intervencionismo apoyando el autoritarismo al cual busca domesticar en aras de la estabilidad necesaria en su traspatio para enfrentar problemas que ellos calculan más importantes para la seguridad de los EEUU.
La Doctrina Estrada que definió la práctica mexicana en política exterior entre 1930 y 2000 planteaba que reconocer o dejar de reconocer a un Estado, cualquiera que fuera el régimen imperante era una foma de injerencia inaceptable y humillante, y México lo que se reservaba el derecho de mantener o no una legación diplomatica. La Doctrina Monroe, en la práctica siempre llevaba implícito el derecho de injerencia de los EEUU en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Las administraciones Clinton y Bush, practicaron hasta cierto punto una Doctrina Estrada, pero la administración Obama vuelve por los fueros de la Doctrina Monroe, aliándose con los enemigos de la democracia con una retórica de defensa de la democracia. Los que pagan los platos rotos son los pueblos de América, y después nos preguntamos: ¿por qué nos odian?.
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-FOTO: El autor, Dr. Alfredo Gómez Llorens.
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